El problema de la justicia

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El problema de la justicia

Sobre la importancia de la justicia


Por Salvador Dellutri.

Cómo has llegado, ciudad fiel, a ser igual que una prostituta! Antes toda tu gente actuaba con justicia y vivía rectamente, pero ahora no hay más que asesinos. Tus gobernantes son rebeldes y cómplices de ladrones; todos ellos aman el soborno y van tras las recompensas.

La diatriba no fue sacada de ningún periódico actual latinoamericano, pertenece al profeta Isaías, que hace 2700 años veía y denunciaba la decadencia de su sociedad.

No basta con tener jueces, códigos, tribunales, fiscales y abogados. Lo que las sociedades necesitan es justicia, porque los pueblos sin justicia avanzan hacia la decadencia. Esta afirmación no es ninguna novedad: los filósofos y pensadores ya conocían la importancia que tiene para una sociedad la justicia.

En su libro La República, Platón advertía que la justicia es la virtud de la ciudad: armoniza todas las virtudes, manteniendo así el equilibrio social. Aristóteles, su alumno más destacado, señalaba que la justicia es la virtud que gobierna las relaciones interpersonales en la sociedad; la armonía interior del hombre se refleja en que ejercita la justicia. Los filósofos de la antigüedad atribuían tal valor a la justicia que sostenían la imposibilidad de la vida social y, por lo tanto, de la comunidad si no se respetaban los principios básicos de la equidad.

La justicia es la práctica habitual del bien moral; consiste en dar a cada uno lo que corresponde. Jugar con la justicia es muy peligroso, porque se pone en juego el equilibrio de toda la sociedad, lo que acarrea incalculables consecuencias. Solo la ignorancia e irresponsabilidad de los dirigentes, que son quienes tienen que velar por la justicia, hace que no tengamos en estima este valor.

Cuando se vulnera la justicia, se altera el equilibrio interior de las personas y se instala la anarquía.

Desde nuestros orígenes, los argentinos tuvimos problemas con la justicia. El Martín Fierro, para muchos nuestra obra literaria más representativa, es el drama de un hombre frente a la injusticia. Frente a esto, el Viejo Vizcacha se presenta como la actitud acomodaticia del criollo que confunde astucia con inteligencia y aconseja, por ejemplo, hacerse amigo del juez para obtener los beneficios del poder renunciando a la lucha por la justicia. Para Vizcacha, que no tiene ningún principio moral, no hay que arriesgarse a defender valores; solamente hay que saber insertarse dentro del sistema corrupto. La realidad demuestra que admiramos a Fierro, pero imitamos a Vizcacha.

Los valores intangibles como la justicia fueron dejados de lado para que el materialismo, la avidez de poder y el culto a la personalidad ocuparan su lugar. La consecuencia de este vaciamiento es similar a la que hace dos mil años se viviera en Jerusalén. Jesús pasó por cuatro tribunales en una sola noche, fue juzgado según las leyes hebreas y romanas. Todos sabían que los cargos eran falsos y que era inocente. Pero terminaron soltando a Barrabás y crucificando a Jesús. Cuarenta años después, sus gobernantes fueron masacrados y la ciudad de Jerusalén quedó destruida.

La filósofa rusa Alisa Zinóvievna Rosenbaum, más conocida como escritora por su seudónimo de Ayn Rand, desarrolló un sistema filosófico denominado objetivismo. Analizando la sociedad, afirmó:

Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.

Una afirmación que nos invita a reflexionar sobre las bases más profundas de la justicia.

*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno”, “La Fe y el sentido de la vida”, “Ética y Política”, “En primera persona” entre otros. Produce dos programas de Radio Trans Mundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

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