La buena educación empieza por casa

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La buena educación empieza por casa

La importancia de enseñar.

Por: Salvador Dellutri*

Al comienzo de la historia bíblica, se establece con claridad la responsabilidad paterna en la educación de sus hijos, una formación basada en los valores trascendentes fundamentados en la ley de Dios: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. La enseñanza era la consecuencia del compromiso espiritual de los padres, quienes carecían de profesionalismo pedagógico, pero transmitían a partir de la siempre efectiva vivencia los principios de la ley divina. Cumplir acabadamente con la educación de los hijos era considerada, desde los tiempos patriarcales, una prueba irrefutable de fidelidad a Dios.

El método de enseñanza hebreo se basaba en la repetición, concepto que estuvo tan ligado al proceso educativo que en hebreo el verbo “aprender” deriva de “repetir”. Esto hacía que se diera una especial atención al cultivo de la memoria.

Es importante destacar que en una educación de tipo familiar cumple un papel fundamental la mujer: es quien guía el desarrollo intelectual y espiritual de los hijos. En el Nuevo Testamento queda el testimonio de Timoteo quien, a pesar de tener un padre gentil, recibió una eficaz formación de fe por la influencia de su madre y su abuela.

Dentro de la cultura hebrea, las celebraciones anuales se aprovechaban para cumplir con el propósito educativo. En la fiesta de la Pascua, la ley establecía un diálogo ritual entre padres e hijos en el que la simpleza de las preguntas y respuestas eran un vehículo apto para fijar en la mente y el corazón del niño lo esencial de su cultura.

Durante la monarquía hebrea, aparecen algunos testimonios de maestros que educaban a los hijos del rey, con lo que se puede inferir que las clases pudientes de la época habían comenzado a delegar la enseñanza en profesionales. En el cautiverio babilónico, la necesidad de conservar la cultura dio origen a las sinagogas, centros educativos en los cuales el escriba actuaba como maestro de la ley. Se destaca el conocimiento de la ley y el compromiso espiritual como características inalienables de quienes ejercían este oficio. El método utilizado por los escribas, según inferimos del relato que hace Nehemías, era la lectura y comentario explicativo del texto de la ley, contestando las preguntas del auditorio.

Las sinagogas siguieron siendo una institución eminentemente educativa durante el período del Nuevo Testamento. De esta manera, la familia y la sinagoga trabajaban como un equipo educativo: en el hogar se preparaba a los niños en el aspecto práctico transmitiendo el oficio paterno y la sinagoga apoyaba la formación moral y espiritual.

La iglesia primitiva heredó los métodos educativos de la sinagoga, dedicándose con igual ahínco a formar integralmente a los cristianos. Así, pusieron en práctica lo aprendido de Jesús y reaccionaron contra la enseñanza teórica de los fariseos. Adoctrinaban al pueblo para que su espiritualidad fuera práctica y se evidenciara en una conducta santa que atendiera las necesidades del prójimo e hiciera del bien y la misericordia los objetivos de la vida. El énfasis en la práctica hizo que se ganaran el favor de la gente.

Todos los sistemas educativos mencionados en la Biblia parten de una misma concepción: el hombre es un ser espiritual y trascendente. Esto permite cimentar sólidamente su escala de valores para desarrollar una vida útil para la sociedad.

Las familias cristianas deben acrecentar sus esfuerzos para preparar a sus hijos en un mundo complejo y adverso. Acercar a nuestros hijos y nietos a la Biblia no es adoctrinar, sino mostrar una realidad profunda que asume las necesidades totales del hombre, alejándolo de la frivolización del materialismo y de la falsedad de las ideologías imperantes.

*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno”, “La Fe y el sentido de la vida”, “Ética y Política”, entre otros. Produce dos programas de Radio Trans Mundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

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