El alma de la Navidad

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El alma de la Navidad

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Tradicionalmente, la época navideña y findeañera es conocida como “las fiestas”. Y como en toda temporada festiva, en esta época se multiplican las fiestas. Celebraciones y despedidas de año de estudiantes, trabajadores y familias, que preceden y preparan los días más importantes, la nochebuena o víspera de navidad, y el día de navidad, y el último día del año, fin de año – la noche más loca del año – y el día de año nuevo, cuya llegada en general se festeja con más fuegos artificiales, más excesos gastronómicos, más alcohol y más frenesí fiestero, que la llegada de la navidad, la semana previa. Como toda fiesta, estas fiestas que se celebran durante la época de las “fiestas” tienen sus participantes, organizadores e invitados, algunos de los cuales se constituyen en el alma de cada fiesta; es decir, en los que dan vida y animan el festejo, volviéndose el centro, casi una presencia imprescindible en la celebración. Ahora, ¿quién es, o quienes son, el alma de las “fiestas”, es decir, el centro imprescindible de la particular atmósfera de la época navideña y findeañera? Y lo más importante para nosotros como cristianos, y para todos quienes celebran la navidad sin saber qué celebran, o sin importarles: ¿quién es el alma de la navidad?

Como esta es una reflexión cristiana, parece obvio que vamos a decir que Jesús es el alma de la navidad. Sin embargo, es evidente que eso no es así. Si Jesús fuera el alma de la navidad moderna no sería necesario, como pasa todos los años, que cada diciembre los columnistas cristianos hablemos del tema, insistiendo en que la gente debería recordar cuál es el significado original de la navidad, o en que nuestras comunidades deberían darle un lugar a Jesús en sus hogares, al menos en navidad, o en que nuestra cultura debería recuperar ese sentido espiritual inicial de la navidad cristiana. Que a los cristianos nos parezca que Jesús debería ser el alma de la navidad no quiere decir que lo sea, ni mucho menos. Como con cada cosa que se hace, cada cultura da el alma a las fiestas navideñas y findeañeras con sus costumbres y tradiciones; porque eso es, en definitiva, cultura. Por supuesto, hay tradiciones y costumbres que son, no diría buenas, pero que podríamos calificar de moralmente indiferentes – ni buenas ni malas – según la regla de la moral cristiana, basada en la Biblia como Palabra de Dios, y también según las recomendaciones generales de salud, buenas costumbres y buen relacionamiento con los demás. Hay otras tradiciones y costumbres que son no tan buenas, y las hay decididamente malas. Las tradiciones gastronómicas asociadas a las fiestas podrían calificar como las mencionadas en primer lugar: moralmente indiferentes; sin embargo, cuando las costumbres gastronómicas pasan por el exceso en las ingestas, que empieza en las fiestas, despedidas de año y comilonas varias que preceden a las fiestas propiamente dichas, y que culminan en esos días con mesas atiborradas de comida – se entiende, en los hogares que pueden pagar ese exceso culinario y alimentario – impresiona que esa costumbre ya no es tan recomendable. Si a eso le agregamos los abusos en la ingesta de alcohol, que dan lugar a accidentes, riñas familiares y de vecinos, con el resultado de gente lastimada o muerta, tenemos el claro ejemplo de una costumbre fiestera decididamente no recomendable o “mala” desde todo punto de vista. Algo similar ocurre con el uso de los fuegos artificiales, denostado cada año por muchos, pero usados igual – y con cada vez más profusión – que sistemáticamente dan lugar a quemaduras de distinta entidad en muchos usuarios, particularmente en niños.

Lo curioso es cómo las tradiciones familiares, las costumbres sociales y el mercadeo constante que rodea las fiestas han ejercido presión, al punto de implantar una forma de preparar, y celebrar, estas fechas. Volviendo a lo gastronómico, las fiestas navideñas y findeañeras se caracterizan por la presencia del pan dulce, el budín inglés y la fruta abrillantada, o fruta confitada. Hay muchas otras tradiciones gastronómicas asociadas a la navidad, pero estas tres son bien típicas de nuestro país, bien que tienen un origen europeo: italiano el pan dulce, y probablemente el budín inglés – también llamado pastel de fruta – y español la fruta abrillantada. Ahora, como ya muchos han señalado, estas tradiciones gastronómicas navideñas en particular, nacieron en Europa; en el caso del llamado budín inglés en época tan remota como la antigua Roma, y las otras hacia finales de la edad media. Son, por lo tanto, costumbres alimentarias que se han asociado desde hace siglos a una navidad invernal, pero que traídas por las migraciones de españoles e italianos a nuestras tierras, continuaron formando parte de la mesa de navidad, en nuestras navidades veraniegas. Con el pan dulce y el budín parece que sucede lo mismo que con la nieve; los habitantes de esta parte del mundo llevan siglos celebrando una navidad estival, pero le ponemos nieve falsa al árbol de navidad, nos enviamos postales navideñas donde se ve un paisaje nevado, y en la mesa de nochebuena y navidad está el pan dulce. El pan dulce no puede faltar; aunque casi nadie lo coma, y el calor no provoque consumirlo, es prácticamente imprescindible: tiene que estar ahí. El pan dulce y el budín parece que forman parte del alma de la navidad. Que un producto gastronómico sea parte del alma de nuestra navidad moderna nos da la pauta de cuánto ha mutado el espíritu de la natividad que originalmente la Iglesia alentó como la celebración del nacimiento de Jesucristo.

¿Qué decir de los fuegos artificiales? A diferencia de su uso en el recibimiento de un nuevo año, muy extendido por todo el mundo, los fuegos artificiales en la medianoche del 24 de diciembre no están presentes en todas las culturas. Personalmente, tuve la oportunidad de recibir la navidad del 2016 estando junto a mi esposa en Time Square, en pleno centro de Manhattan; y aunque el reloj de la Torre del Tiempo marcó la medianoche con un múltiple cero, no hubo cuenta atrás como se estila el 31 de diciembre. De todas formas, una multitud de gente esperaba allí, la gran mayoría con gorros rojos – el clásico gorro de Santa Klaus – y cuando el reloj marcó la medianoche recibieron con un gran griterío la llegada de la navidad, y comenzaron a saludarse con resonantes “Merry Christmas”; pero nadie tiró ni un solo cuete volador. Ahora, imaginemos la medianoche de un 24 de diciembre en nuestro país, sin que nadie tire ni un solo fuego artificial. Parece impensable; los fuegos artificiales son imprescindibles en la celebración de la llegada de la navidad. O al menos, eso nos inculcaron desde chicos nuestros padres, tíos, abuelos, el resto de la familia y los vecinos; no por enseñanza sino por el uso y la costumbre. Yo recuerdo de mi infancia salir de casa a la medianoche del 24 de diciembre, en uno de tantos barrios de clase media de Montevideo, pararme en la vereda con mis luces de bengala y mis cuetes voladores, y ver al resto de mi familia, a los vecinos de cada lado y a los de enfrente tirando fuegos artificiales. Entonces, también los fuegos artificiales, en los que grandes cantidades de dinero se transforman literalmente en humo, forman parte del alma de nuestra moderna navidad. ¿Qué nos dice eso de nuestra navidad?

Otra tradición notable de las fiestas navideñas y findeañeras es el envío de tarjetas y postales. Hasta hace no demasiados años las postales navideñas eran una constante de la época. Se recibían de parientes, amigos, compañeros de trabajo, clientes, empresas, y en ocasiones hasta de personas a las que uno apenas conocía, que querían expresar a través de la postal su aprecio o su agradecimiento. Iban derecho al árbol de navidad, y ahí lucían, como muestra del afecto de la gente hacia los dueños de casa; y cuando llegaba el momento de desarmar el arbolito marchaban hacia algún cajón, para no ser vueltas a mirar hasta el día en que se tiraban a la basura. Este último problema empezó a desaparecer hace algunos años, con la generalización del envío de postales digitales por correo electrónico. Esto significó la merma en el envío de postales impresas, pero no de la costumbre. Lo interesante de esta tradición, iniciada efectivamente como costumbre navideña en la Inglaterra de mediados del siglo 19, es el motivo artístico de la postal navideña. Desde sus orígenes, hace casi ciento ochenta años, el motivo artístico de la tarjeta navideña fue diverso, no necesariamente religioso, e incluso incluyó flores y hadas. Las postales navideñas contemporáneas contienen motivos artísticos de todo tipo, pero predominan las figuras de Papá Noel, árboles de navidad, y árboles navideños exteriores, generalmente en medio de paisajes boscosos invernales, cubiertos de nieve. Las figuras pesebristas en las postales navideñas – claramente evocadoras del nacimiento de Jesucristo – son mucho menos apetecidas, y más difíciles de encontrar, y esto también da la pauta de cuánto dista la navidad moderna de la celebración espiritual que le da nombre a esta fiesta anual de cada diciembre.

En relación a las postales usadas para enviar saludos navideños, me gustaría comentar una que me llegó por correo electrónico hace algunos años, enviada por un seminario teológico evangélico de Montevideo, donde había estado haciendo un curso. La misma exhibía el clásico árbol de navidad gigante; un enorme pino lleno de luces y con una brillante estrella en la punta, en medio de un bosque de pinos cubierto de nieve. El árbol navideño estaba enmarcado por el clásico saludo: Feliz Navidad y Próspero Año… y debajo había un versículo bíblico, Mateo 2:10: “Y al ver la estrella, se regocijaron con gran gozo”. Lo comento porque no deja de ser llamativo que una institución cristiana evangélica utilizara como postal de saludo navideño la imagen más popular y comercial de la navidad moderna – el árbol y la nieve – aunque sazonada con un versículo de la Biblia relativo a la natividad de Jesús, antes que una imagen más evocativa de la navidad cristiana, por ejemplo, el clásico nacimiento o pesebre. Justamente, el pesebre o escena del nacimiento de Jesús, antaño parte integrante casi obligada de los adornos navideños en muchos hogares, hoy está en franca retirada. Si bien aún engalanan algún centro comercial – sumergidos entre nieve artificial, guirnaldas, chirimbolos, y trineos tirados por renos – y también, en familias muy tradicionales aún se arma cada diciembre, el pesebre ya no parece ser una presencia imprescindible de la navidad; por lo tanto, impresiona que ya no forma parte del alma de la navidad moderna.

A esta consideración es necesario agregar una mención sobre aquello que sí se ha hecho parte obligada de la navidad nuestra de cada diciembre: la figura de Papá Noel, el propio árbol de navidad con sus adornos característicos – chirimbolos, guirnaldas, luces de colores – y el torbellino de compras y regalos, todo lo cual ha sido y sigue siendo tema de reflexiones navideñas de muchos columnistas cristianos, y en lo que ahora no vamos a profundizar. Sí merece hacerse la acotación acerca de cómo también el mito de los reyes magos, y su venida para traer regalos a los niños cada 6 de enero, ha retrocedido frente a la imagen de Santa Klaus que nos exportaron los países anglosajones, particularmente los Estados Unidos. Me resulta especialmente llamativo a este respecto el recuerdo de un programa radial cristiano que escuché hace muchísimos años atrás, en el que una mesa redonda de pastores evangélicos uruguayos, también integrada por un misionero evangélico estadounidense muy respetado en el medio local, hablaban sobre la navidad. El recuerdo viene justamente a propósito de cómo aquel misionero censuró insistentemente la costumbre de decirle a los pequeños que la noche del 5 al 6 de enero los reyes magos venían a traerles regalos, alegando que eso deformaba la enseñanza del evangelio, y desaconsejó con mucha energía que los padres cristianos evangélicos les dijeran a sus hijos que los reyes magos vendrían a traerles regalos. Sin embargo, no habló ni una palabra de Papá Noel, una figura navideña que por aquel entonces, hace unos treinta años, ya empezaba a instalarse en nuestra cultura navideña. Siempre es más fácil menospreciar y criticar los rasgos culturales ajenos que los propios; y lamentablemente, para quienes predican el evangelio de Cristo es alto el riesgo de confundir lo que dice la Palabra de Dios con las posturas personales y opiniones propias; sobre todo, cuando se predica a personas que tienen culturas y tradiciones bien distintas de las nuestras. En eso hay que tener mucho cuidado.

Yo no creo que deforme el evangelio decirles a los niños pequeñitos que aquellos magos que le llevaron regalos a Jesús, les traerán regalos la noche del 5 al 6 de enero; como tantas veces hemos dicho, eso al menos evoca el evangelio y el nacimiento de Jesucristo. Sí creo que alentar la creencia en la venida de Papá Noel la noche del 24 de diciembre para traer regalos, no aporta nada en absoluto, desde el punto de vista del contenido cristiano que la navidad debería tener, pues ese fue el objetivo primordial de la institución de esta fiesta, allá por el siglo IV de nuestra era: celebrar el nacimiento de Cristo en este mundo. Entonces, podemos decir que el alma de la Navidad, de nuestras modernas navidades, aquello que da vida y anima la atmósfera muy particular de la temporada navideña, la presencia imprescindible en la celebración de cada 25 de diciembre, ha sido despojada – lenta, paulatina y metódicamente despojada – de todo aquello que la emparentaba con Jesús y con la fe cristiana. Si no sonara tan melodramático, hasta podríamos decir que a los cristianos se nos ha robado la navidad; la verdadera navidad. El mundo, la gente incrédula, inconversa, alejada de Dios y opuesta a la fe, se apropió de la navidad, la transformó en otra cosa, y la devolvió convertida en estas modernas saturnales, de fiesta, jolgorio, regalos, relajación de las normas sociales – las pocas que quedan – y tradiciones paganas. Si quisiéramos ponernos místicos – medrosamente místicos – hasta podríamos decir que el viejo festival pagano de la Roma antigua – la saturnalia – eliminado por la Iglesia cuando impuso la fiesta de la natividad del Salvador el 25 de diciembre, encontró el camino para resurgir; y conquistó todo occidente y buena parte del mundo, y cada año se renueva, presentándose como esta navidad que conocemos. Una navidad sin alma, pues el verdadero centro de la navidad cristiana, la celebración del nacimiento del Salvador del mundo, es Jesucristo.

Hace unos años, en ocasión de un programa navideño basado en el comentario de la canción de John Lennon Happy Christmas, un oyente nos dejó el siguiente cometario: Sin duda hay dos navidades, la secular y la cristiana. Las grandes masas están con la navidad de Lennon en el occidente, los muy pocos con la navidad cristiana, la que nos trae salvación. La navidad que escribió y cantó el célebre Lennon es materialista, que se traduce en un consumismo donde todos “celebramos” el nacimiento de Jesús comiendo y bebiendo y dándonos licencia para pecar”. En otro artículo navideño, algo más reciente, sobre el servicio que inspira la venida de Jesús a este mundo, un oyente nos dejó el siguiente comentario: “Que, al pensar en la navidad, no pensemos en comilonas, y beberaje, sino en aquel que nos amó, y manifestó su gracia para salvarnos y de esta manera, le honremos y glorifiquemos”. Estas son, evidentemente, palabras de creyentes cristianos; creyentes que tienen claro qué es la navidad, y qué tipo de navidad ofrece el mundo. Tienen claro, como la gran mayoría de los creyentes cristianos, que hay dos maneras de celebrar la navidad: la mundana o secular – o pagana – y la cristiana. Cada manera tiene su alma; es decir, cada navidad tiene su centro imprescindible, que anima y da vida a la fiesta de esta fecha tan particular y especial. En definitiva, el alma de nuestra navidad la decidimos nosotros.

 ¿Cuál será el alma de tu navidad?

 

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista, profesor universitario y ejerce el pastorado en el Centro Evangelístico de la calle Juan Jacobo Rosseau 4171 entre Villagrán y Enrique Clay, barrio de la Unión en Montevideo.

7 Comments

  1. Gabriel dice:

    “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. 1Proverbios 7- (Job 28 28 Sal 111.10)
    “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán cualto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad2 juan 4 23 24 NVI
    “Yo debo pensar que es mi deber el elevar los afectos de mis oyentes tan alto como me sea posible, con tal de que sean afectados únicamente por la verdad” Jonathan Edwards (pastor y teólogo).
    Los voceros de las grandes superficie, con varios días de anticipación, hablan del éxito de ventas. Nuestro centro comercial montevideano al día de ayer estimaban record de ventas, y anuncian horarios especiales para el domingo 24. la magia de la navidad tan promocionada por una bebida cola parece tener efectos.Cristianos y paganos compartiremos mesas y saludos eclécticamente.
    ¿Estará de acuerdo nuestro comportamiento con el pedido de nuestro Señor a que le adoremos “en espíritu y en verdad” o nos apartamos?
    “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia,conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”. Salmo 51

  2. Ana dice:

    Buenas noches Que Dios les bendiga estaba escuchando diálogos a contramano y mi opinión en verdad es que la Navidad es una mentira total del diablo cualquiera se siente empapado de esa felicidad que es contagiosa y bastante mala de comer mucho que festejar con fuegos artificiales y el 25 abrimos los ojos y parecemos que estamos todos muertos no hay un ruido un saludo y que Dios te bendiga Así que para mí la Navidad es nada más que una reunión muy linda en familia pero no hagamos de esto un templo de adoración para todos nuestros chiquitos en algún momento cuando debemos decirle que Papá Noel no existe ellos lloran de la misma forma que lloramos nosotros cuando aprendimos que había un Salvador como Cristo que está cuidándonos y somos sus hijos son 2 formas de manifestar dolor debemos ser más sincero y menos hipócritas con las fiestas de la Navidad Muchas gracias que Dios los bendiga y que el año nuevo los encuentre luchando como siempre por nosotros por las almas estamos dependiendo de tan bellas palabras como la que se pueden escuchar en radio transmundial oro a Dios y le pido que tengamos rtm por muchos años más que Dios nos bendiga Gracias y saludó a ustedes con un gran abrazo afectuoso de amor y cariño por los hermanos amorosos que son bendiciones

  3. María Elena dice:

    ESTA FIESTA ES ANTIBIBLICA. EN LA BIBLIA NO HAY FECHAS. LEER. JEREMIAS.10.1 EN ADELANTE. QUE DIOS LOS BENDIGA.

    • Álvaro Pandiani dice:

      Bueno, María Elena, fui a leer Jeremías 10, y la verdad que no encontré en ese pasaje bíblico ningún fundamento para sostener que la navidad es antibíblica. Tal vez algún predicador que usted escuchó – y la convenció – lo usó para sostener tal cosa, pero no parece que de una correcta interpretación de ese pasaje del Antiguo Testamento pueda afirmarse lo dicho, por lo cual su afirmación es más bien un disparate.
      Es verdad que la navidad moderna es muy cuestionable como fiesta cristiana, pues su contenido popular más destacado no tiene nada que ver con el nacimiento de Jesucristo, y eso es lo que queda planteado en el artículo.
      Pero de ahí a decir que la navidad es antibíblica – y a partir de eso, criticar su celebración por parte de otros cristianos – hay una gran distancia. La navidad originalmente fue establecida como una celebración del nacimiento de Jesús; tampoco es “festejarle el cumpleaños a Jesús” como dicen algunas personas, muy básicas y simples en sus conceptos.
      La idea es vivir la navidad con una actitud espiritual de recogimiento y reflexión, pensando en el maravilloso misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne (1 Timoteo 3:16).
      Dios la bendiga muy ricamente.

  4. Felipe dice:

    ¡¡Feliz Navidad¡¡ ¿Donde está el espíritu cristiano el resto del año?

  5. María dice:

    Para mi el alma d la navidsd es la sagrada familia ,sin el niño jesus no existe navidad seria una fiesta mas pero coinsido con udes q esta desvirtuado 0

  6. Pedro Tarlera dice:

    Que festejamos en realidad en la Navidad?
    ……. (se acortó comentario por ser excesivamente largo)
    Aprovechemos esta Navidad, para meditar en esto, para acercarnos a El, para recordar sus Mandamientos, diez reglas sencillas pero difíciles de respetar, comencemos a acercarnos con confianza, pues El no rechaza a nadie que lo busca de corazón, acerquémonos en oración, o sea, hablándole como si estuviese a nuestro lado, sin formulas preestablecidas, sino sencillamente dejando fluir desde nuestro corazón nuestras necesidades y aflicciones, para encomendarnos a su infinita misericordia, que El llenara nuestras necesidades.
    Entonces esta Navidad, cuando levantemos nuestras copas a las 12 para brindar, también digamos Feliz Cumpleaños, Señor!
    Que Dios les bendiga, FELIZ NAVIDAD!

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