¿Cómo mides tu felicidad?

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¿Cómo mides tu felicidad?

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Por: Ps. Graciela Gares*

En las postrimerías del año son inevitables las evaluaciones y los balances. ¿Cómo te ha ido este año en la salud, en el trabajo, en los afectos? ¿Progresaste? ¿Concretaste tus sueños? ¿Ha sido un año bueno o difícil para ti?

En la sociedad actual todo es pasible de ser medido, hasta la felicidad de la gente. La Organización de Naciones Unidas elabora anualmente un informe de alcance mundial, conocido como ranking de la felicidad, que abarca la realidad de más de 150 países del planeta. Para calcular el índice de felicidad de la población de cada país se tienen en cuenta los siguientes factores o variables: La renta per cápita (producción total de bienes y servicios de un país dividido el número de habitantes), el apoyo social (redes de ayuda social), la esperanza de vida en condiciones saludables, la libertad para tomar decisiones vitales, la generosidad y la percepción de corrupción de los gobiernos. También pesan factores totalmente subjetivos, como la percepción de ser o no felices que tiene la gente. Los editores del índice evalúan que los gobiernos apelan cada vez más a utilizar los indicadores de felicidad en la toma de decisiones y formulación de políticas.

No es de extrañar que los países del primer mundo ocupen los primeros lugares del ranking en virtud de poseer un PBI mayor. Algunas curiosidades respecto a este ranking son las siguientes:

  • El índice de felicidad 2018 ubica a Finlandia como el país más feliz del mundo, seguido de Noruega, Dinamarca, Islandia y Suiza.
  • Israel figura en el lugar Nº 11.
  • Estados Unidos ocupa el lugar Nº 18 en dicha lista, habiendo descendido cuatro lugares respecto al 2017, debido al incremento de trastornos sanitarios como la obesidad, consumo de drogas y la depresión.
  • Chile, en el lugar 25, es el mejor ubicado de América Latina, superando a Brasil y Argentina. En tanto, Uruguay aparece situado en el lugar 31, por encima de España e Italia.

La violencia, la desigualdad, la corrupción y la pobreza no le estarían permitiendo a América Latina ocupar mejores lugares. Sin embargo, se señala que los latinoamericanos cuentan con un capital que otras naciones no poseen y que les hace percibirse “inusualmente felices”: es la fraternidad. Los investigadores observaron que los latinos desarrollan en la vida cotidiana múltiples vínculos interpersonales cercanos, cálidos y genuinos y ello les promueve sentimientos de felicidad a pesar de su pobreza, violencia o corrupción elevada. En este siglo tan tecnificado, en el que las comunicaciones cada vez más son mediadas por aparatos y redes sociales, aún se advierte que los latinos saben decir “presente” cuando un amigo o familiar los necesita. Nos gusta convocarnos para un asado, despedir el año juntos o ir a tomar el té a un shopping con nuestras amigas.

Si analizamos objetivamente los factores que los estudiosos escogieron para medir la felicidad del hombre sobre el planeta, podemos coincidir al menos en que la renta personal, el entramado social de soporte, la expectativa de vida en condición de salud, la libertad y la ausencia de corrupción, contribuyen sin dudas a una vida digna. Pero hacen la salvedad que muchos latinoamericanos están sacrificando ese capital al emigrar a otros países del primer mundo, en búsqueda de una mejor realización económica. Los chinos si bien crecieron mucho económicamente, están resignados a un puesto Nº 86, pues el progreso económico aisladamente no les garantiza la felicidad.

Quizá nos preguntemos de qué hablamos cuando nos referimos a la felicidad. Una definición bastante básica establece que es el “estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha, por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Otra definición la describe así: “Emoción que se produce en un ser vivo cuando cree haber alcanzado una meta deseada”. Hay quienes hablan de un “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Las primeras dos definiciones tienen como handicap que la definen como algo temporal (un estado de ánimo, una emoción) que podría variar o esfumarse en cualquier momento. La tercera parece no circunscribirse a lo anímico ni a lo emocional, por lo que podemos pensar en algo más permanente y nos agrada que incluya tanto la dimensión física como la espiritual del ser humano.

Alcanzar la felicidad parece ser el anhelo profundo de toda la raza humana en su periplo sobre la tierra. Pero intuimos que a menudo no sabemos donde hallarla ni como alcanzarla. ¿Es posible ser feliz en medio del dolor o de la pobreza? Desde el punto de vista humano, llama nuestra atención que los afectos y en particular la fortaleza de la célula familiar no ha sido tenida expresamente en cuenta entre los factores escogidos por estos investigadores para pulsar el grado de bienaventuranza de la gente. Y desde el punto de mira de Dios ¿cuál es la percepción del Creador en cuanto a la felicidad de sus criaturas?

En varios lugares del texto bíblico hay referencias al hombre y la mujer bienaventurado o feliz. Así como un padre anhela la dicha para sus hijos, nadie más interesado en la felicidad de sus criaturas que el propio Creador. ¿Cómo la mide Dios? Sin dudas, Él no mira el bolsillo, ni el apoyo social con que cuenta la persona, o la corrupción que haya en el país en que vive. Dios parece mirar su espíritu, si está en paz con Él, si su conciencia y corazón están libres de culpas y si tiene resuelto donde va a pasar la eternidad. Dios sabe que la sanidad del alma humana es fuente de paz y salud física y espiritual. Nosotros también lo sabemos. Todos, ricos o pobres, ciudadanos del primer mundo o del tercero, hemos sentido el peso de las culpas del pasado sobre nuestras conciencias y también conocemos cómo nos quita el sueño el temor a la muerte y al más allá. Por eso entendemos cuando Dios nos dice:

  • Feliz aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado (Salmos 32: 1, 2). 
  • Felices los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mateo 5:8). 
  • Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero (Cristo) (Apocalipsis 19:9).

Una vez que decidimos reconciliarnos con Dios confesando nuestra maldad e infracción a sus leyes, obtenemos Su perdón y nada nos puede quitar tal felicidad. Luego comenzamos a transitar un camino en el que dependemos de Él para que la felicidad adquirida no se turbe por las circunstancias de la vida que nos toque atravesar. Y la Biblia nos da algunas claves para el camino de la vida:

  • Felices los pobres (humildes) en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5:3). 
  • Felices los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (Mateo 5:5). 
  • Feliz el hombre que siempre teme a Dios (Proverbios 28:14). 
  • Felices los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mateo 5:9). 
  • Felices los que oyen la palabra de Dios, y la guardan (Lucas 11:28).
  • Feliz el hombre que puso en Jehová su confianza (Salmo 40: 4).

Y podemos preguntarnos: ¿Qué ha hecho del Creador para contribuir a la felicidad eterna de sus criaturas? Según dice la Biblia, aún antes de formar el mundo, El tenía planes para el bienestar de los seres que pensaba crear. Para ello ideó un objetivo según el cual crearía individuos con libre albedrío y en caso que ellos se descarriaran desobedeciendo sus leyes, Dios mismo se involucraría en tenderles un puente para volver a acercarlos a sí mismo. Y ese puente es Jesucristo.

Pero, cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gálatas 4:4-6). 

En Navidad rememoramos uno de los jalones más importantes en el esfuerzo denodado de Dios por devolver al ser humano la felicidad perdida en el Edén, donde las primeras criaturas compartían su existencia en plena comunión con Él. Cuando el hombre pecó Dios le expulsó de su presencia pero comenzó a desarrollar su plan para traerle nuevamente a su cercanía, quitando de en medio el pecado y sus consecuencias. Cristo como hombre perfecto se ofreció a Su Padre para saldar con su vida nuestra deuda de maldad y pecado. Por ello, sigue siendo absurdo, que el caricaturesco Papá Noel reemplace a Jesús como centro de esta festividad.

Sin dudas, las claves de Dios para la felicidad del hombre son distintas a las que manejan año a año los investigadores de la ONU en su índice mundial de felicidad. Ello se debe a que los pensamientos de Dios son superiores a los de sus criaturas, como bien lo expresara en la antigüedad el profeta:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo JehováComo son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8–9).

¿Con qué parámetros vas a evaluar si haz sido feliz en este final del 2018?

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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