Las peores prisiones

Job – 1
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Juan Jacobo Rousseau
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Las peores prisiones


Lectura: Hechos 8:4-25

“En hiel de amargura y en prisión…” v.23

En el ministerio carcelario hemos conocido muchas prisiones físicas, pero las peores son las espirituales; en las prisiones físicas caen delincuentes y algunos inocentes, pero en las espirituales podemos caer todos. Dejar llenar nuestro corazón de amargura, resentimiento y dolor es quedar preso del odio y la venganza, las cuales producen hiel de amargura, nada podremos disfrutar, porque nuestros logros serán minimizados por nosotros mismos.

El poema “Desiderata” nos dice que siempre habrá personas más pequeñas y más grandes que nosotros, por lo cual no debemos compararnos con los demás.

El no disfrutar de un atardecer, de una cena, de una reunión familiar, del simple regreso a casa, del beso de bienvenida de la pareja, el abrazo de nuestros hijos, del trabajo, denota que estamos aprisionados; sacar la hiel, acabará con la amargura, el resentimiento mata las ganas de vivir y de disfrutar, causa enfermedades y nos impide amarnos y amar a los demás, no podemos agradecer ni ver las bendiciones de nuestro Dios. La solución es perdonar nuestros errores y los de los demás, vivir felices con lo que somos, con lo que tenemos.

Estar agradecidos, es la mejor medicina para ser libres de la prisión de hiel de amargura. Cuando he probado algo amargo, lo que me lleve a la boca por dulce que sea me sabe mal; la vida es bella y adquiere una dimensión desconocida cuando entregamos nuestros afanes y deseos a Dios, es la única manera de tener vida y vida en abundancia. Ser feliz para el hombre es imposible, pero para Dios, todo es posible. “Confía en Dios”.

Mario Gil Gómez, Colombia

No busque la perfección, busca mejorar cada día
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