El colapso evangélico – 3

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El colapso evangélico – 3


Por: Dr. Álvaro Pandiani

Vamos a retomar hoy los comentarios al artículo del escritor y comunicador Michael Spencer El próximo colapso evangélico. Una vez concluido el segmento donde brinda las causas que, en su opinión, amenazan provocar la caída del movimiento del cristianismo evangélico en su conjunto, inicia la siguiente sección preguntándose: ¿Qué quedará?

En primer lugar nos dice: espere que el evangelicalismo se  parezca más a las mega-iglesias orientadas a lo pragmático, lo terapéutico, y al igle-crecimiento que han definido lo que actualmente se entiende como éxito ministerial. Aquí el autor postula una evolución de las Iglesias Evangélicas hacia un paisaje en el que las iglesias con gran número de miembros sigan creciendo, y las pequeñas congregaciones se vayan desangrando por el flujo de feligreses hacia las grandes, que seguirán creciendo por dicho aflujo de cristianos desde otras iglesias (más que por el evangelismo que gana almas entre los perdidos). El fenómeno de las mega-iglesias ya está instalado en la región, y también aquí en Uruguay, aunque quizás no sean tan numerosas como en otros lugares. Ahora bien, ¿por qué esta clase de iglesias resultan atractivas para los creyentes de otras congregaciones? Michael Spencer ofrece algunas pautas. En primer lugar, él dice que estas mega-iglesias estarán orientadas a lo “pragmático”. ¿Qué debemos entender por tal? Básicamente, lo pragmático es lo práctico, lo que se enfoca en la acción, sin detenerse en la especulación, la teoría y la reflexión. En filosofía, brevemente para no entrar en áreas tediosas, el pragmatismo “fue un método filosófico optimista que… acentuaba lo incompleto de la vida y lo relativo de la moral, y ponía su confianza en el método científico para la cura de todos los aspectos de la vida” (Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe, Nashville, TN. 1989. Pág. 861). ¿Puede extraerse algo de esta jerga exclusiva para filósofos? ¿Podemos ser pragmáticos, y extraer algo en limpio en cuanto al carácter pragmático del fenómeno de las mega-iglesias? Creo que de inmediato destacan elementos como optimismo, acción, y confianza en la cura de todos los aspectos de la vida. En este contexto, el pragmatismo de las mega-iglesias no pondría su confianza en el método científico, sino en Cristo, y eso es un punto a su favor; pero su prédica estaría teñida de un optimismo a ultranza, una oferta de soluciones rápida y fácilmente accesibles para todos los problemas que aquejan al ser humano. Expresiones como “Si no se arrepienten, todos perecerán igualmente” (Lucas 13:5), “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22), o “Si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pedro 4:16), en general no forman parte del discurso de estos grandes ministerios; dicho discurso solo se compone de afirmaciones y promesas positivas, de gratificaciones sin demora, y por lo tanto se ajusta muy bien a las personalidades posmodernas, que buscan sentir y experimentar más que pensar y reflexionar, y cuya búsqueda de espiritualidad persigue complacer el yo sin afrontar responsabilidades, ni mucho menos reconocer y expiar culpas.

Vinculado a lo anterior podemos reconocer la alusión a “lo terapéutico”. Digamos en primer lugar que no vamos a desconocer que la iglesia como comunidad de creyentes unidos por una misma fe y propósito tiene un gran valor como grupo terapéutico en aspectos psicológicos y existenciales. Pero la mencionada oferta de soluciones rápidas, sino inmediatas, para absolutamente todos los problemas del ser humano, sean estos físicos o de salud, mentales y psicológicos, espirituales profundos, familiares, económicos, o de otro tipo, fenómeno ya presente en mayor o menor medida en nuestras iglesias aquí en Uruguay, en primer lugar desconoce o pospone el propósito de Dios para desarrollar el plan de salvación mediante Jesucristo: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16); “el fin de vuestra fe… es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1:9). El propósito de Dios es la salvación eterna del género humano de la perdición y condenación merecidas por el pecado y la rebelión contra Él; todos los demás beneficios que la fe en Jesucristo trae al creyente son subsidiarios de la salvación de su alma. Segundo, el hecho de priorizar los beneficios inmediatos bien podría representar una descomposición de la predicación evangélica, diluir el mensaje frontal y enérgico de Cristo, amén de una mercantilizar la fe; esto apunta hacia el siguiente aspecto mencionado por Spencer: el igle-crecimiento.

El igle-crecimiento es un tema que ha merecido varios libros desde hace varias décadas.  El énfasis en el igle-crecimiento ha llevado a muchas iglesias a transformarse en mega-iglesias, y muchas mega-iglesias continúan poniendo ese énfasis para seguir creciendo. Esto también ocurre entre nosotros. El aspecto positivo de la doctrina del igle-crecimiento es que la entrada masiva de nuevos creyentes en las congregaciones implicaría un aumento masivo del número de “salvos” que habrían pasado de muerte a vida por la gracia de Jesús, y un aumento masivo del número de cristianos que van por el mundo dando testimonio del Señor; esto, si dichos “nuevos creyentes” verdaderamente se han convertido a Cristo. El aspecto negativo es, justamente, que la entrada masiva de personas a las iglesias no asegura ni mucho menos que se trate de un gran aumento de personas que han entendido el evangelio y rendido sus vidas a Jesucristo. Las personas no convertidas que profesan ser cristianas sin serlo de corazón, son una fuente de malos testimonios cuando su naturaleza no redimida aflora, y un dolor de cabeza para la iglesia. Un aspecto negativo subsidiario es mencionado también por Spencer: el éxito ministerial.

Hoy  por hoy, en el cristianismo evangélico, el éxito parece haberse instalado como un sucedáneo o sustituto del concepto tradicional, que aprendimos en nuestra formación cristiana, de la “victoria”. Victoria era mantenerse fiel en medio de la prueba, victoria era resistir la tentación, victoria era desarrollar la obra superando los obstáculos, siempre con los ojos puestos en Jesús. Hoy en día se preconiza el “éxito en Jesús”; éxito en la vida, éxito en la familia, éxito en los negocios, éxito en la iglesia. Y aunque en el idioma español “éxito” y “victoria” puedan tomarse como sinónimos, no parece ser ese el sentido de este cambio en la terminología. En el caso concreto que menciona Spencer, el “éxito ministerial” significa tener una iglesia grande (en cantidad de miembros). En su forma más prosaica, ser un pastor exitoso significa tener muchísima gente cada domingo en la iglesia; tantas, que haya personas de pie en el exterior, al punto de verse obligados a edificar un templo más grande (y si más lujoso, mejor), para que entre cada vez más gente. Siguiendo esta línea de pensamiento, el pastor que los domingos tiene poca gente en su iglesia, es un fracasado. No importa la fidelidad, ni el testimonio intachable, ni que se predique la sana doctrina del evangelio, ni tampoco que se apaciente con amor y dedicación desinteresada a las personas y familias; sino tiene centenares o millares de miembros en su iglesia, el tipo es un fracasado, pues el éxito se mide, según esta aberrante forma de pensar, en número de miembros. Tampoco importa que, salvo casos puntuales como podrían ser los avivamientos históricos, en fe y religión, los movimientos de masas no traen buenos resultados.

Y todo eso, efectivamente, amenaza al cristianismo evangélico con el colapso.

La siguiente afirmación que queremos comentar es bastante sorprendente. El autor dice: dos de los beneficiarios serán las iglesias católica romana y ortodoxa. Los evangélicos han estado entrando en estas iglesias en las últimas décadas y la tendencia continuará, con más esfuerzos encaminados a la “conversión” de los evangélicos a las tradiciones católica y ortodoxa. Quizás aquí debamos hacer una disquisición. El cristianismo protestante de los Estados Unidos estuvo estrechamente vinculado a la formación de esa nación; frente al mismo, el catolicismo romano entró con los inmigrantes europeos (irlandeses, italianos), para servir primero a los grupos que se mantenían unidos por sus nacionalidades de origen, y luego comenzó a ejercer “misión” en una sociedad predominantemente evangélica, pero entre cuyos miembros podía haber distintos grados de alejamiento de las iglesias históricas, en virtud de un creciente proceso de secularización. Nuestra realidad es la inversa; el catolicismo romano fue la religión de las colonias españolas, y dio forma a la cultura de nuestra nación durante sus primeras décadas de vida. Incluso, a casi un siglo del proceso de secularización oficial iniciado aquí por José Batlle y Ordóñez, el catolicismo romano tiene una prominente presencia en el paisaje urbano y cultural, así como una voz autorizada ante la opinión pública. En este contexto, el protestantismo entró primero con los grupos de inmigrantes del norte de Europa (sobre todo alemanes), y luego por el aflujo de misioneros anglosajones que llegaron para evangelizar una población nominalmente católica. En este escenario, con esta situación inversa, si bien puede ser cierto que la Iglesia Católica Romana implemente estrategias en procura de captar nuevamente a los “hermanos separados”, es más probable que, en una sociedad tan secularizada como la nuestra, quienes dejan las iglesias se abandonen a la indiferencia en cuanto a la religión y la fe. Pese a esto podríamos preguntarnos, ¿puede existir algo que atraiga hacia el catolicismo a quienes han estado en el cristianismo evangélico? Aunque los evangélicos pensemos que no, ya que estamos convencidos de que nosotros predicamos la verdadera Palabra de Dios, de que vivimos el auténtico evangelio, y de que en nuestros cultos se mueve el poder de Dios, etc., la Iglesia Católica Romana brinda una imagen de estabilidad y solidez institucional, con un clero enteramente dedicado a su ministerio, templos augustos y solemnes, y un respaldo histórico que ha resistido el paso de los siglos. No muchas denominaciones e iglesias evangélicas ofrecen eso, y aunque creamos que el mundo gana a quienes se van de nuestras iglesias, este es un punto a tener en cuenta.

Más adelante, Spencer nos dice un pequeño grupo trabajará arduamente para rescatar el movimiento de su desaparición a través de la renovación teológica. No obstante, creo que el próximo colapso evangélico no dará lugar a una segunda reforma. Siempre hay un remanente fiel. El autor demuestra otra vez aquí ser no un profeta, sino un atento observador; un observador de la historia bíblica del pueblo de Israel, de la historia de la Iglesia, y también de la realidad actual de las congregaciones cristianas. Siempre hay un resto que permanece leal; leal a Dios, leal a su Palabra, y leal a la sana doctrina, es decir, a la cabal comprensión, asimilación espiritual y vivencia cotidiana del evangelio. Resulta preocupante lo que el autor dice respecto a que este remanente intentará rescatar de su desaparición al cristianismo evangélico; si bien sabemos que la doctrina que se predica en muchas de las iglesias evangélicas se ha enrarecido con agregados de todo tipo, realmente no parecía que estuviéramos tan mal. Una cosa es cierta: la renovación teológica de la cual habla Spencer, entendida como un retorno a la teología bíblica sistematizada en las grandes doctrinas acerca de Dios, de Cristo y el Espíritu Santo, del hombre, el pecado, la iglesia y la escatología, y circunscrito a solo lo que la Santa Biblia dice acerca de estos grandes temas, tal renovación teológica podría constituirse otra vez en la columna vertebral del movimiento evangélico. No es ocioso hablar del retorno a la Biblia, desde el momento que el propio Spencer menciona una segunda reforma. Recordemos que, básicamente, la reforma protestante fue un movimiento de retorno a las enseñanzas bíblicas sobre las doctrinas fundamentales de la fe, como medio indirecto de expurgar la religión cristiana de un formidable cúmulo de herejías y supersticiones que se habían infiltrado al correr de los siglos.

El punto es que el movimiento que nosotros creíamos predicaba en la forma más acendrada, más pura, el evangelio de Jesucristo, el cristianismo evangélico, se ha enrarecido, y bien podría necesitar de ese remanente leal a la Palabra de Dios, que predique y enseñe la Biblia y solo la Biblia, contrastando cada idea o doctrina con lo que las Escrituras dicen, buscando su fundamento divino, o probando su falta de fundamento. Al modo de una segunda reforma. ¿Será tal reforma posible? Michael Spencer, observando el cristianismo evangélico de su país, opina que no. ¿Qué va a pasar con nosotros?

* Dr. Alvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

5 Comments

  1. Carmen dice:

    Una bendicion sus prograrmas del colapso evangelico, por favor pastor Pandiani le agradeceria enormemente poder comunicarme con usted. EL SENOR JESUCRITO LE BENDIGA

  2. carmen dice:

    Impresionante, verdadero, real. No se puede calificar de otra manera; la exposición de este tema no deja realmente conmovidos, es lo que se está viendo y viviendo en las iglesias, yo conocí el Evangelio hace 41 años cuando no existían hombres tan preparados en conocimiento de las escrituras, porque todo era difícil de comprar o conseguir, pero nos enseñaban a tener temos, compromiso y sumisión a las Escrituras y sobre todo al Señór, donde el servicio a Dios se hacía con reverencia , con amor, con excelencia. Ahora carecemos de estos valores en las iglesias.
    Gracias pastor por este tema tan bien llevado que nos hace vibrar con celo por renovarnos en la fe , el amor y el gozo por El y su Palabra. Dios le bendiga y llene de su gracia cada día.

  3. Martin dice:

    Gracias por este tipo de artículos donde se habla de este tipo de asunto con trasparencia pues es necesario que la iglesia lo tome en cuenta que el señor los bendiga

  4. El Observador dice:

    ALERTA – el mensaje de Rodolfo es tipo SPAM, está en decenas de sitios cristianos, en muchos ha sido borrado cosa que por moderación recomiendo al masterweb, Porque.- Es de una autoría SocialNacionalista, y si existe Rodolfo, como parónimo del racista Adolfo hitler – que contradictoriamente mando salir de la Iglesia a los Judíos y terminaba retirando todo aquel que tuviera gota de sangre judía (Ya sabemos QUIEN salió antes que redactara su mandato) – ha empezado a desacreditar al Apóstol Pablo y sus Epístolas (fariseo de fariseos, que confesó “pues ya no vivo Yo, mas vive Cristo en mi”), luego supongo seguirá Juan y Otros, con su segregación pretende un mesías totalmente Humanizado y hasta con uniforme que cambie la sociedad aquí y ahora por la voluntad del hombre que llama trascendencia humana. No acepta LA GRACIA, y si la Voluntad de Dios fue que su Hijo se hiciera hombre para que pagará y cargara con nuestros pecados no fue para conseguir alguna absurda perfección, sino por puro AMOR. Pretende ignorar la vida Espiritual, la Tribulación, la nación de los 144,000 y los siete testigos, y la propia ascendencia de Jesús de Nazaret nuestro Señor. Que el padre de la mentira no nos confunda con la aparente relación que tendría este SPAM con el interesante tema que estamos tratando.

  5. Carlos dice:

    Me parece excelente que finalmente se exprese en forma pública un tema que desde hace ya un largo tiempo constituye un secreto a voces y que preocupa y ocupa a muchas personas, no ya en USA sino también en este Uruguay de hoy. Las expresiones del Sr. Michael Spencer no hacen mas que sintetizar lo que rompe los ojos de cualquier desprevenido observador, sea cristiano o no lo sea, por ello requiere una gran cuota de valentía abordar este tema con la objetividad y el desapego emocional con que fue encarado, estoy convencido que es la única forma de hacerlo.

    Existe en la web un artículo muy interesante escrito por el rector del Seminario Reina Valera, Gilbert Abels, quien realiza una exposición muy enriquecedora al respecto y debe leerse con el mejor espíritu constructivo, porque aún cuando allí se digan cosas que pueden ser removedoras, pero si se analizan con profundidad , seriedad y despojado de pasiones, no dejan de ser ciertas. Por ello deseo compartirlo con este foro:

    Estimados, el enfermo que padece gripe primero debe tener un diagnóstico certero , luego debe aceptarlo con humildad y finalmente debe entregarse por entero a su curación, en caso contrario la gripe se puede transformar en pulmonía y luego será tarde.

    Sería muy bueno que en algún momento se tocara el tema de “La industria del Cristianismo” y como algunas personas han generado fortunas enromes a expensas del Evangelio, llegando a crear organizaciones (¿Iglesias?) que se parecen mucho a “multinacionales” de la fe.
    Yo me pregunto: ¿ Falta mucho para que regrese Jesús ?

    Link del rector del Seminario Reina Valera:
    http://lasteologias.wordpress.com/2009/05/06/el-rector-del-seminario-reina-valera-responde-al-articulo-polemico-que-causa-consternacion-alrededor-del-mundo/

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