La Familia de Dios

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La Familia de Dios

Lectura: Efesios 2:11-22

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.” v.19

Un amigo contaba sobre su vida en un hogar de huérfanos cuando era un niño, de cómo lo había pasado y de las necesidades que enfrentó, especialmente para alimentarse ya que para satisfacer esta necesidad aprendió a robar. Relataba cómo fue testigo de abusos y violaciones que algunos de sus “hermanos en desgracias” sufrieron.

Al final de su relato, dijo a sus colegas Profesores, que había sido un Maestro quien lo llevó a trabajar a una escuela para realizar servicios de aseo y que lo incentivó a estudiar la noble profesión de Profesor Básico. Así lo hizo. Siendo de este modo cómo la educación lo liberó de haberse convertido en un delincuente. Podemos, entonces afirmar con convicción que una persona que ha sufrido la orfandad de sus padres, solo en Jesucristo puede hallar esa familia que no tuvo.

En efecto, cuando aprendemos a orar el Padre Nuestro aprendemos que tenemos un Padre tierno, amoroso y justo. Nos convertimos todos los creyentes en hermanos y hermanas. Filialmente nos unen lazos muy fuertes, más poderosos que los vínculos de sangre.

Sí, la familia de Dios existe, somos los hijos pródigos que hemos regresado al hogar paterno recibiendo una amorosa bienvenida y no un reproche del Padre de Amor quien, restaura, limpia, viste y hace fiestas por el feliz retorno del perdido.

Quienes siempre han contado con una familia no deben olvidar que somos pecadores y que por gracia de Dios nos adoptó como sus hijos, convirtiéndonos a todos como herederos del Reino.

Luis Canihuante, Chile

Gracias Señor, por nuestras familias espirituales
Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 16, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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