La violencia de Dios – Parte 1

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La violencia de Dios – Parte 1

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Varios años atrás, un par de hermanos de la congregación trajeron quinientos folletos para actividades evangelísticas de la iglesia. Estos eran los del tipo “selección bíblica”, o sea, porciones de texto de la Biblia, a los que no se agregaba meditación o comentario evangelístico alguno, de parte de los editores; un tipo de literatura cristiana breve muy utilizada con fines de evangelización, utilización basada en la convicción de que la fe viene por el oír – o leer – la Palabra de Dios, de acuerdo a lo escrito por el apóstol Pablo en Romanos 10:17. Previo a que se utilizara el material adquirido por estos hermanos leí uno de los folletos, para enterarme de cuál pasaje bíblico contenían, una costumbre que tengo desde muy joven, más allá del renombre o prestigio – y de la confiabilidad – que tenga la organización o agencia misionera que proporciona el material. Con asombro comprobé que los párrafos eran extractos de un libro del Antiguo Testamento, en el cual se ordena – en nombre de Dios – invasión, guerra y exterminio de naciones, hombres, mujeres y niños, incluso bebés. No me quedó otra alternativa que indicarles a las personas que tan voluntariosamente los habían adquirido que procuraran cambiarlos, o devolverlos, ya que me parecieron totalmente inadecuados para evangelismo, desde el momento que evangelizar implica compartir con todas las personas las buenas noticias del amor y el perdón de Dios por la fe en Jesucristo. Obviamente, en aquel momento tomar una decisión así me generó algunos escrúpulos de conciencia, ya que, al final de cuentas, aquella era una porción de la Sagradas Escrituras. Me martillaban la cabeza palabras escritas por Pablo a Timoteo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Pero a pesar de eso me preguntaba, y todavía nos podemos preguntar: ¿podemos utilizar en evangelismo – es decir, en compartir las buenas noticias del amor y el perdón de Dios por la fe en Jesucristo – textos del Antiguo Testamento en los que se habla de violencia extrema y aniquilación de personas en nombre de Dios?

Fue la Biblia la que me ayudó a resolver el dilema, pues recordé un pasaje también dirigido a Timoteo, en el que leemos: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Es decir, que quién sirve a Dios en su obra – el “obrero” – debe saber usar – es decir, adecuar, dirigir apropiadamente – la palabra de verdad, esto es, la Palabra de Dios. Ya dijimos – dos veces – qué es evangelizar: anunciarle a quienes están distanciados de Dios y perdidos en sus pecados, la gracia y el amor de Dios mostrados en Jesucristo; de modo que, para evangelizar apropiadamente, debo elegir pasajes de la Biblia que sean adecuados para ese objetivo. En otras palabras, necesito usar bien, manejar debidamente, dirigir con sabiduría y buen tino el mensaje, para comunicar de mejor y más efectiva forma el evangelio de Jesús. Hasta aquí todo bien, pero también cabía – y cabe – preguntarse: ¿qué abordaje le damos a esos pasajes del Antiguo Testamento en los que se habla de violencia extrema, como ordenada por Dios a su pueblo, a ser cometida contra las gentes de otras naciones? En el ciclo “Tambores de guerra santa”, una serie de reflexiones sobre la relación entre el cristianismo y el Islam que hicimos hace algún tiempo, en su primera parte expresábamos lo siguiente: “¿y qué del Antiguo Testamento? ¿Qué, por ejemplo, de la conquista de Canaán, cuando por “mandato de Dios” hombres, mujeres y aún niños fueron pasados por la espada? ¿Qué de las guerras de Israel contra las naciones vecinas suyas, vistas como enemigos crónicos, y a veces consideradas “guerras de Dios”?”.

Uno de los aspectos básicos de la fe cristiana, tal como lo entendemos los evangélicos, es nuestro apego a la Biblia; consideramos que la Biblia es la Palabra de Dios. Como está escrito en el pasaje de 2 Timoteo 3:16 que ya citamos, creemos que Toda la Escritura es inspirada por Dios; también el Antiguo Testamento, incluyendo esos pasajes. El cristianismo evangélico sostiene la doctrina de la inspiración verbal y plenaria de las Sagradas Escrituras: cada palabra (verbal) y todas las palabras (plenaria) fueron inspiradas(1), haciendo la salvedad que esta inspiración se refiere a los idiomas en que fue escrita originalmente la Biblia. Por lo tanto, y según este concepto, el mismo Dios que inspiró al apóstol Juan a escribir aquellas palabras sublimes en su evangelio: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (3:16), es el que inspiró a un ignoto escritor sagrado del Antiguo Testamento – tal vez Samuel, tal vez otro – a escribir un pasaje como el siguiente: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos” (1 Samuel 15:2 – 3). Esta aparente contradicción entre un amor infinito por todos los seres humanos perdidos, expresado en el sacrificio supremo del Hijo de Dios, que es lo que nos muestra el Nuevo Testamento y el cristianismo predica – con más o menos acierto – por un lado, y por otro la rigurosidad extrema que castiga un hecho acaecido algunos siglos antes, en personas que no podían haber participado en ese hecho, con el mandamiento directo de no tener piedad, obliga a un enfoque sincero, en procura de una explicación. También lo decíamos en ocasión de reflexionar sobre cristianismo e Islam en la serie Tambores de guerra santa, esto requiere explicación, pues si afirmamos que Dios es un Dios de paz – como se lee en 1 Corintios 14:33 – inevitablemente surge, en quienes conocen la Biblia, la consideración de hechos como el mencionado. Y es entonces que con honestidad debemos preguntarnos: el Dios que nos presenta la Biblia, ¿qué clase de Dios es? ¿Un Dios de amor misericordioso sin límites? ¿O un Dios iracundo, violento, vengativo y sanguinario? ¿Cómo armonizamos esto?

En varias oportunidades, luego de emitir columnas de este programa en las que hablamos sobre diversos temas, surgió de parte de distintos oyentes/lectores que entraron al foro de cada artículo a realizar su aporte, una alusión a ese Antiguo Testamento en el que destaca la violencia; una violencia ejercida por el pueblo de Israel – el pueblo elegido de Dios – contra sus enemigos, “por mandato de Dios”, según se desprende de lo escrito en la misma Biblia. En el artículo “La sangre de los mártires”, un forista nos planteaba lo siguiente: “Las religiones mayoritarias, (por decirlo de algún modo) en sus libros sagrados invariablemente se encuentran instigaciones a la violencia, y a tomar vidas ajenas”; en seguida cita el pasaje de 1 Samuel 15 sobre la orden de exterminio de Amalec, ya citado, y dos pasajes más: lo sucedido cuando Israel adoró el becerro de oro, al pie del Monte Sinaí (“Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente”; Éxodo 32:27), y la orden acerca de cómo tratar con los pueblos de Canaán, una vez que Israel hubiera entrado a la tierra prometida (“de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado”; Deuteronomio 20:16, 17).

En el foro del artículo “Unos tipos muy buenos”, sobre la bondad única de Dios que nos presenta la Biblia, un lector nos planteó lo siguiente: “Me gustaría que me señalara en que parte del siguiente pasaje se muestra bondad: “Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Mataron también, entre los muertos de ellos, a los reyes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, cinco reyes de Madián; también a Balaam hijo de Beor mataron a espada. Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes, e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones. Y tomaron todo el despojo, y todo el botín, así de hombres como de bestias. Y trajeron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a la congregación de los hijos de Israel, los cautivos y el botín y los despojos al campamento, en los llanos de Moab, que están junto al Jordán frente a Jericó”. Este pasaje bíblico se lee en Números 31:7 – 12, un hecho que, según se refiere al inicio del capítulo, constituyó “la venganza de los hijos de Israel contra los madianitas” (v. 2), según palabras que “Jehová habló a Moisés” (v. 1).

También en “Ataque de furia”, a propósito de una alusión a Moisés, un forista nos aportó el furibundo comentario que sigue: “Las acciones de Moisés hoy en el siglo XXI serían calificadas de genocidio o crímenes de guerra. Yo creo que deberíamos condenar fuertemente la conducta de Moisés, la cual no se asemeja ni por asomo a la del Maestro Jesús. Soy parte (de) aquellos a quienes les cuesta creer que Dios (nuestro Señor) haya encomendado a Moisés el genocidio de personas. Francamente no creo que los hechos fueran de ese modo. Más bien visualizo las acciones criminales de Moisés como una traición, como una desobediencia del 5to mandamiento”. También en el foro del mismo artículo, este mismo oyente escribió: “ocurre que yo, al igual que muchos otros cristianos, preferimos dudar de algunas cosas antes que creer que el Creador ordenara exterminios. No se…??? Es como si existiera una obediencia debida. Porque Dios me dice que debo matar a mi vecino voy y lo ejecuto. No!!! Yo me resisto a esa lógica. En última instancia se asemeja a las barbaridades islámicas que en nombre de Alá van y te hacen estallar un ómnibus. O si tú prefieres algo más cercano a nosotros, el tristemente célebre tribunal de la santa inquisición tan fuertemente criticado por todos nosotros. No se… para mí tampoco es sencillo y para muchos de los nuestros tampoco es fácil”.

En estos comentarios, llegados de parte de tres oyentes/lectores diferentes – o por lo menos, que se identificaron a sí mismos en el foro como personas diferentes – dejados en tres artículos distintos en los que se trataba diferente temática, se destacan algunos puntos que merecen ser tenidos en cuenta. En primer lugar, son personas que conocen la Biblia, y no solamente las partes más accesibles, aquellas que se recomiendan a quienes nunca han leído la Biblia, en general, los evangelios y otras partes del Nuevo Testamento. Los foristas citan en concreto hechos turbulentos de la historia sagrada antigua, siendo precisos en la referencia a libro, capítulo y versículo; son personas que han leído la Biblia. Segundo, al menos dos de ellos se identifican a sí mismos como creyentes cristianos; y el tercero, quien opina en “Unos tipos muy buenos”, no lo niega, pero demuestra reparos en aceptar toda la Biblia como Palabra de Dios, por ejemplo cuando dice: “Personalmente me inscribo dentro de los que creen que cuando se habla de la bondad de Dios se está hablando de: “De tal manera amó Dios al mundo…”. No obstante ello, creo que deberíamos aceptar la ambigüedad exhibida en los textos; ambigüedad que activa la posibilidad de múltiples interpretaciones”. Lo que quiero destacar en este segundo punto es que no se trata de ateos declarados y militantes contra la religión, que simplemente atacan la fe cristiana mediante el desprestigio de su libro sagrado, la Biblia, sino de personas que sinceramente buscan una respuesta que dé coherencia a la fe que albergan – en mayor o menor medida – en sus corazones. Por lo menos esa es mi impresión. En tercer lugar, todos tienen problemas para aceptar sin más que los hechos de violencia extrema relatados en el Antiguo Testamento como ejecutados por los israelitas – el “pueblo elegido” de Dios – por mandato de Dios, hayan sido efectivamente ordenados por Dios, al punto que uno de ellos, el que opina en “Ataque de furia”, llega a calificar a Moisés como criminal, genocida y traidor a los mandamientos de Dios.

Por último, todos encuentran perturbador que la Biblia presente tales cosas – la violencia en nombre de Dios – como Palabra de Dios; y que la presente como tal, al mismo nivel que los pasajes que hablan en forma sublime del amor de Dios, de la misericordia y el perdón demostrados en Jesucristo, y de los valores eternos de amor y paz contenidos en muchos párrafos de las Sagradas Escrituras. 

En qué medida estas inquietudes de los tres foristas representan las de muchos que, espiritualmente seducidos por la persona y obra de Jesucristo, al acercarse a la Biblia se encuentran con la incomprensible violencia relatada en muchas de sus páginas, y cuánta de esta violencia perturba las mentes y corazones, y aún hiere la sensibilidad de personas que con sinceridad y sencillez creen – o quieren, o anhelan creer – en Dios y en Jesús, es el motivo por el cual vamos a continuar con esta serie, tratando de aproximarnos a una respuesta o explicación, si es que la hay, para la “violencia de Dios”.

Referencias citadas en el artículo:

1) Ryrie C. Breve reseña de doctrinas bíblicas. En Biblia de Estudio. Chicago, Illinois: Editorial Portavoz; 1991: pág. 1818 – 19.

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

 

Lea y escuche aquí: La violencia de Dios – Parte 2

Lea y escuche aquí: La violencia de Dios – Parte 3

Lea y escuche aquí: La violencia de Dios – Parte 4

2 Comments

  1. […] tema de hoy es otra vez la violencia; pero no la violencia de Dios, como llamamos un ciclo sobre la violencia en la Biblia, sino la de los hombres. Porque la […]

  2. Sidney A. Orret dice:

    Estimado Doctor Pandiani:
    Desde hace muchos años, aproximadamente desde los setenta del siglo pasado, vengo escuchando los programas emitidos por Radio Transmundial. Conocí la emisora en Cuba, mi país natal. Durante muchos años de represión comunista en el país, mi esposa y yo escuchábamos los programs que eran emitidos desde Argentina y a través del transmisor de Bonaire en las Antillas Holandesas. Esos programas, en alguno de los cuales, llamado entonces la Revista Radial, conocí al pastor Salvador Dellutri y sus magníficas charlas, que fueron una ventan de aire fresco para nosotros.
    Cuando tuve que emigrar a España no pude continuar escuchando TM, hasta que la descubrí en Internet y desde entonces escucho Tierra Firme y Los grandes Temas. Ha sido en el prinmero de éstos que hace unas semanas escuchamos los dos programas en los que el pastor Delltri tuvo el acierto de entrevistarlo, entrevista en la cual mencionó su programa Diálogos a Contramano que hemos comenzado a escuchar. En la segunda parte de la entrevista, el pastor Dellutri le hizo una pregunta sobre cómo consideraba el cristianismo actual, y en su respuesta expresó una serie de cuestiones que nos tienen bastante inquietos respecto a la actividad real de la iglesia en la proclamación del Evangelio.
    Posteriormente hemos escuchad los dos programas de Diálogos sobre la Violencia de Dios, y le agradecemos mucho que trate sobre esos pasajes que nos cuesta entender como Palabra de Dios. Recuerdo que un viejo pastor en mi país nos decía a los jóvenes que no debíamos preocuparnos por lo que no entendíamos en la Biblia, que con lo que entendíamos teníamos más que de sobra para andar la vida cristiana. Y es cierto. Son tantos los que se detienen en esos pasajes evidentemente duros, que se pierden esa belleza y emoción de algunos que usted ha mencionado. Es, como decía José Martí, el prócer de la Independencia cubana, que “del sol, solo ven las manchas”.
    Muchas gracias a Dios y a usted por su labor de divulgación y enseñanza cristianas. Q él le pedimos su bendición para usted, su familia; y también para todo el equipo de Radio Transmundial, pidiéndole que nos conceda durante mucho tiempo poder seguir disfrutando de vuestro compañerismo en Cristo. A é. sea la gloria por siempre.
    Atentamente:
    Sidney A. Orret.

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