Nada de jactancia

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Nada de jactancia

Lectura: Efesios 3:1-8

“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos…” v.8

¡Qué actitud tan diferente a la de algunos predicadores y líderes actuales! Pablo creía ser el menor de todos los creyentes, demostrando que quienes tienen más visión y comprensión espiritual siempre serán los más humildes y jamás se consideran superiores.

¿Por qué esta verdad tan esencial se ha borrado de la mente de algunos ministros contemporáneos? Hay tantos líderes cristianos pavoneándose por las visiones espectaculares que reciben, que hacen sentir a los más sencillos como insignificantes en el Reino por su escaso y pobre conocimiento. Entonces —a pesar de que ellos fueron llamados a servir al pueblo de Dios—, se convierten en señores a quienes todo el mundo debe servir, atender, complacer y obedecer, por pretender que Dios les ha dado a ellos una visión especial y un ministerio superior. Es terrible, vergonzoso y constituye una afrenta al evangelio de la gracia. Lo es porque tal actitud se basa en una distorsión de la enseñanza bíblica de la sumisión mutua que debemos ofrecernos los unos a los otros y no solo los creyentes comunes hacia sus pastores y líderes.

Ya sea que seamos sencillos creyentes o personas a quienes Dios levanta para algún ministerio especial o liderazgo connotado, debemos mantenernos humildes. Si Dios nos quiere usar en el pequeño marco familiar o de un grupo de estudio bíblico, o nos coloca frente a una iglesia o a un ministerio internacional, debemos servirle sin pretensiones de superioridad. Todo lo bueno que podamos hacer en la obra de Dios es producto de su gracia insondable y no de nosotros mismos.

Alberto I. González Muñoz, Cuba

Cristo fue humilde. ¿Puedes serlo tú?
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