Hombres y mujeres como Dios manda

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Hombres y mujeres como Dios manda

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Parte 4:

La nueva versión del instructivo de educación sexual para docentes de educación inicial y primaria está cosechando resistencias desde diversos frentes sociales, políticos y religiosos.

Esta propuesta didáctica para el abordaje de la educación sexual, que se dio a conocer en el presente año 2017, tiene como antecedente de igual naturaleza, a la Guía sobre diversidad sexual del año 2014, elaborada por el Mides con la colaboración del colectivo Ovejas Negras, la que fue retirada luego de generar una fuerte polémica social.

En sus primeros párrafos la nueva guía establece:

“Este material es producto del esfuerzo en conjunto del Consejo de Educación Inicial y Primaria, la organización de la sociedad civil Gurises Unidos y el Fondo de Población de las Naciones Unidas.”

Aquí nos preguntamos: ¿por qué las familias (madres, padres, abuelos) de nuestro país no estuvieron representadas en la elaboración de este documento que concierne a la educación de sus hijos?

¿Acaso la opinión de una institución social, del propio Estado o de un organismo internacional tendrían mayor peso en la formación de los hijos que la de sus propios padres? Rotundamente entendemos que no.

Entrando en materia, la Nueva Guía define:

El sexo refiere a las características y diferencias genéticas, hormonales y anatómicas que distinguen al espectro de humanos en machos, hembras e intersexuales. Esta definición se encuentra actualmente en discusión, ya que han surgido corrientes de pensamiento que también conciben al sexo como una construcción social.

Ante tal planteo, consideramos que si el sexo alude a las características físicas, orgánicas, anatómicas de los seres humanos no puede ser una construcción social. Al nacer ya somos portadores de una conformación física propia, de varón o de mujer, determinada en nuestro ADN.

El texto continúa:

“El cuerpo en tanto construcción cultural refleja aspectos biológicos y sociales, así como determinadas valoraciones, producto de un determinado tiempo histórico.

Tal afirmación nos parece desatinada. El cuerpo no puede ser una construcción cultural si nos viene pre-determinado al nacer.

Al respecto, recordamos el caso de un varón que se operó para volverse transexual y luego pidió anular o revertir tal operación convencido que cada célula de su cuerpo correspondía a un masculino. “Aunque me lo transformaron en cuerpo de mujer, igual transpiro como un hombre”, decía.

Continúa la Guía: “En cada contexto histórico y cultural se construyen modelos hegemónicos de masculinidad y feminidad. Mientras el sexo se encuentra determinado biológicamente, el género refiere a la construcción social y cultural de los atributos, roles e identidades esperadas y asignadas a las personas en función de su sexo. Por tanto, en la medida que es construido social y culturalmente, es plausible de ser re-inventado, de-construido, modificado y redefinido por la propia cultura.”

Corresponde admitir que el papel o el rol que socialmente “debe” desempeñar el varón o la dama varía de sociedad en sociedad, siendo afectado por la cultura y muy a menudo manipulado por quienes pretenden detentar poder sobre el sexo opuesto.

Sin duda que los varones pueden lavar platos y cambiar pañales y las mujeres ser buenas comerciantes, profesionales, etc.

Pero por designio divino, sólo la mujer puede procrear. Sólo a ella la equipó la naturaleza con una sensibilidad exquisita, que la capacita para acoger a un bebé e intuir sus mínimas necesidades, etc.

A su vez, sólo al varón dotó Dios de un psiquismo  firme, menos sujeto a los vaivenes de las emociones,  apto para proteger, liderar y amparar a los suyos.

Por esto varones y mujeres son complementarios, por esto se necesitan.

Está bien que las niñas jueguen a las muñecas ya que mañana tendrán el privilegio de engendrar hijos. Pero también corresponde que jueguen a ser comerciantes, productoras, investigadoras, o administradoras de empresas, para su desarrollo integral como personas en la sociedad.

A su vez, ningún drama con que los niños sigan jugando al futbol, u otros juegos de poder, mientras también aprendan de cocina, cuidado del hogar, o cómo pegar un botón.

En el texto bíblico, en Proverbios 31, se presenta una descripción de una mujer reconocida como “ejemplar”,  la cual desarrollaba todo su potencial sin invadir ni menoscabar la masculinidad de su marido. Criaba hijos, cuidaba afectuosamente de los suyos y del hogar, comerciaba, ejercía autoridad social, operaba en la esfera privada del hogar y también en lo público.

Con el devenir de la historia de la humanidad, en diversas sociedades la mujer acabó restringida al ámbito hogareño, a veces sin permiso para salir a trabajar o estudiar y en dependencia económica absoluta de su esposo. Pero tenemos claro que ese no era el plan original, ya que Dios dotó a la mujer de un cerebro con igual potencial de desarrollo que al varón.

Bastaría con el retorno y apego al texto bíblico para corregir los estereotipos de género abusivos que la cultura ha desarrollado.

Respecto a la diversidad sexual la Guía “Alude a las diferentes formas de vivir, sentir, ejercer y expresar la sexualidad. Incluye las diversas formas de orientar el deseo erótico afectivo (hacia personas del mismo sexo, del otro o de ambos), así como las diferentes maneras de sentirse e identificarse respecto al cuerpo, género y sexualidad.”

Este planteo es altamente discordante para las familias que profesan fe cristiana y no debería ser impuesto por la fuerza a sus hijos. La Biblia preceptúa que el deseo erótico sexual debe orientarse siempre hacia el sexo opuesto (y entre adultos, por supuesto).

Cualquier otra opción es inadmisible para Dios:

“En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza.  Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión.” Romanos 1:26, 27 (La Biblia).

Otra definición polémica de la Guía es la siguiente:

La orientación sexual “está referida a la preferencia de cada persona para establecer vínculos erótico-genitales”. No es una opción de carácter personal que se realice de forma racional ni consciente, sino que es producto de la historia de cada sujeto, de procesos psico-sexuales y afectivos por los que haya transitado. Supone un proceso dinámico que puede modificarse y variar con el tiempo.

Nos parece que aquí se pretende naturalizar cualquier inclinación sexual. Creemos que en la esfera humana toda conducta debe realizarse de forma racional y consciente pues somos seres pensantes y no animales guiados por el instinto. Debemos aplicar la razón y la conciencia en todo: al comer, vestirnos, descansar, elegir la pareja, vincularnos sexualmente, etc. Y nuestras preferencias deben someterse a alguna escala de valores. De lo contrario, la civilización humana entraría en un caos ético.

Aunque nuestra historia personal, sin dudas nos marca, la orientación sexual debe ser guiada y educada según los valores de nuestra familia, comunidad o preceptos que nosotros hayamos elegido como rectores de nuestra existencia.

En otro párrafo la Guía afirma lo siguiente:

La escuela es el ámbito privilegiado para problematizar las diferentes creencias que poseen los niños y niñas acerca de la sexualidad, su cuerpo, la reproducción, en tanto brinda información oportuna y científicamente validada.

Nosotros creemos que el ámbito privilegiado por excelencia es la familia pues allí se integrarán el afecto y los valores con que se desea formar integralmente al niño. La escuela solo debería oficiar como un buen auxiliar de la familia en la materia.

He aquí otro párrafo polémico:

Al ingresar a la escuela, comienza el denominado período de latencia, según lo planteado por Freud el interés de los niños y niñas se centrará fundamentalmente en el aprendizaje y en el vínculo con sus pares, si bien sigue presente el interés por el cuerpo. El concepto de latencia se encuentra actualmente en discusión ya que en ese período aparecen diversas conductas sexuales, existen comportamientos de exploración del cuerpo, de búsqueda de contacto con los pares, así como experiencias de excitación sexual que están presentes en esta etapa. Si consideramos que la sexualidad adulta es exhibida en los medios gráficos y en los audiovisuales (televisión, internet, etc.) los niños y niñas no permanecen ajenos a estas manifestaciones y estímulos, generándose a partir de ellos interpretaciones, preguntas y fantasías en torno a la sexualidad.

 

A esto contestamos que cuestionar la latencia es ir contra la naturaleza. El niño en edad escolar se preocupa por socializar, jugar y adquirir conocimientos curriculares. Si la creciente “erotización” de la cultura le despierta al niño fantasías sexuales tempranas, habrá que trabajar para modificar la cultura. Sería absurdo dar vía libre o promover que un niño realice sus fantasías sexuales inducidas por la cultura, cuando aún no está maduro ni física ni emocionalmente para hacerlo.

Respecto a las familias, la Guía dice:

Las familias en tanto construcción social e histórica han ido variando a lo largo del tiempo, tanto a nivel estructural (cómo están compuestas, quiénes las integran) como en su dinámica y funciones. Éstas transformaciones inciden en sus características internas, en los diferentes roles y en su organización, destacándose también en el último tiempo los cambios a nivel legislativo.

…nuevas configuraciones y arreglos familiares … se verán reflejados en los centros educativos (ej. dos mamás, dos papás, una mamá trans, un papá trans, un papá solo, una mamá sola, etc.).

 

Frente a lo expuesto, expresamos que la familia humana es construcción divina, no social ni histórica. Así lo consigna el relato bíblico mostrando que la primer familia humana fue anterior a la conformación de una sociedad.

Respetamos las nuevas “configuraciones y arreglos familiares” pero entendemos que no logran satisfacer plenamente las necesidades psíquicas de los niños que allí se críen.

La estrategia empleada en la argumentación planteada en esta Guía parece consistir en pasar a la categoría de “construcción social” a la sexualidad, al sexo, la familia y definir al cuerpo humano como una “construcción cultural”, para sentirse luego libres de poder “de-construirlo” todo y redefinirlo en consonancia  con la ideología de género y la política oficial en materia de derechos sexuales y reproductivos (aborto, matrimonio igualitario, etc.).

En el enfoque de la sexualidad promovido en “clave de derechos”, las conductas de relación sexual aparecen disociadas del afecto y compromiso amoroso permanente y no toman en consideración el daño psico-emocional que genera la intimidad sexual casual.

Por esto abogamos para que se reconozca el derecho de cada familia de formar a sus hijos respecto a la sexualidad, ateniéndose a las pautas fijadas por la naturaleza y por el Creador de la raza humana; una sexualidad puesta al servicio del amor y ejercida con responsabilidad, asumiendo compromisos de fidelidad y entrega (símbolos del amor verdadero).


*Ps. Graciela Gares
– Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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