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Provisión Divina


Lectura: 1 Reyes 17:1 – 16

“Y la harina de la tinaja no escaseó” v.6

En Uruguay es costumbre comer tortas fritas los días de lluvia. Generalmente se la acompaña con el típico mate. Se piensa que esta tradición se remonta a los inicios de la sociedad uruguaya. En ese entonces, se dependía de la lluvia para llenar aljibes. Paisanas y esclavas de la ciudad, esperaban que lloviera para hacer la masa compuesta de harina, agua y sal, la que se fríe en grasa. Nuestros recursos provienen principalmente de la agricultura y la ganadería. Por lo tanto, el equilibrio entre tiempos secos y lluviosos, hoy también es fundamental.

En el Israel de Elías esta dependencia era aún mayor. Toda la economía se relacionaba con las lluvias, las que podían hacer la diferencia entre el abastecimiento y el hambre. El profeta anunció que vendría un período de sequía. Guiado por Dios, se dirige a Sarepta, ciudad situada en la región de Fenicia. Había allí una viuda que estaba pasando hambre. Apenas tenía un poco de harina y aceite para cocinar una torta. Piensa que luego de consumirla, a ella y a su hijo solo les aguarda la muerte. La situación cambia cuando encuentra al profeta. Elías la llama y le pide un bocado de pan. La mujer le expone su caso, pero el profeta la tranquiliza y la invita a cocinar como había planeado, sirviéndole a él primero. Parece extraño, pero así hizo y el relato dice que “la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija, menguó”.

Dios tampoco está ajeno a las dificultades económicas. Si le ponemos en primer lugar, depositando absoluta confianza en su cuidado, suplirá nuestras necesidades.

Alicia Ituarte, Uruguay

Los hijos confiados siempre tendran alimento

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