La Familia de Dios

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La Familia de Dios

Lectura: Efesios 2:14-19

“Así que no sois extranjeros ni advenedizos…” v.19

Toda persona que tiene a Cristo como su Salvador personal es miembro de la familia de Dios y debemos desarrollar con ella una verdadera comunión cristiana, aunque en determinados aspectos de nuestra experiencia de fe sostengamos criterios y experiencias disímiles.

En la familia de Dios nadie es extranjero ni advenedizo. Aunque otras versiones y traducciones de la Biblia no utilizan la palabra advenedizo en Efesios 2:19 como hace la Reina Valera, me encanta la utilización de ese término aunque en la lengua castellana tiene connotación despectiva. Se refiere a alguien que siendo forastero, va sin empleo ni oficio a un lugar ajeno con el único fin de prosperar o a quien tras reunir cierta fortuna, pretende figurar entre gentes de mayor condición social. Un advenedizo es un arribista entrometido en un medio al que no pertenece. Acusar a alguien de advenedizo es un insulto a su dignidad. Significa que no tiene derecho ni condiciones para estar dónde y cómo pretende.

Pero al abrazar la fe, nadie es extranjero ni advenedizo; es un hijo o una hija de Dios en Cristo, con la bendición de poseer un número incontable de hermanos y hermanas procedentes de múltiples naciones y culturas disímiles. ¡Nadie es un advenedizo, venga de donde venga! La vida anterior, condición social, nacionalidad o posición económica, nivel cultural ni tantos otros factores que suelen dificultar la comunión entre los seres humanos, logran impedirlo. En Cristo todos pertenecemos al linaje de Abraham, somos herederos de la promesa. Llegamos a ser “conciudadanos” y miembros de la familia más grande y hermosa de la tierra.

Alberto I. González Muñoz, Cuba

Cristo abolió en su carne las enemistades. ¡Amémonos!
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