¿Por qué leer la Biblia?

La Machi
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¿Por qué leer la Biblia?

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Tomado de «Yahoo Respuestas»

Los escritos, han sido, desde el más remoto pasado, el vehículo ideal para transmitir los acontecimientos y las enseñanzas, por estar preservados de la deformación inevitable del boca a boca de la transmisión oral. Entre todos los libros que el mundo ha visto, hay uno, que brilla con luz propia e incomparable, porque su contenido es único, y su influencia ha cambiado la vida de miles de millones de personas, a lo largo de la historia. Nunca un libro ha sido tan perseguido y tan atacado como este, y sin embargo, sigue siendo el más conocido, el más leído, el más vendido, el best-seller de los best-sellers. Ha resistido también el deterioro producido por los que lo han utilizado como disculpa para defender teorías disparatadas.

Es humanamente imposible que esto pueda ocurrir con un libro que se completó allá por el final del primer siglo de la era cristiana, hace unos mil novecientos años, pero ocurre. Más difícil todavía, es que este libro fue escrito por unos cuarenta autores, que en su mayoría no se conocían entre sí, que no se parecían en su formación, ni en su origen social, y que además dieron forma a su obra a lo largo de más de quince siglos. Ese libro debiera estar lleno de polvo en el rincón más oscuro de algún museo; sin embargo, está en todas las librerías del mundo, como si todavía fuese una novedad. Es, además, el único libro por cuya posesión se han hecho los mayores sacrificios, y es también el único por el que por el simple hecho de defenderlo, poseerlo, o incluso solamente de conocerlo, se ha pagado con la vida en cientos de miles de ocasiones.

Por si todo lo anterior fuese poco, en el libro se nota claramente la continuidad del relato y de los temas que trata, y la perfecta unidad del conjunto. Pero aún hay más, mucho más, porque este libro tan singular, mejor dicho único, contiene un mensaje que sigue siendo tan adecuado y comprensible para los lectores de hoy, como lo fue para los de hace mil novecientos años.

Otra notable característica del libro, es que tiene el peso inconfundible de la autoridad indiscutible y de la verdad sin concesiones. Nunca oculta los fallos de sus héroes, ni las cualidades de sus villanos, retratando el alma humana con una fidelidad imposible de superar. Sus predicciones se han cumplido con exactitud total, a pesar de haberse hecho muchos siglos antes de ocurrir los acontecimientos anunciados. Sus detractores han tenido que callar una y otra vez sus críticas, ante la comprobación de la veracidad de sus afirmaciones.

Es el único libro que habla de Dios y desde Dios; y lo hace en lenguaje a la vez elevado y accesible, pero sin dejar de afirmar verdades y principios absolutos. Es el único libro que ha marcado con su influencia la vida de miles de millones de personas, en todos los países del mundo y en todas las épocas de su historia. Ningún libro puede atribuirse el mérito de haber arrancado a tantas personas del fango de una vida arruinada moralmente y haberles devuelto la dignidad y la paz interior. Ningún libro ha influido tanto en los códigos legales y en todo tipo de manifestaciones culturales; incluso sus más acérrimos enemigos no pueden evitar citarlo con frecuencia.

Este libro es La Biblia, el libro de Dios; es este un libro que habla al corazón y produce en el alma el eco sublime de la resonancia del mismo Espíritu de Dios que autentifica su mensaje y lo aplica a las vidas de sus lectores. Personas de todas las culturas, de todas las edades, de todas las condiciones sociales, y con los más diversos grados de formación intelectual, se gozan cada día con su lectura y lo tienen como el mejor consejero para el presente y como el orientador de más confianza para su futuro. En la dificultad es su consuelo, y en la prosperidad les da el equilibrio necesario.

Un salmista cuyo nombre nos es desconocido pero que sin duda era joven y tenía problemas semejantes a los nuestros, escribió el más grandioso canto a la Palabra de Dios, conservado para nosotros en el libro de los salmos con el número 119. En esa extraordinaria composición el salmista reconoce el gran valor práctico de la Palabra de Dios en su vida diaria y su gran aprecio por ella cuando dice: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley!, todo el día es ella mi meditación; me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo; más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación; más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra; no me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste; ¡cuán dulces son a mi paladar tus palabras!, más que la miel a mi boca; de tus mandamientos he adquirido inteligencia, por tanto, he aborrecido todo camino de mentira«.

El salmista, como muchos otros después de él, había aprendido ya en su juventud algo muy importante: Teniendo a la Palabra de Dios como libro de cabecera, recurriendo constantemente a él, empapándose de su contenido, obedeciendo sus enseñanzas, adquiría la verdadera sabiduría que resultaba ser muy superior a la de sus enseñadores y a la de los más experimentados; por eso tiene ese arranque de pasión cuando dice: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley!». El testimonio del salmista nos anima a sumergirnos cada día en el contenido del sagrado libro que es aliento y expresión del mismo Dios.

  • No importa la edad, el libro es para todas las edades.
  • No importa tu grado de conocimiento, el libro es fuente de saber.
  • No importa tu condición social, el libro enriquece a quien toma contacto con él.
  • No importa tu condición moral, el libro limpia todo cuanto toca.
  • No importan tus fracasos anteriores, el libro lleva de triunfo en triunfo a quien se deja guiar por él.
  • No importan los errores cometidos previamente, el libro es la verdad y lleva al Camino recto.
  • No importa el tiempo que hayas perdido, el libro llenará tu vida de eternidad.

 

Este libro es La Biblia.

 

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