La armadura de Dios

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La armadura de Dios

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

La vida cristiana es una batalla permanente. Efesios 6 nos recuerda qué debemos hacer para prevenirnos de los ataques del enemigo.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” – Efesios 6:10-18

Pablo dejó muy claro en su carta a los Efesios el hecho de que nuestras batallas van más allá de lo que nuestros ojos puedan ver o nuestros cuerpos sentir (Efesios 6:12). No luchamos contra lo físico sino contra lo espiritual. No es el instrumento en sí, sino el atacante espiritual, el que es la raíz y causa de toda maldad. Ningún arma tangible u objeto nos puede proteger de las artimañas del diablo y su ejército de malignos. Pero la Biblia nos instruye a ponernos “toda la armadura de Dios”.

El cinturón de la verdad

Uno de los ardides del enemigo es llenarnos las mentes con mentiras y engaños, distorsionando nuestra fe. De hecho, engañar o mentir es el arma principal de Satanás, a quien se le conoce como el padre de las mentiras (Juan 8:44). El convence a los creyentes de mentiras que atacan nuestro punto de vista de quién es Dios, de nuestra identidad en Cristo y de la verdad de la Biblia. Solo la verdad del Señor nos puede liberar alguna vez de las mentiras del que engaña. Asegurándonos con el cinturón de la verdad nos puede mantener alejados de las creencias erradas que nos dirigen hacia un estilo de vida equivocado.

La coraza de la justicia

La coraza es lo que protege nuestros órganos vitales, incluido el corazón. La rectitud de Cristo es lo que protege y guarda nuestros corazones de todas las acusaciones y etiquetas del mundo que nos puede lanzar el enemigo. Sí, es la rectitud de Jesús y no lo que hacen los hombres ni nosotros lo que debemos considerar recto o correcto. Jesús vino como perfecto sacrificio por nuestro pecado para que nosotros pudiéramos ser corregidos ante los ojos del Señor. La rectitud atribuida a nosotros por el hecho de ser vistos sin pecado, al representar al Único sin pecado, a Jesús.

Calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz

Los soldados en la antigüedad, se aseguraban de que sus pies estuviesen bien cubiertos para protegerlos de adversidades y del medio ambiente, permitiéndoles así viajar lejos. Manteniendo nuestros pies calzados por la disposición provista por el evangelio de la paz, seremos capaces de prepararnos para los obstáculos y las pruebas que Satanás nos ponga en el camino. Y siendo protegidos, la paz será la que nos mantenga protegidos del desánimo que acompaña a las pruebas del diablo. Recuerda, el Evangelio es para todos, no solo para los que no creen. Predícate el evangelio a ti mismo a menudo. Ese calzado nos llevará más allá mientras proclamamos el evangelio al mundo.

El escudo de la fe

Nuestra fe es la base de nuestra relación con nuestro Padre Celestial. El día que aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador fue el día que colocamos nuestra fe en Él. Pablo enfatiza en el versículo 16 que en toda circunstancia en la que Satanás nos trate de lanzar dardos de dudas y mentiras, nuestra fe nos protegerá de su fuego consumidor. El escudo de la fe será nuestra protección que nos salvará de la muerte.

El casco de la salvación

Tener seguridad absoluta de la salvación y el perdón que hemos recibido del Señor, nos protege de las confusiones y el desánimo de Satanás. Combatirá las dudas que puedan llegar acerca de la validez de nuestra salvación y nos hará sólidos contra cualquier desaliento que diga que no llegaremos a estar con nuestro Padre Celestial. Por eso es que usar el casco de la salvación nos protegerá de esas confusiones y desalientos y nos dará la certeza de que somos salvos y hemos sido perdonados.

La espada del Espíritu

La armadura no estará completa y un soldado no estará listo para ir a la batalla sin un arma. El Señor nos ha provisto con el arma que necesitamos para luchar contra las artimañas del enemigo y es con la espada del Espíritu:  la Palabra de Dios. En Hebreos 4:12 el autor describió la Palabra del Señor como viva y poderosa; y más afilada que cualquier espada de dos filos. Incluso en ese tiempo en que Satanás estuvo tentando a Jesús, Él, el Mesías, usó la Palabra de Dios para combatir cada uno de los ataques del demonio. Siempre debemos equiparnos con la Palabra del Señor y meditar en ella día y noche. Eso nos protegerá y nos alejará de los golpes y ataques del enemigo.

Recuerda, al ponernos toda la armadura de Dios, que tampoco debemos descuidar el poder de la oración. Pablo dijo en el versículo 18 que debemos orar en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Es a través de la oración que pedimos fortaleza y guía del Señor. Es también una manera de estar en comunión con el Señor mientras enfrentamos nuestras batallas.

Satanás y su ejército pueden ser buenos lanzando ataques, pero estando vestidos con toda la armadura de Dios, ningún golpe fatal nos podrá destruir. Debemos estar prevenidos y alertas de las artimañas del enemigo. Y siempre recordar que nuestras batallas no son contra seres humanos sino contra poderes, autoridades y potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales (Efesios 6:12).

La guerra espiritual es real, no es fantasía. Cada día es siempre una batalla.
Por tanto, ¡vístanse con toda la armadura de Dios!

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