Lobos con piel de oveja, ovejas con plumas de pavo

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Lobos con piel de oveja, ovejas con plumas de pavo

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

La fe cristiana se ha prestado para muchas cosas, aunque decir esto es una generalización no del todo correcta. Más correcto sería decir que la religión cristiana se ha prestado, y se presta, para muchas cosas; o que la forma en que los creyentes viven su fe y practican su religión se presta, a menudo, para muchas cosas. Y cuando la religión cristiana y la fe de los creyentes sencillos caen en manos de personas arribistas y astutas, que ven en éstas una rica veta para su ganancia personal – económica o de otro tipo – es cuando surgen los peores abusos. Entre esas “cosas” a las que, lamentablemente, se presta la fe cristiana, se destaca la burla, por parte del no creyente, el inconverso, mojigatamente calificado de “impío” por el creyente sencillo, que ve cómo su fe es tomada a broma y ridiculizada. Por supuesto, la fe cristiana no se “presta”, sino que el cristianismo es puesto en el foco por personas que son enemigos de la fe, por razones de creencia, filosofía de vida o moral; también por aquellos que encuentran gracioso burlarse de las cosas sagradas, y en esto debemos incluir los humoristas profesionales; y también por personas sin fe, resentidas por diversas causas contra la idea de Dios y contra la vida – a veces contra su propia vida – y que no toleran la sencilla alegría de un creyente convencido y sincero. Eso, entre otros.

En el caso concreto de la burla, de tomarse la fe y/o a los creyentes en broma, la ridiculización puede venir de aquellos que no creen en nada. Los llamados ateos, que generalmente adoptan una pose de superados intelectuales – aunque hay honrosas excepciones – y menosprecian las creencias religiosas y las prácticas espirituales, y además desprecian a quienes han incorporado en sus vidas un sistema de fe y creencias; y sobre todo desprecian a todos aquellos que dedican su vida a ser testimonio del poder de la fe en Dios para cambiar vidas y situaciones. El cristiano que predica, y comparte su fe con otros, es particularmente tomado como objetivo por estos individuos, que a veces arremeten con tal energía contra la fe, que parecerían experimentar una particular amargura contra quienes con sencillez dan testimonio de lo que Dios ha hecho en sus vidas. Esto lo hemos visto particularmente en las secciones de comentarios de los artículos publicados en páginas cristianas evangélicas; cuando un ateo entra a dejar un comentario, así como hay personas respetuosas que exponen sus dudas o su falta de fe, están los otros, que dejan posteos muy virulentos, a veces condimentados con insultos. Además de lo que ocurre en internet, algo que seguramente muchos evangélicos han – hemos – vivido es enfrentar las pedreas sobre iglesias y eventos cristianos de distinto tipo, realizados al aire libre; y eso en un país en el que hay libertad de cultos garantizada por la Constitución. En una oportunidad, una noche que estaba predicando en una plaza al aire libre con un megáfono, un individuo se me paró a menos de medio metro, con la cara retorcida de furia, increpándome para que dejara de predicar; este es apenas un ejemplo. Aquí mismo, en ocasión de compartir la columna La tenaz teofobia, se me acusó de contribuir a deformar la visión de qué es el ateísmo. Pero a las experiencias referidas me remito.

La burla puede venir, y viene, también desde otra vertiente. A diferencia de lo anterior, puede ser no por ideas, o creencias, o conceptualización y enfoque de la vida – del tipo de creyente versus persona que no cree en nada – sino por la conducta. Es decir, por lo que los creyentes cristianos hacen – o hacemos – en nuestra vida privada; vida privada que, si vamos a las Sagradas Escrituras, debe ser tan honrada, pura y cristalina como si estuviéramos permanentemente ante el escrutinio público, porque con nuestros hechos y palabras estamos continuamente dando testimonio de que Cristo está en nosotros, o no (Preséntate tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza, mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence y no tenga nada malo que decir de ustedes, Tito 2:7, 8). Pero también, y probablemente más importante, hay que tener en cuenta que las burlas vienen por lo que los cristianos hacemos cuando nos reunimos en nuestros cultos congregacionales. Hablamos de las parodias de los cultos cristianos, tema infaltable en sketches de programas cómicos desde hace décadas; sobre todo los falsos milagros y el pedido abusivo de ofrendas. Hoy en día, tales sketches circulan por las redes sociales; muchos hemos recibido en nuestros teléfonos ejemplos de estas representaciones humorísticas breves, hechas con la participación de actores que siguen un libreto. Dos ejemplos bien breves y muy típicos de sketches de este tipo que me llegaron hace un tiempo por WhatsApp son los siguientes: el pastor de una iglesia que invita a un predicador para un evento en su congregación; cuando se comunica con el tal predicador, una mujer, presumiblemente la esposa del pastor, hace gestos de oración o alabanza o adoración – cerrar los ojos, levantar las manos – muy propios de los evangélicos. El predicador está echado en un sillón, y una mujer que está limpiando la casa le alcanza el teléfono; lo primero que hace este predicador es aclarar que él es “predicador, apóstol y profeta”. Luego informa cuánto está cobrando, y que se le debe pagar pasaje de avión y hotel, especificando qué comodidades debe tener la habitación del hotel. El pastor que invita está de acuerdo, pero le informa lo que quiere a cambio por su dinero: tantos enfermos de cáncer sanados, tantos ciegos de nacimiento y paralíticos también sanados, cuantas almas convertidas a Cristo, cuantos creyentes bautizados con el Espíritu Santo, y hasta un muerto resucitado. Aclarado esto, el pastor intenta combinar la fecha, pero entonces escucha que la comunicación se cortó. El segundo ejemplo, más breve todavía, muestra un predicador que ora por una muchacha, toqueteándole los pechos al imponerle las manos, hasta que se liga un soberano sopapo, y queda diciendo aleluya para disimular.

Los cristianos evangélicos podemos enojarnos todo lo que queramos por estas representaciones burlescas, porque en definitiva constituyen una ridiculización de nuestra fe. O podemos reírnos; yo me reí. ¿Por qué? Porque sé que nosotros mismos, nuestros excesos, dan guion a esos libretos. Ahora, yo me reí porque también sé que yo no cometo esos excesos. Pero la realidad es que, como pueblo cristiano, sí damos guion. Vamos ahora a otros dos ejemplos, sacados también de esa cantera de novedades llegadas a nuestros teléfonos que es WhatsApp; estos no son sketches: en un culto cristiano real, durante la recolección de la ofrenda entre los asistentes, se oye una música a ritmo alegre y pegadizo; nada raro en una reunión evangélica, sobre todo en las denominaciones abiertas a la renovación espiritual. Lo extraño es ver a los fieles formando fila para entregar su ofrenda, bailando y saltando, y dando vueltas carnero y pasos ampulosos, tirándose y haciendo giros en el suelo. Y no se trataba de un espectáculo especial; era la espontánea expresión de los concurrentes al culto. Alguien podría preguntar si está mal mostrar alegría durante una reunión espiritual cristiana; y responderíamos que no, por supuesto que no. Alguien incluso podría recordarnos las danzas de adoración del pueblo hebreo, mencionadas muchas veces en el Antiguo Testamento; en ese caso, deberíamos recordar también que la danza no está mencionada como expresión de adoración del pueblo cristiano en el Nuevo Testamento. Pero, sobre todo, ese “alguien” tendría que ver el video, y luego opinar si no parece exagerado para una reunión de iglesia, por no decir ridículo; carne de guion de programas humorísticos que se burlan de la fe cristiana. El otro video tiene que ver – y esto no podía faltar – con la recolección de la ofrenda en un culto evangélico, pero sobre todo con la forma de pedirla. Un mangazo abusivo e indiscriminado; el individuo que lo lleva a efecto insiste y presiona en forma frenética, exhortando a la gente a “hacer pacto” con Dios, y acepta todo: dinero en efectivo, cheques y hasta tarjetas de crédito. Esto tampoco es un sketch, es un culto evangélico real; y también, carne de guion de programas humorísticos que se burlan de la fe cristiana.

El ataque, bajo la forma de burla, contra la fe cristiana, la iglesia y los creyentes cristianos en general, aprovecha la ocasión que brinda el sinvergüenza, el hipócrita que dice ser, pero no es; el que, asumiendo la pose de cristiano muy ferviente, espiritual y consagrado, en realidad es un falso, un cínico y simulador, que sólo está tras sus propios y personales intereses. Para usar una imagen clásica, antigua y muy popular, un lobo con piel de oveja. El Nuevo Testamento menciona y advierte reiteradamente respecto a estos individuos, en pasajes tan contundentes como los siguientes: algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a Dios, el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo (Judas 4); hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia (1 Timoteo 6:5); muchos seguirán su libertinaje, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado. Llevados por avaricia harán mercadería de ustedes con palabras fingidas. Sobre los tales ya hace tiempo la condenación los amenaza y la perdición los espera (2 Pedro 2:2, 3). Aquí se habla de hombres que entraron en la iglesia encubiertamente – es decir, simulando ser lo que no son – impíos, o malvados, con el entendimiento corrupto – o sea, llenos de pensamientos deshonestos e inmorales – privados de la verdad – es decir, que en realidad no conocen a Jesús – los cuales convierten en libertinaje el camino de Dios – la fe cristiana – y por avaricia toman la religión como una fuente de ganancia monetaria, como un medio para hacer dinero. “Libertinaje” aparece dos veces en estos tres pasajes bíblicos acerca de los famosos “lobos con piel de oveja”, y el apóstol Pablo dice claramente que a causa del libertinaje de estos falsos cristianos – a menudo, falsos ministros, falsos líderes, falsos pastores – el camino de la verdad será blasfemado; es decir, que el evangelio cristiano, la fe en Jesucristo, el cristianismo como religión y como camino de espiritualidad y búsqueda de Dios, será despreciado e injuriado por los incrédulos, los inconversos, y también por los creyentes de otras religiones. Libertinaje equivale a obscenidad, desvergüenza, lujuria, inmoralidad; se refiere claramente a prácticas sexuales cuestionables desde los principios bíblicos sobre sexualidad. Así que estos lobos con piel de oveja presentan – y a veces son sorprendidos en – comportamientos sexuales inmorales, y avidez por el dinero de los crédulos; dos características que también muestran nuestros modernos lobos con piel de oveja, que aún hoy en día infestan nuestras iglesias.

El ataque bajo la forma de burla, la burla planificada o espontánea, divertida para las personas burdas que encuentran gracioso burlarse de lo sagrado, pero cruel para los creyentes, también toma ocasión en los payasos de circo religioso, las ovejas con pluma de pavo. ¿Por qué los llamo así? Porque ahora no hablamos de lobos que se disfrazan de oveja; es decir, hipócritas que simulan ser cristianos, pero no lo son de corazón. Ahora estamos hablando de auténticas ovejas, es decir, personas que creen en Jesús de todo su corazón pero que, en su vida privada, y sobre todo en la iglesia, durante los cultos congregacionales u otras actividades espirituales, exhiben una conducta extravagante, adjudicando la misma a la guía del Espíritu de Dios, o rotulando dichas extravagancias como “manifestación del Espíritu Santo”. Y muchas veces, sobre todo cuando se trata de predicadores o líderes, en realidad impresiona que lo hacen para florearse ante los demás, ante la concurrencia de las reuniones que presiden; ante “su público”, como el pavo real cuando despliega su cola majestuosa, para la admiración de otros.

¿Hay también precedente bíblico para justipreciar estas actitudes? Bueno, hay una clara recomendación bíblica que tiene que ver con la moderación en las manifestaciones auténticas del Espíritu Santo. 1 Corintios 14 es un capítulo fundamental para la adecuada comprensión de cómo deben administrarse los dones del Espíritu Santo en el culto cristiano. Un pasaje de este capítulo en particular adquiere relevancia, al considerar las manifestaciones del Espíritu frente a los de afuera: Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que están locos? (vers. 23); este versículo, en la traducción DHH se lee de la siguiente manera: cuando la iglesia se encuentra reunida, si todos están hablando en lenguas, y entra una persona común y corriente o un no creyente, creerá que ustedes se han vuelto locos. Reiteramos que el apóstol Pablo se refiere aquí al hablar en lenguas, o la capacidad dada por el Espíritu de hablar en idiomas extraños, no aprendidos, llamada glosolalia, muy presente en la Iglesia Primitiva, y en la actualidad en todas las iglesias evangélicas abiertas a la renovación pentecostal o carismática; y se refiere a lo que pasaría si, al manifestarse el Espíritu Santo de esa manera, entran en el lugar de reunión cristiana personas que no saben de qué se trata, o que no son creyentes. Porque también dice en 1 Corintios: el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (2:14). El “hombre natural” aquí, es el no creyente, aquel que no ha sido iluminado por la luz del evangelio de Cristo, y no entiende aquellas cosas que, para nosotros los cristianos, tienen que ver con la dimensión de la vida espiritual, en comunión con el Espíritu Santo. Por esto, la recomendación paulina en 1 Corintios 14:27, 28: Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Extrapolando esto a toda manifestación del Espíritu Santo, lo que el Nuevo Testamento dice aquí es que dichas manifestaciones del Espíritu de Dios, las auténticas manifestaciones del Espíritu de Dios, deben ser públicas – en el culto público de una congregación cristiana – si es posible hacerlas inteligibles para todos los presentes; incluso para quienes son no creyentes. El versículo 28, en la traducción DHH se lee de la siguiente manera: si no hay nadie que pueda interpretarlas, que éstos no hablen en lenguas delante de toda la comunidad, sino en privado y para Dios.

Si esto dice la Biblia sobre manifestaciones en el culto cristiano que podrían resultar extravagantes, y hasta de locos, pero que el Nuevo Testamento avala que provienen del Espíritu de Dios, ¿cuánto más deberíamos todos los creyentes evangélicos extremar las precauciones ante las extravagantes formas y costumbres que aparecen, cada tanto, como novedosas manifestaciones de una nueva unción del Señor? Manifestaciones novedosas que se promocionan, a veces por ministerios evangélicos muy reconocidos internacionalmente, como una renovación de espiritualidad que todos los cristianos y cristianas deben recibir, pero que no resisten el más mínimo escrutinio, cuando se analizan a la luz de lo que la Biblia nos revela como auténticos frutos del Espíritu Santo.

Que el Señor nos ayude para que, como ovejas del Señor, tengamos las plumas de la gallina, que junta a sus polluelos bajo sus alas (Lucas 13:34), para cubrirlos y protegerlos; y no las plumas del pavo real, que éste usa para pasearse vistosamente antes los ojos de todos, sin hacer nada más útil. Quiera Dios que hagamos cosas útiles, para que la obra del Señor no sea puesta por motivo de humorada y burla, de chiste y de desprecio, sino que sea efectiva, y que sea enaltecida y glorificada su Palabra.

Amén.

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista, profesor universitario y ejerce el pastorado en el Centro Evangelístico de la calle Juan Jacobo Rosseau 4171 entre Villagrán y Enrique Clay, barrio de la Unión en Montevideo.

1 Comment

  1. Pablo vazquez dice:

    Excelente DIOS continúe bendiciendo estas reflexiones los felicito sigan adelante que DIOS esta con ustedes

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