La memoria de Dios

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La memoria de Dios

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

 

Escuche aquí el programa:

 

Extractado de «Principios Divinos«

ZACAR es un verbo hebreo que se refiere a refrescar la memoria, a actuar para que algo no pase al olvido. Dios es soberano sobre su memoria y decide acordarse o no acordarse de algo. Los hombres le hemos decepcionado muy a menudo pero su misericordia nos traza el camino para volver a intentarlo otra vez y no fallarle. En su amor hacia el hombre y su voluntad de salvarlo, Dios actúa sobre su propia memoria negándose a acordarse de ciertos pecados que harían separación absoluta entre Dios y los pecadores para siempre. Así que Él decide olvidar nuestros pecados.

  • «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados» –  Isaías 43: 25
  • «Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado» – Jeremías 31: 34
  • «Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados, y de sus iniquidades» – Hebreos 8: 12
  • «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» – Hebreos 10: 17

Entonces, la memoria de Dios puede ser favorable o desfavorable para los intereses de un ser humano:

1- Olvida los pecados de los cuales nos arrepentimos. Miqueas 7: 18, 19: «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados«. Cuando Dios decide olvidar nuestros pecados porque nos arrepentimos y le pedimos perdón por primera vez, Él escribe nuestro nombre en el Libro de la Vida. 

2- Recuerda sus promesas. Éxodo 2:24: «Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob«. Cuando estas tres generaciones de justos murieron sus descendientes dejaron de acordarse de los términos del pacto (singular). Observe que no son tres pactos sino solo uno que fue ratificado y renovado en la vida del hijo de Abraham y en la de su nieto. Pero 430 años después todo parecía haber caído en el olvido; fue el clamor de los pecadores que trajo a la memoria aquel pacto sin igual.

Jeremias 1:11-12: «La palabra del Señor vino a mí, y me dijo: «¿Qué es lo que ves, Jeremías?». «Veo una rama de almendro», respondí. «Has visto bien —dijo el Señor —, porque yo estoy alerta para que se cumpla mi palabra»«. En las colinas de Israel y el Líbano, uno de los primeros árboles que florecen después del invierno es el almendro, que comienza a echar sus hermosas flores blancas o rosadas a finales de enero o principios de febrero. De hecho, en hebreo su nombre significa “el que despierta”.

Dios no se olvida de su Palabra sino que está alerta para que se cumpla. Pero son nuestros pecados los que dilatan que florezca en nosotros lo que Dios nos había dicho. Por eso es importante que sepamos estar a cuenta con Dios, viviendo en armonía con Él para que sus promesas se cumplan en nuestras vidas.

Dios no es como nosotros. A veces olvidamos lo que debemos recordar, y  a veces recordamos lo que debemos olvidar. Dios tiene buena memoria. Es conmovedora la afirmación de Dios con relación a su pueblo: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?. Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” (Isaías 49:14).  Leemos en Hebreos 6:10: “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor…”. Jesús se acordó del ladrón arrepentido: “Acuérdate de mí…”; “De cierto te digo que hoy estarás conmigo…” (Lucas 23:43-44). No obstante, menos mal que Dios sí se olvida de nuestros pecados cuando nos arrepentimos y experimentamos su perdón.

 

«Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo»
(Salmos 103:12-14).

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