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El colapso evangélico – 1

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Iniciamos hoy un ciclo en el que nos proponemos comentar el artículo “El próximo colapso evangélico”, del escritor y comunicador estadounidense Michael Spencer.

 
Como consideraciones preliminares debemos adelantar que dicho artículo se refiere fundamentalmente al cristianismo evangélico de Estados Unidos. Este es un dato no menor, pues la mencionada forma de cristianismo está íntimamente entretejida en la cultura estadounidense desde antes incluso de la fundación de esa nación. Como dice Bruce L. Shelley en el artículo Estados Unidos de América: “La conquista de las Américas y el nacimiento del protestantismo fueron sucesos casi contemporáneos. Este hecho ayuda a explicar el predominante carácter protestante del cristianismo norteamericano trasplantado del Viejo Mundo” (Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe, Nashville, TN. 1989. Pág. 409).
 
Tal vez podríamos decir que el vínculo entre el cristianismo evangélico y la sociedad norteamericana es en cierta forma comparable al existente entre el catolicismo romano y las sociedades de los países latinoamericanos, pues de igual manera la forma católica romana de la fe cristiana estuvo presente desde los mismos comienzos del proceso de conquista y colonización de la América española, y caracteriza aún la cultura latinoamericana. Pero el vínculo quizás no sea exactamente equiparable, pues el protestantismo tuvo mucho que ver en la génesis de un concepto particular que guió los esfuerzos para el desarrollo nacional de los norteamericanos durante el siglo 19: el “destino manifiesto”; concepto que llevaría a los ciudadanos estadounidenses la convicción de estar construyendo “una gran nación” (como de hecho hicieron, mal que pese a muchos latinoamericanos, sobre todo a quienes sustentan ideologías de izquierda, por las políticas que Estados Unidos aplicó y aplica en nuestro continente). El historiador cubano Justo L. González nos dice: “en 1845 apareció por primera vez la frase destino manifiesto, que resumía la convicción de los blancos norteamericanos de que su país tenía un propósito asignado por la Divina Providencia de guiar al resto del mundo en los caminos del progreso y la libertad” (Horizontes políticos; en Historia del Cristianismo. Editorial Unilit, Miami. 1994. Pág. 384). Así que, podríamos decir, el protestantismo de los Estados Unidos fungió como el motor de una expansión geográfica, social, e incluso comercial e industrial, y amalgamó a los ciudadanos de esa nación en la búsqueda de un único objetivo, el cual cristalizó en una nación que ocupó una buena parte de América del Norte, y emergió como superpotencia luego de la Segunda Guerra Mundial. No pasó lo mismo con el catolicismo romano en América Latina, el cual no fue capaz de acomodarse y allanar el camino para la concreción del ideal de la unión de los pueblos americanos, que alentaron grandes próceres como Artigas, Bolívar y San Martín; efectivamente, ese ideal fue frustrado por regionalismos exacerbados y nacionalismos preñados de los intereses personales de los caudillos, y la religión católica no tuvo la virtud de superar semejantes discrepancias. Por supuesto que el aspecto religioso no es el único; en Sudamérica tenemos como ejemplo a las antiguas colonias portuguesas transformadas en un gran país, el Brasil, que incluso hoy día es considerado casi una superpotencia emergente. Pese a que tuvieron momentos en su historia en que hubieron de enfrentarse a movimientos separatistas (recordar la revolución de los farrapos, que contó con el apoyo nada menos que del mismísimo Fructuoso Rivera), los brasileños lograron mantener la unidad de su nación, frente a la fragmentación de las antiguas colonias españolas en múltiples países. Una misma  herencia nacional, un idioma y una religión, también la católica, pero además la distinción dada por la ascendencia portuguesa (tradicionalmente enfrentada a los españoles en la conquista y ocupación del Nuevo Mundo) y un idioma diferente al del resto de América, son factores que quizás expliquen el que ellos lograran lo que los criollos españoles no lograron: mantenerse unidos y gestar, con la unidad de los pueblos americanos de las antiguas colonias españolas, una gran potencia.
 
Pero más allá de todo esto no parece haber habido, en el catolicismo romano de las colonias españolas o portuguesas de América, o de las naciones que emergieron tras la emancipación, nada semejante al “destino manifiesto” de los protestantes norteamericanos.
 
En esta misma línea también merecen destacarse dos características del cristianismo protestante que llevó adelante semejante conquista, que lo distinguen del catolicismo romano: el individualismo, y la iniciativa personal.
 
Antes de hablar de individualismo vamos a aclarar que lo haremos desde el punto de vista de la fe cristiana, y de cómo el desarrollo histórico de esa fe y de la misión de la Iglesia miró al individuo y a la comunidad. No vamos a incurrir en una generalización grosera, como sería decir que el catolicismo romano es una religión de masas, mientras el protestantismo lo es de individuos. Sí merece recordarse que, durante varios siglos, el ser cristiano era resultado simple de haber nacido y crecido en, y ser ciudadano de, una nación cristiana. Desde que el cristianismo se transformó en religión oficial del Imperio Romano, y caído ese imperio el cristianismo conquistó a los reinos que lo sucedieron, y conforme avanzaba la Edad Media la Iglesia siguió imponiendo su hegemonía sobre los reinos de Europa, y finalizada la Edad Media, la expansión de los pueblos europeos llevó al cristianismo indisolublemente unido como “religión oficial” de los reinos y virreinatos y colonias que se establecieron, ser natural de tales reinos y por tanto ser súbdito de un monarca cristiano, implicaba ser cristiano. Así, el cristiano quedaba sumido en la masa del pueblo, a la que se impartían las enseñanzas y mandamientos de la Iglesia, que debían observarse como normas civiles, y a la que se administraba los sacramentos. El protestantismo, al priorizar la lectura de la Biblia como exclusiva norma de fe y conducta, rescató entre otras muchas cosas una de las más importantes características del llamado evangélico: la importancia y el valor del individuo. Jesús dijo en reiteradas oportunidades a distintos individuos: “ven, y sígueme”, en singular; sanó en la sinagoga a una mujer encorvada durante dieciocho años, y defendió ante el hipócrita líder de la sinagoga, enojado por la violación del día de reposo, que la vida de esa mujer era más importante que un rito. También impidió la lapidación de la adúltera, y enfrentó a una multitud enardecida demostrando que la vida de la pecadora valía más que el simple cumplimiento de la ley. El protestantismo rescató el valor del individuo, y al hacer esto infundió en los cristianos la noción de su importancia para Dios. Pablo escribió a los corintios: “por tu conocimiento, se perderá el hermano débil por quién Cristo murió” (1 Corintios 8:11). El protestantismo llevó al individuo a pensar: “soy importante para Dios, pues Cristo murió por mí”. Tardíamente el catolicismo también rescató este aspecto fundamental de la fe cristiana; en ese aspecto, el protestantismo fue pionero. La historia de los grandes avivamientos religiosos en la América del Norte durante el siglo 18, en los cuales los predicadores estimulaban a las personas a desarrollar una íntima y estrecha comunión con Dios, lo demuestra.
 
Ese cristianismo protestante, desarraigado de la estructura jerárquica eminentemente verticalista, y casi absolutista, establecida por el catolicismo romano, tuvo otra consecuencia. Si bien es cierto que en el protestantismo hay una estructura jerárquica, con pastores e incluso superintendentes u obispos, esta estructura no tiene la complejidad paralizante que el desarrollo histórico de la jerarquía produjo en el catolicismo romano. También el individualismo, y el estímulo constante dirigido a los fieles de las iglesias evangélicas a desarrollar un vínculo o relación personal con Dios, y por lo tanto a depender directamente de Dios, y no del pastor (salvo cuando los creyentes están dando los primeros pasos), han tenido una consecuencia interesante: los emprendimientos de largo alcance no quedaban detenidos a la espera de una decisión emanada de la jerarquía, sino que dependían de la guía y confirmación de Dios; una guía que el emprendedor en ciernes podía entender le había llegado personalmente de una u otra manera, o vendría luego de iniciar las tareas, mientras trabajaba para la concreción de su proyecto. Esta característica del protestantismo, que constituyó un estímulo para la iniciativa personal, al ser trasladada al ámbito secular pudo haber sido un incentivo para la iniciativa privada en el mundo del trabajo, la industria y los negocios. Otra vez debemos destacar que sería incorrecto decir que tal iniciativa privada no existió en los países de cultura católica, pero sí debe destacarse que lo dicho, en una sociedad imbuida del concepto del “destino manifiesto”, que se expandía y conquistaba un país inmenso y lleno de recursos naturales, devino en el crecimiento económico de una sociedad capitalista y liberal que pese a algunas recesiones, como la  Gran Depresión de 1929 o la crisis del 2008, por mencionar dos, se constituyó en una superpotencia que ejerce una hegemonía económica sobre América Latina, exporta su cultura y su modo de vida, y se vuelve meta y destino de los pobres y desposeídos del tercer mundo, que esperan encontrar en esa tierra “soñada” las oportunidades de progreso que en sus propios países no han encontrado. Aunque parezca increíble, el cristianismo protestante puede reconocerse en la raíz de lo que hoy es Estados Unidos, no solo en lo cultural y religiosa, sino también en lo social, industrial y económico.
 
Esa excesiva identificación del protestantismo con la sociedad norteamericana es lo que puede ser un obstáculo para el avance del cristianismo evangélico en América Latina. También debemos tener en cuenta que ese cristianismo protestante norteamericano sigue ejerciendo un ascendiente sobre los cristianos evangélicos de nuestro continente, conservando un padrinazgo sobre el protestantismo latinoamericano. A tal punto que, si bien han surgido innumerables nombres como referentes de la fe evangélica entre los latinoamericanos, cualquier nombre que surja en los Estados Unidos puede volverse rápidamente un referente para los mismos; a veces, sin profundizar mucho en sus ideas, doctrinas, espiritualidad o testimonio. Esto es solo una observación, que quizás merezca otro debate. Lo cierto es que el tradicional vínculo entre el cristianismo evangélico y la cultura norteamericana ha hecho que, como dijimos, nuestra forma de la fe siga siendo identificada con dicha cultura, cuando no tomada como una forma alternativa de imperialismo cultural. Sin olvidar el enorme agradecimiento que debemos a los hombres y mujeres que dejaron los Estados Unidos de América para venir a evangelizar en los países de habla hispana, la identificación del evangelio con la sociedad estadounidense, ha dificultado a veces la comunicación y ha requerido la adaptación cultural del mensaje.
 
En este ciclo procuraremos hacer algo similar: nos proponemos ver en qué medida las afirmaciones y reflexiones de Michael Spencer sobre el cristianismo evangélico estadounidense se aplican a nuestro cristianismo evangélico autóctono.

* Dr. Alvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

 

9 Comments

  1. Gabriel dice:

    Lo que sería uno de los buques insignia de los EEUU , su moneda , trae consigo una cantidad de símbolos que lejos estàn de la influencia cristiana evangélica y cerca de simbologías propias de otras religiones que hasta nos combaten. Una de sus frases es”Novus Ordo Seclorum”, que se pudiera ligar con asuntos prófeticos bíblicos más no con nuestros deberes cristianos. Hace 48 años el dolar perdió su respaldo en oro sin perder su status de moneda referencia a nivel mundial,lo que hace que EEUU disimule cualquier deficit presupuestario con el solo hecho de emitir más dinero lo que no parece moralmente y éticamente una conducta ejemplar. La población mundial necesitaría 4 planetas si tomaramos el estilo americano como ejemplo, ya que extrema el uso de los límites de los recursos naturales y sus incidencias. Estamos advertidos de la apostasía y noticias que vienen del norte hablan de ellas aún en círculos alto de la iglesia.Sólo la gracia y misericordia del Señor aplaza sus juicios. Trompetas y sellos abiertos laudaran que camino estamos tomando.
    Que no abusemos del amor de nuestro Padre.En el nombre de Jesús,amén.
    Sécase la hierba, marchítase la flor, màs la palabre de Dios permanece para siempre. Isaías 40 8

  2. enrique f. correa dice:

    En mi comentario anterior me faltó la frase final: El Cristianismo ha fallado por que le han faltado personas como Vicente de Paul, Francisco de Asís. Hay dos películas francesas que lo relatan muy bien. No recuerdo los títulos originales, pero sí recuerdo que eran con Pierre Fresnair.
    Y también han faltado personas como Nathanael, el que se enfrentó a David.
    Yo nací en 1935, soy muy viejito. Necesito comprar otra Bibia, que tenga la letra más grande. Voy a hacerlo, voy a releer el Libro de Job. Y voy a ordenar mis ideas para contestarle al amigo que dice que no soy ateo. Un abrazo cordial. Enrique.

    • miguel dice:

      Don Enrique en cierto sentido agradezco que comparta abiertamente sus comentarios. Si nos refiere a Vicente de Paul, infiero que tiene una confesión y redil, que quizá olvidó y modestamente le sugeriría buscar un consejero espiritual en su localidad que tenga correctas credenciales o sea ordenado y esté siguiendo la voluntad del Señor, busque restaurar o abrir la puerta a esa fe que es don de Dios, para que nadie se gloríe, no es voluntad de varón, sino de Dios (Jn1:13) El cristianismo no es sólo amor al prójimo, pues eso también lo hace un hombre bueno pero que lamentablemente No Cree (que Jesús es el Salvador, palabra en los evangelios); Vicente de Paul decía “No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también”, para ello venció su mayor obstáculo al declarar “Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable”. Estas mismas conversiones empezaron con los Apóstoles y los discípulos de Jesucristo como Pablo (nuevo nombre Romano que abandono o apostató del fariseísmo y del nombre Hebreo Saulo) el apóstol de los gentiles, que sirvió a la iglesia del Señor – los del camino-, palabra en las Cartas o Epístolas. Además de leer la Biblia con letra grande bueno es escuchar su lectura hay muy buenos archivos mp3 que permiten seleccionar y escuchar versículo a versículo, aparte de los ya muy bien conocidos estudios Bíblicos. Dios le bendiga.

  3. Amado amigo Enrique: retráete de acercarte así a Dios porque la Palabra de Dios dice que ninguna carne (y nosotros estamos hechos de carne) podrá justificarse ante Él.

    Antes bien, Job pretendía, así como tú, contender contra Dios, y ¿qué le dice Dios? Te animo a que leas Job, es un libro maravilloso. Job cae en desgracia, y sus amigos le critican y acusan (injustamente) porque aseguran que algún pecado habrá cometido si le ha pasado eso.

    Al final Dios deja mudo a Job con sus razones, y acusa a sus amigos de hipócritas y necios (lo son). Pero para explicarte las injusticias del mundo me basto yo: Dios se lleva a los inocentes y a los que sufren con Él, para que estén en su Presencia para toda la eternidad, y a los malvados y a los crueles los mantiene en la Tierra dándoles la oportunidad de cambiar, o de lo contrario, si le rechazan voluntaria y conscientemente, que ellos mismos por su terquedad sean privados de la salvación.

    Ya sé que no eres ateo, nadie lo es. Pero el último día de tu vida no te preguntarán si crees en Dios (dice la Biblia que los demonios creen en Él, y tiemblan) sino en si realmente fuiste lavado con la sangre de Cristo, y nacer de nuevo para hacer las obras de Él, y no la maldad.

    Un abrazo.

  4. Enrique F. Correa dice:

    Yo soy ateo.
    Uso esa palabra porque tiene aceptación universal.
    Pero ni siquiera soy ateo.
    Si existe Dios, cuando me enfrente a Él, le voy a preguntar qué estaba haciendo cuando Hiroshima, Nagasaki, y cuando alguna de sus criatuiras decide que un feto debe morir.
    O cuando un niño se cae en un pozo negro. (han habido varios casos).
    Yo soy cristiano en el sentido que puedo resumir los mandatos de Jesús en:
    1) Dad de beber al sediento.
    2) Mirad los lirios del campo y las aves del cielo.
    3) No atesores en la tierra donde merodean herrumbre y ladrones.
    Creo que entre otros: Vicente de Paul y Francisco de Asís cumplieron, y son ejemplos a seguir.
    Y Natanael, cuando se enfrenta a David.

  5. Carlos dice:

    Estimado señor Alberto: Coincido con usted en un todo. No le agregaría ni un punto ni una coma a lo que usted expresa. Me alegra saber que ya somos varios los que visualizamos esta realidad y que condenamos a la ya consolidada “Industria del Cristianismo”. Mi saludo y respeto a usted.

  6. Alberto Garcia dice:

    Soy de los que piensa,que la asociasion,CAPITALISMO-CRISTIANISMO a traido al ultimo mas tristezas que alegrias…no es bueno para el cristianismo presentar por el mundo a su amigo capitalista y menos aun presentar esa cultura prepotente,arrogante y decir que forma parte de la etica y la moral cristiana.Todos estos tele apostoles que vuelcan sus “PRODIJIOS Y MARAVILLAS DIVINAS”tambien son parte de todo ese sistema corrompido y mentiroso que el sistema capitalista lanza al mundo….pero mas triste aun es ver como el 90% de los pastores han dejado mellar su integridad por unas miserables monedas dejando de lado la GLORIOSA VISION que JESUS tuvo sobre la Iglesia y tranformandola poco menos que en boliches.

    • totalmente de acuerdo con Alberto, la mayoria de los pastores no escudriñan las escrituras ( buscar profundo) y dan mnsajes de 15 minutos ademas han convertido la iglesia en centros de espetaculos Dios te bendiga Hno, solid deo gloria

  7. Carlos dice:

    Estoy de acuerdo con la afirmación “Esa excesiva identificación del protestantismo con la sociedad norteamericana es lo que puede ser un obstáculo para el avance del cristianismo evangélico en América Latina”. Creo fuertemente en esa afirmación, tan es así que me parece que existe en el protestantismo norteamericano una muy marcada influencia Calvinista, por ejemplo: en los prestamos con altas tasas de interés , en las persecuciones a ciertas minorías, a la sangre derramada por el mundo (marines). En verdad me parece que la lógica Calvinista ha sido un caldo de cultivo excelente para el desarrollo capitalista y consumista. Y como sabemos la dinámica del consumismo es de por sí insaciable, lleva a las personas a modos de ser caprichosos y antojadizos, introduciendolos en una espiral de búsqueda constante de placeres que nunca finaliza y trae consecuencias devastadoras para el individuo.
    Gracias y saludos

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