Gente con alma

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Gente con alma

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

¿Cuántas veces al ver un lugar vacío escuchó decir “no hay un alma”? ¿O al ver la calle solitaria exclamó “no se ve un alma”? ¿Conoce a alguna persona a la que describiría como un “desalmado”? ¿Alguna vez vio el alma de una persona? ¿Se puede ver el alma de un ser humano? ¿Alguien alguna vez vio el alma de un difunto, agonizando en los infiernos, o feliz en el cielo? ¿De qué hablamos cuando hablamos del alma?

No sorprende, y tal vez debiera, que cuando hablamos del alma humana, en lo que pensamos – tal vez no todos, pero sí muchos – es en ese componente espiritual e intangible de una persona, en la que radica la personalidad, con su intelecto, sus emociones, sus recuerdos, su capacidad de tomar decisiones y hacer libres elecciones, y a la que se cree inmortal; es decir, la esencia del ser humano, que pervive a la muerte. Sin embargo, si nosotros buscamos definiciones de diccionario encontramos que, a menudo, aún en nuestra cultura occidental, tal vez por la herencia judeocristiana de la misma, alma y persona o individuo son perfectamente intercambiables; de ahí lo de “no se ve un alma”, o “en el concierto había cuatro mil almas”. También encontramos expresiones curiosas, como por ejemplo que alguien es “el alma de la fiesta”, lo cual no deja de ser llamativo, porque implica que tal persona es la que da vida, o anima, la tal fiesta; y eso evoca lo de que el ánima es el asiento de la vida, y también es resultado de la herencia cultural judeocristiana. Por otro lado, “poner el alma” en algo, generalmente un proyecto de trabajo, aunque también puede ser restaurar un vínculo afectivo, o llevar adelante un emprendimiento de otro tipo, significa poner interés y energía en ese algo; y aquí se reconoce también una de las acepciones clásicas del significado del alma, como principio de la energía vital de un individuo. Sentir algo en el alma, es sentirlo muy adentro, en las entrañas, en lo profundo del ser, y esto se condice con la conceptualización clásica según la cual el alma es parte de nuestro ser inmaterial y, por lo tanto, parte de nuestro “ser interior”.

Cuando a alguien se le “cae el alma a los pies” ante una realidad adversa, esa expresión habla del desaliento o desánimo ante esa realidad; y todo se vincula en una forma simbólica: aliento de vida y desaliento, alma o ánima y desánimo. Cuando algo nos “llega al alma”, es que nos ha tocado muy hondo, y si nos “parte el alma”, es que ha conmovido profundamente nuestras emociones. Pero lo que nos “sale del alma”, es lo auténtico, lo que viene del interior, ahí donde no puede haber existir el engaño de las apariencias. Un “alma en pena”, alusión a una persona difunta que no entró en la bienaventuranza celestial y sufre la pena de la eterna perdición, nos habla de una persona desdichada, solitaria e infeliz. Pero cuando alguien va “como alma que se lleva el diablo”, evoca la rapidez con que el maligno se lleva una persona réproba al infierno, según las creencias cristianas más tradicionales; aunque la Biblia no diga que el diablo es el que se lleva las almas al infierno. Finalmente, ser un “desalmado”, o “no tener alma”, es no tener sensibilidad, ni importar los afectos, ni tener compasión.

Todas las expresiones, de uso muy común aún hoy la mayoría, se refieren al alma como un concepto que nos habla de lo más esencial de un ser humano, inmanente al mismo – es decir, propio e interno – pero a la vez trascendente respecto a la muerte, inmortal, capaz de pervivir el fin de la existencia en este mundo, conservando la personalidad consciente más allá de esta vida. Ahora, ¿qué dice la Biblia al respecto?

Por supuesto, alma es un término que aparece numerosas veces, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En las Escrituras sucede lo mismo que con el uso coloquial de la palabra: tiene numerosos significados. En el Antiguo Testamento la palabra hebrea traducida como alma es nephesh (נֶ֫פֶשׁ). Ahora, este término aparece traducido de otras maneras, según el contexto, y no siempre se refiere a lo que entendemos comúnmente como alma. Por ejemplo, aparece designando lo que posee vida (Génesis 2:7: y fue el hombre un nephesh – ser viviente –); lo curioso es que, en ese sentido, se usa también para animales (Génesis 1:20a: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes; Ezequiel 47:9: Todo ser viviente que nade por dondequiera que entren estos dos ríos, vivirá). Qué raro quedaría si en los dos pasajes precedentes, nephesh se tradujera alma: dijo Dios, produzcan las aguas almas; o toda alma que nade por dondequiera que entren estos dos ríos vivirá. Lo esotérico que suena esto nos da la noción de la importancia del contexto, para una adecuada traducción, interpretación y comprensión del texto bíblico. Un uso llamativo de nephesh en el Antiguo Testamento es cuando se aplica a alguien sin vida; por ejemplo, Levítico 19:28, Números 6:6, o Hageo 2:13, pasajes en los cuales el término en cuestión, en nuestras Biblias se traduce como “muerto”, o “cuerpo muerto”. Por lo demás, la nephesh aparece en Números 21:5 como capaz de experimentar apetito de alimentos físicos; asimismo en Job 33:20, donde acerca del trato de Dios con el hombre soberbio se lee: “le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave”. También se la menciona como el origen o asiento de las emociones, por ejemplo, Job 30:25 (¿No lloré yo al afligido? Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso?), y Salmo 86:4 (Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, oh Señor, levanto mi alma). Asimismo, la nephesh está vinculada al ejercicio de la libre voluntad, sobre todo en cuestiones de moral; por ejemplo, Génesis 49:6, pasaje en el cual Jacob habla de hombres violentos y dice: “En su consejo no entre mi alma” (lo cual configura una decisión moral), y Salmo 24:4, pasaje donde David se pregunta quién subirá al monte santo del Señor, y responde: “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”, todas cosas que implican elecciones morales.

De modo que, en el Antiguo Testamento, la palabra hebrea nephesh, traducida alma en nuestras Biblias en español, puede significar un ser viviente, hombre o animal, un individuo humano, su cuerpo o asiento de sus apetitos, también el asiento de sus emociones, y de la voluntad. Así que en el uso popular se comprueba la impronta de la herencia cultural religiosa, la impronta de la Biblia, pero el concepto que surge de las creencias religiosas cristianas, que asocia alma con entidad inmaterial e inmortal de un ser humano que se libera con la muerte, no parece tener apoyo, al menos en el Antiguo Testamento.

Con todo, un texto llamativo y enigmático del libro del Génesis parece indicar algo más. En el pasaje donde se relata el nacimiento de Benjamín, el hijo menor de Jacob, y la muerte de Raquel, se lee: “aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín” (35:18). ¿A qué se refirió el escritor sagrado al decir que, al morir la esposa de Jacob, “se le salió el alma”? ¿A su vida, a su energía vital, a su espíritu inmortal? No está claro, y queda sujeto a opinión. El Nuevo Testamento ofrece más datos sobre el concepto del alma en las Sagradas Escrituras de la Biblia, y la idea es ahora dirigirnos al mismo, para clarificar un poco más ese concepto.

El término griego que se traduce alma en el Nuevo Testamento es psuké, o psiqué (ψυχήν), del cual viene el prefijo psico, utilizado en la designación de aquellas profesiones de la salud que tienen que ver con el estudio y tratamiento de afecciones de la mente, emociones y conducta (psiquiatría, psicología, psicoterapia, etc.). El significado de psiqué es similar al de nephesh en el Antiguo Testamento. En algunos párrafos significa vida, si bien parece sugerir algo más que la vida física del cuerpo en este mundo. Por ejemplo, Mateo 10:39, donde se lee: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”. En este pasaje, y en los pasajes paralelos de Marcos 8:35 y Lucas 17:33, Reina y Valera tradujeron psiqué como vida, si bien parece referirse a una vida que, perdida por causa del nombre de Jesús y por el evangelio, podrá volver a hallarse – o tenerse – tras la muerte literal de la persona, según lo que surge del contexto. En el mencionado capítulo 8 de Marcos, Jesús continúa diciendo: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (v. 36, 37). Podríamos interpretar el uso de psiqué aquí simplemente como vida física en este mundo; sin embargo, el contenido de lo expresado por el Señor parece sugerir algo más: dar una recompensa por algo más que la vida en este mundo, pues el hombre puede ganar todo el mundo y, sin embargo, no tener cómo pagar para evitar perder su alma. Resulta evocador de un pasaje muy significativo del Antiguo Testamento, en el cual se lee: Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás), para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción” (Salmo 49:6 – 9). En otras palabras, por más bienes o riquezas que uno tenga, no hay cómo pagar para burlar a la muerte y vivir para siempre; y ni siquiera Dios acepta dinero para otorgar eso. Asimismo, en Juan 12:25 se lee: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”; en las dos veces que se habla de la vida de la persona, en griego sale psiqué, pero cuando dice “vida eterna”, la palabra traducida como vida es zoen (ζωὴν), un término distinto que nos habla de la eternidad más allá de este mundo, donde la psiqué, alma o vida de la persona fiel al Señor, encontrará la vida eterna.

Un uso interesante de psiqué, en relación al final de la vida del ser humano, es la parábola del rico insensato, la narración del individuo cuyos campos habían producido tan grandes cantidades, que se propuso edificar depósitos más grandes aún que los que ya tenía, para guardar – es decir, acaparar – su producción. La parábola del rico insensato es una enseñanza moral contra la avaricia. El rico insensato se dice a sí mismo: “derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate” (Lucas 12:18, 19). Pero la vida del individuo sería muy breve; a continuación, este breve relato finaliza diciendo: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (v. 20). Las dos veces que sale alma en estos versículos, es traducción de psiqué. La traducción DHH, menos retóricamente, traslada el versículo 19 de la siguiente manera: “Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida”; el versículo 20 es traducido así: “Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?”. Psiqué se traduce primero como amigo, donde se refiere a la persona, y como vida, donde alude a la vida en este mundo, y alma desaparece del texto. Esta traducción, aunque más cercana al lenguaje coloquial actual, hace perder el interesante enigma representado por el mensaje de Dios al rico insensato, que da desenlace al relato: ¿Quiénes vendrían a pedir el alma del individuo, y para qué, o para llevársela adónde?

Psiqué vuelve a salir en dos pasajes del Apocalipsis, en relación a las almas de los seres humanos más allá de esta vida. En 6:9 se lee: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían”; y en 20:4 dice: “vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios”. Lo interesante de este último pasaje es que a continuación, Juan escribe “y vivieron”, lo que parece aludir a la resurrección corporal de esas personas; esto queda refrendado por el v. 5 que dice: “los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección”. Quienes, aun siendo cristianos, no creen en la existencia consciente de la personalidad del ser humano más allá de la muerte, tratan de explicar estos pasajes aduciendo que se trata de visiones de Dios tenidas por Juan, y que esas almas eran en realidad una visión de las personas que habían muerto (https://www.jba.gr/es/Las-referencias-de-las-almas-en-Apocalipsis-6-9-y-20-4.htm). Es verdad que el Apocalipsis es un libro de visiones sobrenaturales y proféticas. Sin embargo, llama la atención que esa psiqué vista en tales condiciones por Juan sea la persona muerta, como si estuviera viva, y que luego se diga que “vivieron”, es decir, resucitaron. Si la visión los mostrara como cuando estaban vivos, ¿por qué se los muestra resucitando? Tiene más sentido interpretar que la visión muestra el vestigio de una vida humana que terminó, su alma o esencia vital personal, revistiéndose nuevamente de un cuerpo de resurrección.

En cualquier caso, según la Biblia, la psiqué, el alma o vida del ser humano, puede ser salvada por la Palabra de Dios (Santiago 1:20), y sacarla del error la salva de la muerte (Santiago 5:20), entendida como la muerte física o la muerte eterna, eternamente separado de Dios. Los deseos de la carne – es decir, los apetitos corporales, sobre todo cuando el deseo excesivo se vuelve pecaminoso – combaten contra la psiqué (1 Pedro 2:11), y el fin, el objetivo o meta de la fe, es su salvación (1 Pedro 1:9).

Todos nosotros, todos los seres humanos, somos gente con alma. Sea vida, esencia inmaterial eterna, nuestro ser y personalidad; gente con alma. Y la obra de Cristo tiene como propósito darnos una nueva vida – una nueva alma – sacarnos de error del pecado – salvar nuestra alma de la muerte – y llevarnos a una vida de fe, para salvar nuestra alma. No descuidemos nuestra alma, desoyendo el mensaje del amor de Dios en Jesucristo. La fe en Jesús le trae a nuestra alma salud, lo cual es también el deseo de Dios, quien nos dice en 3 Juan 2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

 

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista, profesor universitario y ejerce el pastorado en el Centro Evangelístico de la calle Juan Jacobo Rosseau 4171 entre Villagrán y Enrique Clay, barrio de la Unión en Montevideo.

5 Comments

  1. Yolanda dice:

    Hola, Muy interesante la charla sobre El Alma sería interesante diferenciarla del “Espíritu” pues hay mucha confusión sobre qué es una cosa y la otra…

    • Álvaro Pandiani dice:

      La idea era hacer una columna complementaria sobre “Gente con espíritu”. Pero nos agarró fin de año y se nos vino el final de la temporada. Tal vez el año próximo.
      Gracias, Dios la bendiga.

  2. Mario dice:

    Antes de hacer un comentario deseo aclarar que no veo y por eso usó un programa que me permite escribir hablando. Debido a mi dificultad no he podido desarrollar todo la nota pero puedo decir que en el alma están las emociones y los sentimientos y cuando la gente expresa los mismos podemos ver parte de esa alma invisible Por eso nos dice la Biblia que de la abundancia del corazón habla la boca fraternal abrazo y que nuestro padre los continúe bendiciendo amén

  3. Elizabeth dice:

    Siempre lo escucho. Es excelente el Dr. Pandiani. Bendiciones, para todo el equipo de Radio TRASMUNDIAL.

  4. Rosa dice:

    Lo escuche anoche en rtm ¡Muy iportante el tema! ¡Dios nos creo para la eternidad y puso en nosotrs lo inmortal! Por que nos creo a su semejanza ¡Inmortales el cuerpo es transiorio pero el alma es eterna.

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