La amargura ruin

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La amargura ruin


Lectura: Efesios 4:30-32

“…no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.” Hebreos 12:15

La amargura es un pecado que se disfraza de hipocresía. Es difícil que un hermano admita que la amargura ha echado raíces en su vida. Los que padecen de este fuego abrasador se desvían de los propósitos de Dios, juzgan implacablemente a los demás y no duermen con la placidez y la seguridad que ofrece el gozo del perdón. Pablo exhortaba: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritera y maledicencia, y toda malicia.” (Efesios 4:31)

Margarita cantaba y comenzó a hacerlo en su iglesia. Su vida espiritual parecía saludable. Entonces vino la prueba. De cantar tan alto inflamaron sus cuerdas vocales y le fue indicado reposo absoluto de voz por dos meses. Alguien propuso a Lucía para sustituirla temporalmente. Lucía no sólo tenía cara de Ángel, sino que su voz parecía venida del cielo. Había estado sentada en los bancos de la iglesia con ganas de servir, pero decía humildemente no tener los dones de su hermana enferma. Pronto Lucía cautivó el corazón de la congregación por su voz celestial y su manera de ministrar al pueblo de Dios cada domingo. Y llegaron los celos y amargura de la enferma. Subió a la plataforma para seguir cantando, regresando a Lucía al banco de la tristeza.

Fin de la historia: Margarita perdió la voz para siempre y Lucía, quien perdonó a su hermana sin rencores ni bullas, dirige hoy un ministerio coral muy bendecido por Dios.

Faustino J. Zamora V., Cuba

Que el celo sea por la casa del Señor, no por los dones de tu hermano

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