Génesis de la diversidad sexual

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Génesis de la diversidad sexual

 

Parte 1:

Parte 2:

 

Cuando las heridas de alma se vuelven rebelión

Por: Ps. Graciela Gares*

La reciente aprobación de la Ley integral para personas trans-género ha agitado las aguas de la opinión pública uruguaya respecto a la sexualidad en este siglo XXI.

La llamada “agenda LGBT” (lesbianas, gays, bisexuales y trans) viene cobrando impulso en diversos países de Europa y América y ahora está dando batalla en Oceanía, Asia y África. En Uruguay, el colectivo que impulsó esta legislación estaría representado por no más de 1000 personas, según el Censo Mides 2016. Se trata por tanto, de una minoría. Y sin embargo, logró tener en vilo a buena parte del país en los días previos a que el Parlamento votara la Ley que les ampara en sus derechos, les protege de distintas formas de violencia desde las instituciones (policía, centros educativos, ámbitos laborales) y les otorga compensaciones reparatorias, así como cobertura en salud y facilidades para regularizar legalmente la identidad de género que quieran asumir.

Por nuestra parte, nada tenemos que objetar en cuanto al respeto, trato no discriminatorio e igualdad de oportunidades para trabajar y estudiar para éste y cualquier colectivo que forme parte de nuestra sociedad y respete sus leyes. Independientemente de la conducta sexual elegida, cada individuo fue diseñado a imagen del Creador y es amado profundamente por Él. Pero asimismo, en virtud de nuestra convicción judeo – cristiana, no reconocemos otra diversidad sexual que no sea la de varones y mujeres, y lamentamos la desdicha de quienes no disfrutan vivir en consonancia con su sexo biológico.

En cuanto a la ley aprobada en Uruguay, de ninguna manera consentimos que se promueva o habilite a menores de edad a alterar su organismo mediante cirugías o suministro de hormonas. En primer lugar, porque entendemos que el diseño del Dios Creador debe ser respetado. Y en segundo lugar, pues se sabe que en la niñez y adolescencia se carece de criterio maduro para tomar decisiones definitivas e irreversibles. Todo padre o madre lo conoce bien. Apenas si logran definir los adolescentes la profesión a seguir, ¡cuánto menos emprender el camino sin retorno de cambiar de sexo contraviniendo a su biología!

Desde el punto de vista científico, tampoco vemos sustento para reconocer otras opciones sexuales que no sean la masculina y la femenina. La determinante corporal o biológica resulta insoslayable e irrefutable. Los cuerpos de los bebés que nacen siguen manifestando solamente la existencia de dos sexos: niña o niño. Usando una expresión del apóstol Pablo, diríamos: “La naturaleza misma nos enseña…” (1 Corintios 11:14a). Desde que el mundo existe, el sexo, la raza, o el color de piel no son opciones a elección del ser humano. Y los casos de quienes han intentado luchar contra las condicionantes dadas han sido patéticos en cuanto a su calidad de vida. Las rosas no se cuestionan no haber nacido margaritas. Las golondrinas no se cuestionan por no haber nacido gacelas. Simplemente, lo disfrutan y cumplen su cometido vital.

¿Por qué entonces, algunos seres humanos se obsesionan por cambiar su naturaleza sexual? 

Su verdadera desdicha es no lograr disfrutar, como los demás seres creados, del encanto de vivir a pleno su condición sexual recibida. Quienes nos desempeñamos en el campo de los psicología conocemos de primera mano las razones íntimas de la conducta de las personas, a partir de lo que nuestros pacientes nos revelan. Por tanto, mejor que elaborar teorías sobre por qué algunas minorías (pero en número creciente) están disconformes con su sexo biológico, nos remitiremos a sus opiniones.

Años atrás nos tocó entrevistar a un joven que se definía como homo y bi-sexual. Desde la psicología sabemos que el hijo varón se “hace hombre” mediante imitación e identificación con la primera figura masculina de referencia: su padre. Quisimos por tanto, conocer al padre para corroborar si había anomalías en el vínculo padre – hijo. Era un padre religioso, muy moralista, legalista, y en ocasiones violento con toda su familia. Era despiadado en palabras y en ocasiones en los hechos, para hacer cumplir las leyes de Dios bajo el techo de su hogar. Había impregnado su mente de la severidad del Dios de Antiguo Testamento y era poco adicto al Nuevo Testamento. No había conocido ni comprendido la misericordia y el amor de Dios que nos mostró Jesucristo. La paciencia y la ternura del Padre Celestial le eran desconocidas.

A pesar de haberse convertido al Dios, trataba a su familia con la misma dureza con que su padre biológico (no creyente) le había tratado a él en la infancia. El hijo creció con tremenda rebeldía. Y para castigar y avergonzar al padre, no solo se rebeló contra Dios, sino que adoptó un estilo de vida libertino sexualmente y de lujuria. Ese padre debió cargar por años el dolor de la inconducta de su hijo, aunque le pidió perdón. Interpretamos que ese hijo pensaba que si ser hombre era ser como su padre, entonces él no iba a ser un auténtico varón, y optó por la homosexualidad, creyendo que así resolvería su problema. Por supuesto, no fue así.

Sabemos que el corazón de muchos homosexuales alberga gran rencor contra un padre que no lo reconoció, lo humilló o estuvo ausente. También entendemos que de un padre bueno puede salir un hijo rebelde. Así le ocurrió al rey Josafat, quien se condujo con rectitud ante Dios, pero su hijo y sucesor Joram, decidió desobedecer a Dios y seguir los pasos del perverso Acab. Dios será justo para evaluar las responsabilidades de cada individuo.

En cuanto al lesbianismo, también tenemos de primera mano el testimonio de varias mujeres. Una de ellas, había elegido ese camino y tiempo después quería abandonarlo, pues sabía que ofendía a Dios. Para ayudarla, quise conocer a su mamá. Era una mujer perfeccionista y se estimaba a sí misma como “perfecta”. Nada que hiciera la hija era suficientemente bueno a los ojos de esa madre, quien se ponía a sí misma como modelo de cómo se debía actuar siempre. No reconocía mérito alguno en su hija. Todo era corregible. Frustrada, con rebeldía y desazón, la hija salió a buscar en el abrazo de otras mujeres la aceptación que su propia madre no quiso o no supo darle.

Recientemente entrevisté a otra mujer con prácticas lesbianas. Obviamente, provenía de un hogar disfuncional. Su madre y padre se habían distanciado en su infancia. Se engañaron mutuamente. El padre descalificaba duramente a la madre ante sus hijos. La madre tenía como mérito ser una mujer muy luchadora, que supo sacar adelante su hogar sola, pero no atinó a darse su lugar ni poner límites a la agresión de su ex marido. Además, ninguno de los dos padres fue cariñoso con sus hijos. La hija definía a la madre como una mujer desgraciada y afirmaba que no deseaba parecerse a ella. La joven también habría sido víctima de bullying en la escuela y desaprobación de su propia abuela por ser obesa. Creció entonces, con muy baja autoestima y rebeldía, y buscó luego en brazos de otras mujeres el afecto y la aprobación no recibida ni de su madre, ni de su abuela.

El escritor del libro “Más allá de las sombras grises” (Beyond the shades of gray, 2011) explica por qué la homosexualidad es el síntoma de un problema y no la solución al mismo. Dean Bailey expresa: “Mi experiencia con los hombres se ha basado en la adicción y la dependencia. No lo llevé con orgullo, sino como una debilidad. Buscaba en otros hombres el amor, la aceptación y afirmación que siempre había anhelado”.

Otro individuo que practicó la homosexualidad y se desencantó de ello, quiso compartir su historia, y la misma puede ser consultada en internet. Allí expresa categóricamente: “Comprendí que las atracciones homosexuales tienen su origen en problemas emocionalesLa orientación homosexual no existe. Lo que sí existe son hombres heterosexuales con atracciones homosexuales. No, no es un juego de palabras. Yo nunca fui gay, no soy un ex gay, era un joven con un problema de identidad sexualLa homosexualidad no es más que un grito desgarrador del alma que clama por cubrir vacíos emocionales que son totalmente legítimos. La homosexualidad es una respuesta equivocada, una mentira, una “promesa falsa” que no satisfaceNo le deseo a nadie ese estilo de vida caracterizado fuertemente por desenfreno, drogas, excesos, dependencias, promiscuidad, infidelidad, soledad, hipocresía, enfermedades…”.

Otras personas emprendieron este camino luego de haber experimentado violaciones sexuales en la infancia o adolescencia.

Sin dudas, que el movimiento gay oculta estas realidades, dadas a conocer por personas que las conocen desde el interior de ese mundo, por haberlas vivido en carne propia. Nos parece que el mundo debe también conocerlas, para re-considerar si la diversidad sexual es verdaderamente una nueva opción de vida o una respuesta de rebeldía adoptada por quienes sufren de intensos dolores emocionales provocados por fallas de quienes debieron protegerles y respetarles y no lo hicieron.

Dios condena las conductas sexuales que se desvían de Su voluntad y así lo expresa en Su Palabra (La Biblia): “…Hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres. Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer. Dios ya lo ha dicho, y ellos lo saben, que quienes hacen esto merecen la muerte. Y a pesar de esto, no solo siguen haciéndolo, sino que felicitan a quienes también lo hacen” (Romanos 1:26 – 32 TLA).

A nosotros, como seres humanos no nos corresponde condenar ninguna conducta. Jesús no condenó a las prostitutas de su tiempo ni a la samaritana promiscua (Juan 4). Al contrario, le expresó su amor y respeto. Pero la indujo a cambiar su proceder y saciar su sed de amor en otra fuente: en Dios mismo (Juan 4:14). ¡El amor de Dios puede sanar toda herida del alma y suplir las necesidades profundas de reconocimiento, aceptación y pertenencia que todos llevamos dentro!

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

4 Comments

  1. Gabriel dice:

    ‘sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupicencia es atraido y seducido.
    Entonces la concupicencia, despues que ha concebido, da a luz el pecado:y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. Santiago 1:14_15

  2. Suzanne U dice:

    Very good article, though I know a number of lesbians and homosexuals who came from good and loving Christian and Jewish homes where the fathers did not abuse their children and the mothers were loving to their children. Sometimes there are just no good answers for why this happens.

    • graciela gares dice:

      Suzanne U, como Ud. dice hay excepciones. Por eso mencionamos el caso del rey justo Josafat y su hijo rebelde Joram.

      Pero es abrumador el número de casos de desorientación sexual debido a fallas en la familia de origen.
      Le recomiendo la lectura del libro “Homosexual no more” del Dr. William Consiglio, director de los ministerios Esperanza de Connecticut.
      Consiglio ayudó por años a muchos cristianos a triunfar sobre la homosexualidad.

      Gracias por participar!!

  3. Gianella Aloise dice:

    Excelente!
    La Esperanza de la gracia de Dios es para todos, sin distinción
    Gracias!

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