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Una reflexión sobre la pérdida de los valores

Por: Pr. Salvador Dellutri*

Un terror de nuestra infancia: el “IN”. Las calificaciones durante el ciclo primario tenían dos opciones: Suficiente o Insuficiente. Basta con esta explicación para justificar el terror. “IN” significaba que no habíamos estudiado, por lo tanto tendríamos que despedirnos de juegos, pasatiempos, paseos o vacaciones hasta que desapareciera de nuestro boletín. Será por eso que me llamó la atención que varios programas de televisión usaran títulos con ese sufijo: Intrusos, Intratables, Implacables, Infama. Para la productora general le sugiero algunos títulos para el futuro: Insufribles, Insolentes, Inaguantables.

Hagamos una breve reseña del significado de estas palabras.

Intruso es quien se ha introducido sin derecho en un lugar donde no tenía que estar. Encierra el concepto de invasión, infiltración, agresión,  ofensiva. Todos conceptos relacionados con la violencia.

Implacable es quien no se puede aplacar, que a su vez significa  amansar, suavizar o mitigar. Por lo tanto es implacable el que es feroz, violento, agresivo, tenaz.

Intratable es una persona difícil, de mal genio, con el que es complicado establecer un vínculo.

Infama viene de infamar, quitar la honra, la fama, el prestigio, la estimación del prójimo.

Todos estos términos tienen un contenido negativo, designan conductas y actitudes agresivas y violentas. ¿Es una casualidad? Bastaría detenerse unos pocos minutos en esos programas para ver que responden a un patrón invasivo, agresivo y conventillero. Cualquier tema que plantean se encara con superficialidad y los conductores buscan, a veces con desesperación, producir reacciones desbordadas en alguno de los participantes. La violencia verbal y la agresividad -en muchos casos extorsiva- convirtieron a ciertos personajes mediocres en temibles.

Todos estos programas son el reflejo de una realidad que, vista con objetividad, muestra una característica del argentino actual: la constante agresividad. Hay una incapacidad para relacionarse con el prójimo sin volcar un mayor o menor grado de violencia.

En la web, los portales de noticias abren un espacio para que los seguidores se expresen sobre la el tema tratado. Lo usual es el comentario agresivo, irónico, descalificante, insultante, provocador, humillante. Lo mismo se ve en los medios de transporte, en la calle, en los comercios, donde los buenos modales y la educación fueron olvidados.

La alarmante cantidad de femicidios testifica que la violencia también está instalada en la intimidad del hogar, que hay violencia latente que en algunos casos emerge como homicidio y en otros queda oculta a los ojos de la sociedad para que los protagonistas puedan mantener la fachada social.

Tengo la impresión que se ha perdido la capacidad de razonar, analizar los problemas con serenidad, argumentar y discutir con altura: no sabemos honrar, pero somos expertos en infamar. Dejamos de respetar los límites y creemos que tenemos derecho a intrusar al otro. Parecería que en la relación con el otro siempre debemos ser implacables y que beneficia tener una imagen de intratables.

¿Qué revela todo esto? Que hemos abandonado el mundo de los valores para manejarnos con los antivalores. ¿Cuál es el futuro que tiene una sociedad que toma este rumbo? ¿Cuál será su destino final?

El cristiano está llamado a ser lumbrera de la sociedad, no manejarse con los parámetros aceptados por la mayoría, sino a analizar la realidad a la luz de las enseñanzas de Jesús. Tenemos la obligación de relacionarnos sosteniendo y defendiendo siempre la verdad, la honradez, la honestidad, el respeto, el diálogo, la misericordia, la bondad… Todo esto es largo de enumerar, pero forma la base de fe sobre la cual se puede edificar una sociedad diferente.

El asunto es que estemos dispuestos a resistir y producir el cambio que necesitamos.

*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno”, “La Fe y el sentido de la vida”, “Ética y Política”,  “En primera persona” entre otros. Produce dos programas de Radio Trans Mundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

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