La música en la Biblia

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La música en la Biblia

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

La música ocupa un lugar importante en la Palabra de Dios. Más de 40 libros de la Biblia nos hablan directamente de ella y suman casi 600 pasajes. Esto sin contar las numerosísimas referencias indirectas.
La música aparece en 563 citas del Antiguo Testamento. Y lo hace ya desde las primeras páginas del Génesis.

En Genesis 4:20-22 se nos describe la primera especialización de las actividades humanas.
20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados.
21 Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta.
22 Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.
Junto a las actividades del hombre, Dios pone música. Él nos ha creado con ciertas necesidades “estéticas”” y ha creado la música para satisfacer esas necesidades.

La música ha servido para expresar la alegría y la alabanza a Dios. El Señor le preguntaba a Job:
“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra, alababan las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38,7).

Si leemos el Antiguo Testamento desde la perspectiva de la música, impresiona la importancia que tenía en la vida del pueblo de Dios. Estaba asociada a todos los aspectos de su existencia personal y colectiva. La música está presente siempre, en todos los lugares, tanto en la vida cotidiana como en la religiosa. Todas las épocas del año están marcadas por cantos aprendidos o improvisados.

Se cantaba en:
las siegas y en las vendimias (Esdras 9:2; 16:10. Jeremías 31:4-5)
al momento de partir (Génesis 31,27) y en los reencuentros (Jueces11: 34-35 ; Lucas 15:25).
a la llegada de la primavera (Cantares 2:12) y al descubrir un manantial (Números. 21:17).
Había cantores y cantoras en la corte del Rey (2 Samuel 19)
En los libros del Antiguo Testamento aparecen toda clase de cantos:
Cantos de marcha (números 10:35-36. 2 Crónicas 20:21)
Cantos de peregrinación a Jerusalén (Sal 121 a 134)
Cantos de amor (Salmos 45 ; Cantares 2:14 ; Cantares 5,:16 ; Ez 33:32)

Las más antiguas menciones a música y cantos improvisados están asociadas a las guerras (Números 21:11- 15; 21:27; 21:30 y a las victorias que Dios obtuvo en favor de su pueblo (Éxodo 15:1; 1Samuel 18:6; 21:12; Isaías 14:4).

Las mujeres recibían a los vencedores con panderos y danzas, alegres y cantando en coros que se alternaban y en tiempo de los reyes se mantuvo esta costumbre: Después de su victoria, Josafat subió al templo al son de cantos, arpas y trompetas (2 Crónicas 20: 28).

Se cantaba durante las fiestas y las bodas (Salmos 45:9; 2 Samuel 19:35; Isaías 24:8; Mateo 11:17).
Se cantaba “al son de panderos, del arpa y la flauta “(Job 21:12 ; Sal 30:12 ; Isaías 5:12 ; 24:8-9 ; Jeremías 25:10 ; 31:4 ; Amos 6:5).

La música era utilizada también para echar los malos espíritus (1Samuel 16:16; 18:10).
La música se utilizaba regularmente en el culto del templo, tal como había ordenado el Señor: “En el día de vuestra fiesta y en las solemnidades, tocaréis las trompetas durante vuestros holocaustos y sacrificios de comunión. “Así haréis que vuestro Dios se acuerde de vosotros” (Números 10:10).

Cuando transportaron el arca a Jerusalén, “David y toda la casa de Israel bailaban delante de Yhaveh con todas sus fuerzas, cantando con citaras, arpas, panderos, flautas y címbalos” (2Sam 6, 5).

Los especialistas en el tema han clasificado hasta treinta instrumentos musicales utilizados por los hebreos. No todos eran utilizados por el pueblo; David hizo que el uso de alguno de ellos se limitase exclusivamente al culto del tabernáculo.
Cada fiesta era celebrada por uno de los salmos en particular. En la fiesta de los Tabernáculos, la asamblea entonaba el Salmo 118 caminando alrededor del altar.

El último día, “el más grande de la fiesta” , un sacerdote iba al estanque de Siloé para sacar agua con un cántaro de oro. Cuando volvía, el pueblo lo recibía a la puerta de la ciudad cantando: “sacaréis con gozo de las fuentes de la salvación” (Is 12, 3). Mientras el sacerdote derramaba solemnemente el agua sobre el altar, los otros sacerdotes tocaban las trompetas y los levitas cantaban, acompañados por los flautistas.

David fue el primer responsable de un ministerio de música

En (1Cro 15, 16-22) se nos explica como lo organizó. Estableció 4.000 levitas para “alabar al Señor con sus instrumentos” (1Cro 23, 30). Recibían diez años de formación para poder ejercer este servicio y no podían empezar su ministerio antes de los 30 años (1Cro 23, 3). Los maestros de música y canto estaban divididos en 24 grupos de 12 hombres; un total de 288 levitas ” expertos en todo lo referente al canto al Señor, instruidos y aptos” (1Cro 25, 7). Estos enseñaban la música a sus hermanos. Asaf, Jedutún y Hemán dirigían este gigantesco ministerio de música. Para la inauguración del templo, 120 sacerdotes tocaban trompetas al mismo tiempo que un gran coro cantaba a una sola voz: “porque es bueno, porque es grande su Amor”.(2 Cro 5, 13). Y Dios manifestó su aprobación “llenando el templo de su Gloria”.

De los ocho grupos de instrumentos mencionados en el Antiguo Testamento, solamente la mitad tenía acceso al templo. Sólo los descendientes de Leví podían tocar en el Santuario y debían hacerlo de una determinada manera, apropiada para el culto. Las mujeres también participaban en el coro del Templo. Esdras habla de “doscientos cantores y cantoras ” (Esd 2, 65). En 1Cro 25, 5 y ss se habla de tres hermanas instruidas para el canto en la casa de Dios.

En el Nuevo Testamento…
El Nuevo Testamento contiene únicamente 12 pasajes con indicaciones relativas a la música. Comienza con el canto profético de María: “El Magnificat” (Luc 1, 45-55). Según las costumbres del pueblo hebreo, un poema de este tipo debía recitarse cantando.

El nacimiento de Jesús fue anunciado por el más fantástico ministerio de música que jamás se haya oído sobre la tierra: miles de ángeles entonando el Gloria (Luc 2, 14).

Algunos días más tarde, Ana y Simeón desbordaron de alegría cuando vieron a Aquel que el pueblo esperaba desde hacía muchos siglos, y lo saludaron con un himno de alabanza al Salvador (Luc 2, 22-38).
Hay un momento muy especial, tras la Última Cena, narrado en (Mc 14, 26):
“Cuando cantaron el himno, salieron al Monte de los Olivos”.

Los primeros cristianos mantuvieron la tradición judía de cantar los salmos.
Participaban en el culto del Templo y los cantaban también entre ellos en las casas.
El hábito de cantar y el sentido espiritual del canto debía ser algo verdaderamente arraigado en ellos, cuando en una situación tan apurada como la que vivieron Pablo y Silas en la prisión de Filipos, los cánticos brotaban espontáneamente de su corazón.
La orden de cantar es menos frecuente en el Nuevo Testamento que en el Antiguo Testamento, pero la encontramos en las cartas de San Pablo a los Colosenses (3, 16) y a los Efesios.

Pablo hace una exhortación fundamental : “Que el mensaje de Cristo esté siempre presente en vuestro corazón. Instruíos y animaos unos a otros con toda sabiduría. Con profunda gratitud cantad a Dios salmos, himnos y cánticos espirituales.”
Pablo nos habla de cantar salmos, himnos y cánticos inspirados. Hay diversidad.
La Biblia nos transmite ciento cincuenta salmos muy diferentes que se cantaban siguiendo variadas melodías. Durante mucho tiempo, sólo se cantaban estos poemas inspirados por el Espíritu Santo.
Pablo, pide que se canten también himnos y cánticos espirituales. Dios no actúa por patrones estereotipados. Según los tiempos y las circunstancias, tenemos necesidad de diferentes tipos de cantos y de música. Debemos tener esto muy en cuenta en el canto colectivo: Dios es el destinatario de nuestros cantos.

En la eternidad, al final de la historia de la humanidad, el canto permanecerá como una de las ocupaciones de los huéspedes del cielo: Los 24 ancianos cantan un canto nuevo en honor del Cordero:

“Tú eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos…” (Apocalipsis 5, 9-10)
Los 144.000 redimidos adoran a Dios por medio del canto:
“La victoria es de nuestro Dios que está sentado en el Trono y del Cordero”
Y todos los ángeles adoran a Dios cantando:
“La Alabanza, la Gloria, la Sabiduría, la Acción de Gracias, el Honor, el Poder y la Fuerza…” (Apocalipsis 7, 10-12)
Cuando el séptimo ángel toca la trompeta, unas voces poderosas entonan el himno de victoria (Ap 11, 15).
Los que habían vencido a la bestia estaban “en pie, sobre el mar de cristal, con las arpas de Dios. Y cantaban el Cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero” (Ap 15, 2-3).

Parafraseando a Pablo en 1Cor 13, 8, podemos decir: La predicación y la Evangelización cesarán en el cielo… pero la música de adoración ¡continuará!

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