¿Reconoces la voz del Señor?

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¿Reconoces la voz del Señor?

Escuche aquí el programa:

Extractado del sitio diostehabla.com

Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.”  – Juan 10:2-5

En esta parábola del redil, Jesús usa la alegoría para establecer que las ovejas siguen a su pastor “porque conocen su voz.” ¿Puedes tú reconocer la voz del Señor? Dios habla a sus hijos de diferentes maneras. Su método preferido es a través de la Biblia, pero también se comunica con nuestro espíritu por medio de su Santo Espíritu. Dios también usa las circunstancias y otras personas para comunicarnos sus instrucciones. Si queremos llegar a escuchar con claridad lo que Dios nos dice, tenemos que entrenar nuestro oído espiritual. Esto puede tomar un tiempo más o menos largo. Desarrollar un oído espiritual sensible a la voz de Dios requiere en primer lugar un fuerte deseo y una práctica constante. Es algo similar al aprendizaje de un idioma extranjero. Al principio no entendemos nada, pero si de verdad deseamos aprenderlo y somos constantes en la práctica del mismo, poco a poco el oído se va afinando y llegará el momento en que entenderemos con bastante claridad.

En este proceso de aprendizaje, nuestra mente debe estar enfocada en la idea de que Dios siempre tiene algo que comunicarnos, por ocupado y complejo que sea nuestro día. A él le interesa mucho que le escuchemos y entendamos con claridad su mensaje. Un factor muy importante en este proceso es la meditación diaria en la Palabra de Dios. Cuando leemos la Biblia y meditamos en lo que hemos leído, y oramos pidiendo discernimiento espiritual, se crea en nosotros una actitud que nos conduce a un mayor acercamiento a nuestro Padre celestial. Mientras leemos, es importante hacer preguntas como, “Señor, ¿es esto un ejemplo que yo debo seguir?” o “¿Acaso esta promesa o este mandamiento se puede aplicar a mi situación?”.

Rechazar el pecado de nuestras vidas es de extraordinaria importancia para tener un buen oído espiritual, pues el pecado nos aleja de Dios. El pecado crea una pared entre nosotros y Dios que nos impide escuchar su voz. Sin lugar a dudas, mientras más cerca estemos de nuestro Padre celestial con más claridad escucharemos lo que él quiere decirnos.

Ahora bien, si escuchar la voz de Dios es sumamente importante, mucho más importante es hacer lo que él nos dice que hagamos. En su epístola, el apóstol Santiago trata sobre este punto cuando dice: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Es decir, de nada vale oír la voz de Dios si no seguimos al pie de la letra sus instrucciones. Si creemos que estamos bien conociendo la voluntad de Dios pero no la llevamos a cabo nos estamos engañando a nosotros mismos. Hay ocasiones en que vacilamos en tomar un camino porque no estamos seguros de que hemos oído a Dios claramente o tememos que la idea haya surgido de nosotros mismos en lugar de venir de Dios. Sin embargo, el Señor quiere que nos despojemos del temor de cometer errores y demos un paso de fe. Cuando él ve que el deseo de nuestro corazón es caminar en su camino, Dios cuidadosamente corregirá cualquier mal paso que demos en una dirección equivocada, y nos encaminará en la senda que tiene preparada para nosotros. La Biblia dice en el Salmo 37:23-24: “Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano”.

¿Deseas mejorar tu oído espiritual? Comienza a hacer tu parte en este proceso. Busca el rostro del Señor diariamente, medita en su Santa Palabra, pasa un tiempo de oración en el que no solamente hables tú, sino guarda silencio de vez en cuando y trata de escuchar lo que te dice tu Padre celestial. Después pide al Señor que te guíe mientras tratas de poner en práctica lo que escuchaste. Así como David oraba: “Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí” (Salmo 119:133).

¿QUÉ COSAS IMPIDEN QUE ESCUCHES LA VOZ DE DIOS?

Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.” – Hechos 8:26-31

Sin lugar a dudas Dios tenía un plan definido cuando decidió usar a Felipe, y con ese fin le habló en este pasaje dándole instrucciones claras y precisas. Felipe era un hombre lleno del Espíritu Santo, según nos dice la Biblia en Hechos 6:3. Y como era sensible a la voz del Señor, Felipe oyó. E inmediatamente obedeció.

  1. ¿Cuán bien yo conozco a Dios?
    La falta de conocimiento del carácter y los atributos de Dios dificulta el que podamos escucharle. La lectura de la Biblia y la oración diaria nos llevan a un conocimiento íntimo del Señor, nos acercan a él y preparan nuestro oído espiritual para escuchar su voz.
  2. ¿Creo yo que Dios quiere hablarme?
    Dios anhela comunicarse con sus hijos. De Génesis a Apocalipsis, la Biblia nos muestra el deseo del Señor de que conozcamos sus planes y sus instrucciones para llevarlos a cabo. En Deuteronomio 12:28, Dios le dice al pueblo de Israel: “Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.” Ciertamente Dios quiere hablarte. 
  3. ¿Tengo algún sentimiento de culpabilidad?
    Cuando nos dejamos engañar por Satanás y creemos que no somos dignos de llegar al nivel que Dios espera de nosotros, entonces experimentamos una conciencia culpable que afecta grandemente nuestra capacidad de escuchar.
  4. ¿Estoy demasiado ocupado para pasar tiempo a solas con el Señor?
    Dios espera que le escuchemos y respondamos, aún en los momentos en que más ocupados estemos. Prestar atención al Señor debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas. Mateo 6:33 dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” 
  5. ¿Estoy disgustado con Dios por algún motivo?
    Cualquier sentimiento de enojo hacia Dios nos separa de él, por tanto será un fuerte impedimento para que escuchemos su voz.
  6. ¿Estoy cometiendo pecado repetidamente?
    El pecado nos separa de Dios, y obviamente nos impide oír su voz. Es necesario arrepentirnos y confesar nuestros pecados, si queremos escuchar la voz de Dios.
  7. ¿He decidido de antemano cómo quiero que Dios me conteste?
    Si este es el caso, no vas a escuchar nada que no sea tu propia opinión. 
  8. ¿Cómo recibo la crítica y la corrección?
    Nuestra tendencia es rechazar al mensajero, sin tener en cuenta que quizás fue enviado por Dios para decirnos algo. Entonces cerramos nuestros oídos y no escuchamos nada. Tenemos que ser más receptivos a las críticas y sugerencias, y pedirle a Dios que nos ayude a entenderlas.

Analiza cuidadosamente tus respuestas a cada una de las preguntas. Pide a Dios que te ayude a cambiar en las áreas que necesitan cambio. Persiste en la oración y la lectura de la Biblia diariamente. Poco a poco tu oído espiritual se irá afinando, y podrás escuchar la voz de Dios con toda claridad, al igual que Felipe.

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