Verdadero servicio

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Verdadero servicio

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Si te propones algún día mandar con dignidad, debes servir con diligencia.Conde de Chesterfield (1694-1773) Político y escritor inglés.

JUAN 13:

sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,

se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

En el tiempo del Ministerio del Señor era una costumbre cuando se tenían visitas en casa, tener un siervo que se encargaba de lavar los pies de los visitantes. Las calles polvorientas, los largos trechos caminados y los zapatos de ese tiempo eran sandalias abiertas exigían que el anfitrión proveyera en términos de cortesía, descanso y buena presencia la oportunidad de lavar los pies a través de un siervo.

No era un trabajo muy apetecido. Por eso al llegar al Apóstol Pedro él reaccionó inmediatamente diciendo:
“ Señor, ¿tú me lavarás los pies?. V.6

No era un trabajo o acción entendible a primera vista. Por eso el Señor le contestó :
“ Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después”.  V.7.

Ante esa acción tan noble, pura, sencilla y confrontadora, lo que primero sale a flote es el orgullo.
“Pedro le dijo: –No me lavarás los pies jamás”.  V. 8.

El verdadero y genuino servicio revela el orgullo, lo desenmascara. Orgullo disfrazado y sutil.
“Jesús le respondió: —Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.” V.8

Cuando no entendemos el valor del Servicio en la perspectiva Divina caemos fácilmente en los extremos. O nos negamos a que nos sirvan o explotamos a quienes quieren servirnos.

Le dijo Simón Pedro: —Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

Jesús le dijo: -El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis  aunque no todos. V9,10.

 

¿Por qué Ninguno de los Discípulos se preocupó en proveer para el Señor el lavamiento de sus pies?
¿Por qué Pedro va de un extremo al otro entre “ Tú no me lavarás los pies jamás” y “ No sólo mis pies, Señor sino mis manos y mi cabeza?.
¿Por qué siendo tan degradante lavar los pies de todos a la hora de la comida, Jesús tomó el Lebrillo y la Tolla y lo hizo?¿Quería acaso impresionar a sus Discípulos?
Por qué nos cuesta a nosotros entender en la Vida la grandeza del Servicio?.
Por qué queremos vivir como Señores para ser servidos aún en el ministerio?

¿Cuál es el Fundamento del Servicio Pleno?

Dice Juan:
“Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba”. V. 3

Es un triple fundamento.

  1. Seguridad de quién soy y lo que tengo” – Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos.
  2. Seguridad acerca de dónde vengo. “y que había salido de Dios”.
  3. Seguridad de a dónde voy. “y a Dios iba”.

Estas tres seguridades en la vida son las que van a determinar mi servicio no importa dónde, ni qué sea.

Jesús sabía sus dones, su Ministerio y que todo le había sido dado por Dios el Padre y que había un propósito en todo lo que Dios le había concedido.  Cuando yo estoy seguro de lo que Dios ha puesto en mis manos y el propósito de mi llamado nadie me detendrá en hacer lo que Dios quiere que haga.

Cuando entiendo de dónde vengo, cuál es la trayectoria de mi vida y cómo Dios ha operado en cada una de las etapas de mi existencia y que nada se ha perdido en la historia sino que él ha trabajado con diligencia desde antes de que yo naciera hasta este día, nadie podrá limitar mi servicio a Dios y a la gente.

Finalmente, cuando yo sé a dónde me dirijo, entonces la transcendencia de mi vida y ministerio se dispara con efectividad ilimitada aún en el servicio más simple.

Por la seguridad que tenía Jesús de lo que estaba en sus manos, de dónde venía y adónde iba es que el evangelio termina este episodio de esta manera:
Así que, después que les lavó los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo: –¿Sabéis lo que os he hecho?Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió.  Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.  » Cerca, muy cerca de nosotros se presentan cada día las mejores oportunidades para servir.

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