No temas, yo te sostengo

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No temas, yo te sostengo

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Extractado del Istituto Levantaré, A.R.

Por José Antonio Cano Mirazo

Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” – Isaías 41:13

Se cuenta la historia de un alpinista que había escalado las montañas más altas, era un extraordinario alpinista. Era tan bueno que normalmente no iba con otras personas para subir a los montes por difíciles que fueran. Lamentablemente su orgullo le había apartado de los demás alpinistas y consideraba que podía hacer las cosas solo.

Dicen que una ocasión fue a un monte muy alto, trató de llegar hasta la cima y en la última parte tenía que colocar unas grapas en el acantilado para ir subiendo con una cuerda y lograr llegar hasta allá. Era un proceso muy difícil y muy lento. Se hizo de noche cuando le faltaba un poco todavía para llegar a la cima, pero a pesar de la oscuridad él seguía subiendo. De repente resbaló y aunque estaba sujeto por una de las cuerdas se vino abajo; en su desesperación clamó a Dios y de repente la cuerda se tensó y él se sostuvo.

Así permaneció sostenido de la cuerda en la oscuridad, sin poder hacer nada. Era difícil sobrevivir una noche entera en esa situación, así que levantó su voz y le dijo al Señor: “Te pido que tu bendición sea sobre mí, sálvame de este momento tan difícil en el cual me encuentro, estoy en una situación desesperada, no sé qué hacer, no puedo hacer nada, por lo tanto te pido que tu misericordia sea sobre mí ¡Sálvame! ¡Sálvame!”. De pronto sintió en su mente que el Señor le decía: ” Si en verdad quieres que te ayude, suéltate de la cuerda”.

Pero su misma mente respondía: “No puedo soltarme, esta cuerda es lo que me está sosteniendo”. Y otra vez escuchaba esa voz que le decía: “Suéltate de la cuerda si crees que yo te puedo salvar”.

Hubo momentos en los que consideró soltarse de esa cuerda. Pero finalmente decidió aferrarse a ella. En la mañana, cuando llegó el grupo de rescate, el alpinista había fallecido a consecuencia de las bajas temperaturas de la noche. Lo encontraron a escasos dos metros del suelo. Si se hubiera soltado se habría salvado, pero la oscuridad de la noche no le permitió ver que estaba a tan corta distancia de su salvación, y no le alcanzó la fe.

En muchas ocasiones nosotros nos aferramos a alguna cuerda, llámele como guste, pero esa cuerda no permite que Dios actúe en nuestra vida, no tenemos la confianza suficiente en Él para soltar eso que nos da seguridad, que nos da tranquilidad, que nos da reposo, que nos da confianza; no nos atrevemos a soltarlo y agarrarnos del Señor. Sentimos que si soltamos eso vamos a perecer.
Sin embargo, mire lo que dice el Señor: “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41.13).

El Señor habla a nuestro corazón y nos dice: “No tienes de qué preocuparte porque yo te estoy sosteniendo, la mano poderosa de Jehová de los ejércitos, la mano poderosa de tu Dios está sosteniéndote de tu mano derecha, no necesitas otra cosa de qué sostenerte”. Claro que como seres humanos queremos sentir seguridad en todo, queremos tener seguridad en nuestro presente y en nuestro futuro, pero muchas veces olvidamos que no hay nada que esté fuera del control de Dios.

Como cristiano, ¿qué es lo que te está dando seguridad? ¿La manos de Dios o hay cuerdas de las cuales te estás tomando? Cuando dependemos de nuestras propias fuerzas, cuando dependemos de las circunstancias, de las situaciones o de los demás, entonces no estaremos seguros. El día que dependamos plenamente de Dios, ese día estaremos seguros en nuestro vivir, de lo que suceda hoy y de lo que sucederá de mañana en adelante.

Muchas veces la vida puede atemorizarnos: la pérdida de seres queridos, las dificultades financieras, los problemas de salud. Al acarrear estas pesadas cargas y preocupaciones, anhelamos que una mano fuerte tome la nuestra, y nos sostenga firmes y seguros.

Cuando Josué asumió el liderazgo de Israel, Moisés le recordó que Dios lo ayudaría en los momentos difíciles. Si surgían complicaciones, Josué debía acordarse de confiar en Dios y en Sus promesas. Moisés dijo: “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides” (Deuteronomio 31:8).

Recordemos estas palabras de Isaías 41:13: “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo“.
Cuando la vida se vuelve escabrosa, el Señor está con nosotros y podemos tomarnos de Su mano poderosa.

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