Tu familia impacta la economía nacional

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Tu familia impacta la economía nacional

Por: Ps. Graciela Gares

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Parte 4:

Cuando hablamos de la economía del país, pensamos que la misma es afectada por el precio internacional del petróleo, el valor del dólar, el balance entre las exportaciones e importaciones o el crecimiento del producto bruto interno o PBI. Además, creemos que el principal responsable de la conducción de la economía nacional es el ministro de dicha cartera. Ni por asomo se nos ocurre pensar que la gestión que hagamos de nuestro núcleo familiar tiene un fuerte impacto en las finanzas o las arcas del Estado. Suponemos que lo que ocurre en la intimidad de nuestro hogar solo nos atañe y afecta a sus miembros.

Les proponemos entonces hablar sobre familia y economía nacional. Analizaremos en qué medida lo que ocurre en la intimidad de cada hogar mueve la balanza de dineros del país. Así como al arrojar una piedra en un lugar del río se generan círculos concéntricos que se expanden y alejan progresivamente del punto de impacto de la piedra, asimismo, lo que ocurre al interior de nuestra casa familiar no quedará circunscripto a ese ámbito, sino que te afectará a ti, a tus vecinos, a tu barrio, tu ciudad y al resto de nuestra sociedad. Cuando decimos que la familia es la base de la sociedad, solemos pensar simplemente en términos de reproducción humana y hábitos gregarios. Pero el tipo de configuración familiar, su dinámica, su permanencia en el tiempo o su disolución, pautan las características de la sociedad a la que pertenecemos y define sus rasgos: evolucionada o primitiva, conservadora o innovadora, rica o pobre, violenta o pacífica. Una definición básica de economía la define como un conjunto de reglas o normas para administrar sabiamente una casa, una familia y por extensión la comunidad. Por ello, por ejemplo, cuando la tendencia de las familias a endeudarse crece significativamente, los economistas darán señales de alarma a la población pues puede poner en jaque el sistema financiero de un país.

Pero ¿qué pasa cuando los vínculos al interior de la familia se vuelven problemáticos, frágiles o con riesgo de disolución? ¿Alguna vez nos planteamos que el auge de los divorcios frena el crecimiento económico de una nación o que la mala crianza de los hijos obliga a los Estados a destinar partidas millonarias para atender las problemáticas que esos muchachos protagonizarán a futuro a nivel social? Sí, la mala gestión que hagamos de nuestra familia, mediante conductas individualistas o egoístas, retaceando a nuestros hijos el tiempo, el acompañamiento, las normas y límites que necesitan, siendo infieles a nuestra pareja o descuidando la unión familiar, demandará intervenciones del Estado que, para financiarlas, requerirá fondos que pagaremos entre todos a través del incremento de impuestos.

El costo de la disolución familiar

¿Ha notado que casi toda familia que sufre un divorcio se empobrece? Una ruptura familiar supone un cimbronazo afectivo-emocional para los cónyuges, sus hijos y su entorno social. No todos lo superarán. A menudo los hijos terminan en manos de psicólogos con depresiones, conductas regresivas o quizá una dislexia. Y habrá que pagar por tal servicio. Los cónyuges necesitarán de una doble vivienda, si no hay un hogar parental que acoja al que decida abandonar el hogar. Ello supondrá doble gastos de insumos (luz, agua, impuestos, etc.), amén del costo económico del trámite legal de divorcio. Requerirán quizá más horas de colegio o guardería para cuidar a los niños que antes eran atendidos por el cónyuge que llegaba antes al hogar. Se deberá pagar por ese servicio extra. Tendrán tal vez que pagar un vehículo de trasporte escolar (si antes se coordinaban entre papá y mamá para llevarlos y recogerlos). Probablemente, esos niños si son pequeños, se enfermen más a menudo dado que el sufrimiento emocional jaquea el sistema inmune del organismo y lo torna más vulnerable.

Sí; ¡el divorcio empobrece las familias! En general, ambos ex cónyuges pasan a un estilo de vida de menor confort debiendo renunciar a comodidades. Las rupturas matrimoniales parecen afectar más a la mujer que queda en custodia de los hijos y deberá salir a trabajar (si antes no lo hacía). Los gobiernos deben implementar guarderías públicas para las mamás jefas de hogar de bajos recursos y la sociedad deberá afrontar tal gasto.Un porcentaje de gente que hoy está en situación de calle, fueron expulsados de sus hogares por la ruptura de la sociedad conyugal o por dificultades de convivencia. Hoy el Estado debe velar por ellos habilitando refugios donde puedan pasar la noche, recibiendo algún refrigerio. También esto lo solventa la sociedad. Si estás viviendo en pareja, (sin violencia ni infidelidad) y surgen dificultades de convivencia, pon en la balanza qué será más redituable: buscar ayuda y apoyo para salvar la pareja y la salud emocional de tus hijos, o divorciarte y enfrentar el banquete de consecuencias adversas y dolorosas, que terminaremos pagando entre todos a nivel social.

El problema de los hijos de hogares disfuncionales

La gran mayoría de los menores que se involucran en adicciones o entran en conflicto con la ley y son institucionalizados o encarcelados, provienen de hogares disfuncionales. Un altísimo porcentaje de ellos se criaron sin figura paterna que conviviera con ellos, oficiara de modelo y acompañara su evolución. El padre es el encargado de enseñar a sus descendientes normas de vida y conducta para el desempeño social, internalizando la ley en la mente del hijo/a, en tanto la madre provee afectos y cuidados. Si la función paterna no se cumple, será fácil para ese hijo entrar en conflicto con la ley de su comunidad, obligando al Estado a intervenir, restringiendo su accionar (encarcelarlo) e intentar “reeducarlo”. Cada preso le estaría costando al Uruguay U$S 850 mensuales (U$S 10.200 al año) por concepto de alimentación y mantenimiento del establecimiento donde se le alberga, totalizando U$S 102:000.000 al año para toda la población carcelaria. Ni que hablar de lo que tiene que invertir el Estado para proteger a la población de los delincuentes (policías, armas, cámaras de seguridad, vehículos, etc.).

Por su parte, un adicto a drogas, asistido en los servicios estatales para su rehabilitación le estaría costando a la Administración Central alrededor de U$S 1.600 por mes. El Estado uruguayo habría gastado U$S 2:600.000 para cubrir la internación de 518 personas y brindar asistencia ambulatoria a otras 2000, durante 2017. Una contención familiar amorosa y responsable les habría librado del calvario de las drogas y eximido a toda la sociedad de solventar tamaño gasto.

En una disertación el Dr. Rafael Alvira, académico de la Universidad de Navarra y decano del Instituto Empresa y Humanismo afirmó: “Creo que es patente que la criminalidad aumenta en niños y jóvenes que no han crecido en un entorno familiar favorable. A veces pienso que quienes deberían estar en la cárcel por delitos juveniles son sus progenitores”. Nuestro planteo es salvar y revalorizar la institución familiar ya que los vínculos de calidad al interior de la familia son verdaderamente terapéuticos y no es posible prescindir de ella. En las familias armoniosas sus integrantes viven vidas menos estresadas, más saludables y por ende enferman menos; en particular conservan buena salud psíquica. Y cuando los gastos en salud de la población disminuyen los gobiernos pueden destinar el dinero en promover mejor calidad de vida para todos los ciudadanos. Las familias que cumplen bien su cometido aportan y sostienen la economía del país.

¿Qué puedes hacer tú como madre o padre? Poner todo el esfuerzo que sea necesario para cultivar una vida familiar eficaz, sanadora, edificante, espiritual, que promueva el sano desarrollo de cada uno de sus integrantes. La guía de Dios, creador de las familias, es imprescindible al respecto:

Grábate en el corazón estas palabras (sus leyes) que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. (Deuteronomio 6: 6 -7)

Hijo mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre. (Proverbios 6:20)

Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor. (Efesios 6:4)

Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13)

Los que traen problemas a su familia (el que turba su casa, o el que aflige a su familia) heredan el viento. (Proverbios 11:29)

El ambicioso acarrea mal sobre su familia. (Proverbios 15:27)

El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo. (1 Timoteo 5:8)

“Cuidar la familia trae buen retorno”

La frase pertenece al Dr. en Economía Alejandro Cid, decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo. La secularización de la cultura occidental y su promoción del individualismo han impulsado cambios en la institución “familia” que la han fragilizado. Nuestra familia es nuestra principal empresa. No hay países fuertes con familias débiles. Si la institución familiar decae, decae también la economía nacional. Muchas de las acciones de Ministerios públicos como el llamado “de Desarrollo Social” apuntan a cubrir necesidades de los ciudadanos derivadas de falencias de sus familias de origen. Pero lo que una familia puede dar gratis (amor, contención, escucha, confianza, límites, educación en valores, desarrollo de la espiritualidad), al Estado le costará millones de dólares. ¡Y aún así no logrará hacerlo con igual eficacia! Porque las instituciones estatales no pueden dar amor como lo haría la familia. El entorno familiar puede sacar lo mejor de un individuo, si se lo exige con amor.

Lo peor quizá sea haber abierto brechas a la intervención del Estado dentro de nuestros hogares, pretendiendo “educar” a las generaciones jóvenes en materias que solo competen a los padres como la sexualidad (y tal vez más adelante en otras materias). Lo que esperamos del Estado es que desarrolle políticas que promuevan estructuras familiares fuertes. Que los gobernantes piensen con “perspectiva de familia” las políticas de empleo, educación, salud, transporte o de vivienda, preguntándose específicamente qué impacto tendrán en la unidad y estabilidad de las familias del país, en las parejas y en sus hijos, ya que la miseria, la falta de trabajo, de vivienda digna o de recursos para alimentarse conspiran contra la supervivencia de cualquier familia, en particular, las que no tienen a Dios como sustentador.

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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