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Maruja ¿de la buena? – 2

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

En este ensayo vamos a seguir comentando el contenido de un artículo médico que, sobre la base de una extensa bibliografía científica, trata acerca de las consecuencias sobre la salud humana del uso de marihuana. El artículo en cuestión es Efectos adversos sobre la salud del uso de marihuana, publicado en el número de junio de 2014 de la New England Journal of Medicine, cuyos autores son miembros del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, una dependencia gubernamental de Estados Unidos. En la primera entrega se abordaron algunos aspectos generales – aunque muy importantes – del tema, tales como el riesgo de adicción derivado del consumo de marihuana, la droga en cuestión como puerta de entrada a otras drogas más “fuertes”, y el riesgo que representa su consumo en aquellos que conducen vehículos con motor. En relación a los dos primeros puntos – riesgo de adicción y puerta de entrada – ambos han sido tradicionalmente negados por aquellos que preconizan y defienden el consumo libre y legal de la marihuana; sin embargo, como vimos, la evidencia científica surgida de estudios clínicos y epidemiológicos y agrupada en el artículo mencionado, indica precisamente lo contrario. Ahora vamos a enfocarnos en otros aspectos, que también tienen que ver con el consumo de esta droga.

En el apartado sobre los efectos en el desarrollo cerebral, los autores nos informan que el cerebro prosigue desarrollándose, incorporando la experiencia, hasta aproximadamente los veintiún años de edad. En ese período es vulnerable a agresiones ambientales, entre las que debe consignarse la exposición al THC. El artículo continúa diciendo que estudios en modelos animales demostraron cómo la exposición – durante el período intrauterino o durante la adolescencia – al THC, modifica la sensibilidad al sistema de recompensa a otras drogas – lo cual ya mencionamos en la entrega anterior – y además, en el caso de la exposición prenatal – es decir, cuando la madre fuma mientras está embarazada – existe una interferencia con el establecimiento de las conexiones entre las neuronas. Estas conexiones interneuronales – conexiones físicas y funcionales entre las principales células del cerebro – fundamentales para el adecuado funcionamiento cerebral, se ven afectadas en zonas específicas, que tienen que ver con funciones como, por ejemplo, la vigilia – mantenerse despierto y alerta – la conciencia de sí mismo, el aprendizaje, la memoria, el control inhibitorio – lo que tiene que ver con la inhibición de conductas, por ejemplo, no bien vistas en sociedad – y también con el procesamiento de hábitos y rutinas. Los autores insisten en que este efecto negativo sobre el funcionamiento cerebral “es especialmente notable si el consumo comienza en la adolescencia o en la adultez temprana”1. Según refieren, este efecto podría explicar un fenómeno consistente en la asociación entre el consumo de marihuana desde la adolescencia, y una “disminución significativa del cociente intelectual”1. Esto significa, ni más ni menos, una reducción del nivel de inteligencia, en aquellos adolescentes y jovencitos que consumen marihuana.

Los efectos sobre el desempeño escolar, estudiados en distintas investigaciones clínicas, arrojan evidencias que sugieren que el consumo prolongado o intenso produce deficiencias cognitivas. Esto sucede no sólo en la intoxicación aguda, durante o inmediatamente después de un consumo – cuando el cerebro está bajo los efectos del THC – sino también en forma continuada. Esta disminución del nivel cognitivo se traduce en dificultades de aprendizaje, las cuales obviamente incidirán en la capacidad de “lograr objetivos educativos cada vez más exigentes”1. Todos sabemos que las exigencias son – o deberían ser – cada vez mayores, para alcanzar objetivos de formación académica más elevados; fundamentalmente a nivel secundario, en preparación para la llegada a la etapa de estudios universitarios, donde las exigencias crecen exponencialmente, en concordancia con las exigencias y las responsabilidades del desempeño profesional. Los autores mencionan una asociación entre el consumo regular de marihuana y bajas notas escolares. En este sentido, y dado que esta información está a disposición de los actores académicos y políticos, la legalización y actual tutela del uso de la marihuana por parte del estado uruguayo – eufemísticamente llamada por el gobierno “regulación y control del cannabis” – es, en forma indirecta, una política educativa muy negativa. Los autores del artículo que venimos comentando reconocen contradicciones en la evidencia aportada por los estudios; pero estas contradicciones tienen que ver con la reversibilidad o no del efecto negativo del consumo crónico de marihuana sobre las capacidades cognitivas. Mientras que unos estudios parecen sugerir que las deficiencias cognitivas pueden ser reversibles y no incapacitantes, otros estudios señalan que el consumo prolongado e intenso altera la capacidad de atención y la memoria, y que estos déficits van agravándose según se continúa el consumo por años, sobre todo cuando el mismo comenzó durante la adolescencia. Una afirmación del artículo que merece reproducirse es la siguiente: “el consumo intenso de marihuana se vinculó con menores ingresos, mayor necesidad de asistencia socioeconómica, desempleo, conductas delictivas y menor satisfacción vital”1. Desafortunadamente, en nuestro país todas estas cosas suenan conocidas: consumo de marihuana, desempleo, conductas delictivas, y asistencia socioeconómica, en nuestro caso, asistencia estatal, en base a los abultados impuestos cobrados a la población que trabaja para producir, para ganar su sustento y el de su familia, y que – generalmente – no consume marihuana. Repito, impuestos cobrados a personas con cultura de trabajo, que se esfuerzan por salir adelante y lograr algo en la vida y que, generalmente, no consumen marihuana.

Uno de los aspectos más trascendentes – desde el punto de vista médico – del hábito de fumar marihuana es el riesgo de enfermedades somáticas derivadas del consumo. La asociación entre consumo de cigarrillos de marihuana – el popular “porro” – y el cáncer, ha sido debatida, y aparentemente el riesgo no es claro. La razón de las dificultades en clarificarlo es la asociación con el consumo de tabaco. Los tumores implicados son cáncer de pulmón, y cáncer del aparato digestivo. Aunque la evidencia indica que el riesgo podría ser menor con la marihuana que con el tabaco, no es posible descartarlo. Por otra parte, sí está clara la asociación con inflamación crónica de las vías respiratorias, lo que hace a los fumadores de marihuana más proclives a presentar bronquitis crónica; esto es, tos y expectoración persistente por varios meses – especialmente en invierno – durante años, con frecuentes empujes infecciosos, tal como sucede con los fumadores. También, la inmunidad del sistema respiratorio se ve afectada, y estas personas presentan mayor cantidad de infecciones respiratorias, algunas de las cuales pueden requerir internación en centros hospitalarios para su tratamiento. Todo esto merma la calidad de vida de estas personas. Asimismo, el consumo de marihuana se vincula con problemas vasculares, incrementando el riesgo de infarto cardíaco y accidentes cerebrovasculares, sobre todo en el curso de la intoxicación aguda.

En cuanto a trastornos psicológicos y enfermedades psiquiátricas, se ha asociado el consumo habitual de marihuana con ansiedad, depresión y psicosis (sobre todo esquizofrenia). En psicóticos esquizofrénicos, la evolución de la enfermedad se ve agravada. Los autores refieren, no obstante, que no ha se establecido una causalidad, por lo que no es posible atribuir un mayor riesgo de enfermedad mental al uso de marihuana.

En la entrega anterior decíamos que la ley apuntó casi exclusivamente a legalizar el uso recreativo de la marihuana. Actualmente, y desde hace poco tiempo, Uruguay cuenta con un compuesto medicinal a base de un derivado cannabinoide (concretamente, cannabidiol), que se puede comprar bajo receta médica2. Las enfermedades o condiciones clínicas en las cuales pueden tener indicación los derivados cannabinoides son: glaucoma, náuseas asociadas a quimioterapia por cáncer, anorexia asociada a SIDA, dolor crónico, procesos inflamatorios, diversos trastornos en pacientes con esclerosis múltiple, y algunos tipos de epilepsia, sobre todo en niños.

En relación al glaucoma, una enfermedad ocular en la que hay aumento de la presión dentro del ojo, existe evidencia sobre el efecto beneficioso del THC y otros cannabinoides – pero no del cannabidiol – para la reducción de la presión intraocular. Los autores del artículo dicen que se necesitan más investigaciones para determinar cuáles cannabinoides son capaces de modular la presión intraocular; pero destacan que otros tratamientos, actualmente en uso, son más efectivos para darle este beneficio a los pacientes. En los pacientes con náuseas y vómitos derivados de quimioterapia por cáncer, está establecido que los cannabinoides – particularmente el THC – son agentes efectivos, más para suprimir las náuseas que los vómitos. Pero también se advierte sobre una hiperémesis paradójica – es decir, un aumento de los vómitos – provocada por el uso repetido de derivados de marihuana. En pacientes con SIDA, el uso del cannabis, fumado o ingerido, fue reportado como útil para mejorar el apetito y subir de peso, así como para mejorar el estado de ánimo y la calidad de vida. Sin embargo, nos dicen los autores, para la fecha de publicación del artículo que venimos comentando, no había evidencia de un efecto sostenido del cannabis sobre la morbilidad y mortalidad vinculada al SIDA, que justificara agregar cannabinoides al arsenal terapéutico para pacientes con esta enfermedad, que reciben tratamiento antiviral adecuado. Los datos, sostienen los expertos, no son concluyentes. En cuanto al dolor crónico, de distinto origen – por ejemplo, dolor reumático o dolor neuropático – los estudios demuestran que los cannabinoides son capaces de modular la respuesta dolorosa, por lo que sí son efectivos en mejorar el dolor. De igual forma, los cannabinoides son efectivos en reducir la inflamación, y en el artículo que comentamos, los autores nos informan que el cannabidiol es un agente prometedor en el tratamiento de la artritis reumatoide y enfermedades inflamatorias intestinales. En los pacientes con esclerosis múltiple, el THC y el cannabidiol han mostrado efectos beneficiosos en el tratamiento del dolor neuropático, los trastornos del sueño, y la espasticidad muscular. Finalmente, en la epilepsia hay estudios animales y en humanos que han mostrado beneficio en la reducción de la frecuencia de crisis epilépticas.

En el uso prolongado de compuestos derivados del cannabis bajo indicación médica, los autores dicen que existe preocupación, y dan como ejemplo evidencia que sugiere que los pacientes con SIDA pueden sufrir mayor deterioro de sus funciones cognitivas; más deterioro aún que el vinculado con el propio VIH.

Hablando de políticas públicas sobre marihuana, los autores dicen que es necesario investigar más. Y al respecto, nos dejan un párrafo que debería ser muy tenido en cuenta, a la hora de evaluar los efectos y las consecuencias de la actual política sobre marihuana en nuestro país: “Históricamente, ha habido una relación inversa entre el consumo de marihuana y la percepción de sus riesgos entre los adolescentes. Si presumimos que esta relación inversa es causal, ¿la mayor permisividad podría aumentar el número de jóvenes expuestos regularmente al cannabis?”1. Ésta última parece, más que una pregunta, una interrogante; es decir, una pregunta con su respuesta incluida. Y la respuesta es un rotundo sí. En relación a la necesidad de más información, estos autores de un instituto especializado de Estados Unidos tuvieron en cuenta a nuestro país, al mencionar a Uruguay entre los lugares donde los cambios en la legislación y las políticas sociales pueden proporcionar datos a futuro.

Al cierre del artículo que comentamos en estas dos columnas, los autores nos recuerdan el valor instructivo que tiene lo que ocurre con las dos drogas tradicionalmente legales – alcohol y tabaco – las cuales “son responsables de la mayor carga de enfermedad asociada con drogas”1, no porque sean más tóxicas o riesgosas, sino porque son las que más se consumen, justamente por ser legales. En virtud de esto, nos dicen, la legalización de la marihuana hace que sea legítimo asumir que se incrementará el consumo de esta droga, lo cual tendrá un impacto negativo mayor sobre la salud de las personas. Dado que, en Uruguay, ya desde el año pasado tenemos marihuana circulando en forma legal desde las farmacias, es de esperar que podamos disponer de datos epidemiológicos fiables acerca del consumo de esta droga, para comprobar si en nuestro país ambos aspectos de este problema tienen también esa evolución. Sospechamos que será así.

¿Llegamos tarde con este aporte sobre el consumo de marihuana? No, porque el problema está en marcha, y están en marcha la asistencia y la investigación continua, para mejor atender a las personas que, por causas diversas, eligen el camino del consumo de sustancias psicoactivas para enfrentar sus problemas – como si realmente esa fuera la forma racional de hacerlo – para evadir los conflictos, o simplemente para divertirse. Decir que llegamos tarde sería lo mismo que decir que llegamos tarde, cada vez que advertimos sobre los efectos del alcohol y el tabaco, al individuo y a distintos colectivos.

¿Tenemos la solución mágica para ofrecer a aquellos que, por la razón que sea, elige el camino del consumo de sustancias psicoactivas? No, porque las soluciones mágicas no existen. Lo que hacemos como cristianos es seguir apelando a la conciencia individual y al libre albedrío de cada uno, con información objetiva. Porque la información objetiva combate el engaño, y brinda armas para luchar contra la tentación, la debilidad, la presión del grupo social, y las propias necesidades de aceptación. Y también creemos que la fuerza interior que viene de una vigorosa vida espiritual, ayuda efectivamente para planificar y mantener una vida sin drogas de abuso de ningún tipo, legales o ilegales.

Quiera Dios que muchos consumidores de estas sustancias, que tanto daño hacen a su salud física, mental y emocional, elijan el camino de salir de dicho consumo, procurando edificar una vida espiritual, una vida de fe, basada en Jesucristo.

 

1) 1) Adverse Health Effects of Marijuana Use. Nora D. Volkow, M.D., Ruben D. Baler, Ph.D., Wilson M. Compton, MD, and Susan R.B. Weiss, Ph.D. June 5, 2014. N Engl J Med 2014; 370:2219-2227. DOI: 10.1056/NEJMra1402309

2) https://www.elobservador.com.uy/un-primer-dia-dificil-el-cannabis-medicinal-farmacias-n1152975

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista, profesor universitario y ejerce el pastorado en el Centro Evangelístico de la calle Juan Jacobo Rosseau 4171 entre Villagrán y Enrique Clay, barrio de la Unión en Montevideo.

 

 

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