Religión

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Religión

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Y evangélico. No religión y evangelio, aunque sí, esa también es una dicotomía real para los cristianos evangélicos. Pero religión y evangélico. Dos conceptos que son naturalmente lo mismo para los no creyentes, los no cristianos, los agnósticos o indiferentes a la religión y a las cosas espirituales. Aquellos a quienes los evangélicos llamamos “inconversos”, o “mundanos”. Pero para los evangélicos, el término religión es un motivo de malestar, una molestia, por la tirria que se le ha tomado a la palabra. ¿De qué religión sos?, ¿en cuál religión estás?, ¿tu religión te permite esas cosas?, son preguntas hechas por los no evangélicos, los no creyentes –los de afuera– a veces por simple curiosidad, o sin mala intención, que desencadenan la respuesta tensa, casi ofendida: “yo no soy de ninguna religión; yo soy cristiano”. Y el curioso bienintencionado, con gesto perplejo, pregunta: “¿y no es lo mismo?”. Hay un aspecto cultural con el término religión entre cristianos evangélicos, que se vincula con el aspecto cultural general que la religión tiene para nuestra gente. El cristianismo –en la forma de catolicismo romano– ya no es la religión oficial del país, ¡gracias a Dios!, hace mucho tiempo. La secularización del estado uruguayo, muy precoz, cumplió un siglo en 2018, pues fue en la Constitución de 1918 que estado e iglesia se separaron. La interjección ¡gracias a Dios!, recién expresada, no se refiere al catolicismo, sino a todo el cristianismo; a la religión. El estado uruguayo se separó de la iglesia, y ni defiende los intereses de la misma, ni le otorga prebendas, ni tiene injerencia en asuntos internos de las congregaciones religiosas. Por lo menos no, según la Constitución, porque es un estado laico. Lo que suceda en virtud de acomodos políticos, intereses económicos muy seculares, o por la presión de ideologías y doctrinas radicales, es otra cuestión bien diferente. Pero somos laicos, desde hace más de un siglo. Aleluya.

Pero lo que suena normal y natural para un católico practicante, para un adepto a la religión mayoritaria del país –la que tiene su centro en la iglesia católica romana– o incluso para un simple simpatizante del catolicismo: el pertenecer a una religión, o tener una religión, o estar en una religión, a un evangélico le crispa los nervios. Primero, porque en una nación en la que hace cien años es políticamente correcto ser laico, secular y agnóstico –y esa corrección política se puso muy intensa en los últimos años, en virtud de las ideologías imperantes– en semejante nación, “estar metido en una religión” suena retrógrado, oscurantista y raro. “Ojo con fulano, que va a la iglesia”, dice alguien en la rueda de compañeros de trabajo, o de estudio, o en el centro vecinal, antes de una reunión. Y los compañeros, o vecinos, o amigos, si son civilizados, maduros y serios, se cuidarán de decir groserías, de emitir ciertas opiniones o verbalizar determinadas palabras que pudieran ofender al que está “en la religión”; en cambio, si son ordinarios y bastante incultos, al contrario, tomarán de punto al que “va a la iglesia”, hablando y portándose adrede como personas más groseras y ordinarias todavía, de lo que ya son. En segundo lugar, religión le crispa los nervios al cristiano evangélico porque, para él, ese término representa, justamente, la forma más acendrada de fariseísmo, la hipocresía religiosa, el decir que uno es, cuando en realidad no es; o no es de corazón lo que profesa ser con su boca. Pero, además, religión suena a práctica hueca y vacía, a ritos costumbristas basados en creencias poco entendidas, pero ritos vacíos de una verdadera espiritualidad cristiana, sin auténtica vida interior, sin genuina conversión de todo corazón a Jesucristo, y, por lo tanto, sin la presencia y el poder del Espíritu Santo.

En definitiva, ¿qué es religión? Una fuente secular (1), y una fuente evangélica (2), coinciden en que el origen de la palabra es el término proveniente del latín religĭo. La mencionada fuente secular dice: “El concepto de religión tiene su origen en el término latino religĭo y se refiere al credo y a los conocimientos dogmáticos sobre una entidad divina”. Por otra parte, la fuente evangélica lo expone de la siguiente manera: “La palabra religĭo proviene de la Vg., en la que religĭo aparece en una paráfrasis del s. XIII de Santiago 1:26ss”. La Vg (Vulgata Latina) es la versión de las Sagradas Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento, traducidos al latín a fines del siglo IV por san Jerónimo, y fue la Biblia oficial de la iglesia católica romana durante muchos siglos (3). En cuanto al pasaje de la epístola de Santiago aludido en el artículo (1:26, 27), dice lo siguiente: “Si alguno se cree religioso entre ustedes, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Este es virtualmente el único pasaje del Nuevo Testamento, en la traducción de uso más extendido entre los evangélicos de habla hispana que es la de Reina-Valera (RV), en que la palabra religión aparece aplicada al cristianismo. Según la fuente evangélica aludida anteriormente, el termino griego es threskeia, la cual se refiere a “la expresión exterior de las creencias, no al contenido”. Según esto, religión alude entonces a las prácticas rituales, ceremonias y forma de culto, por medio de las cuales los creyentes expresan sus convicciones. El artículo citado, de fuente evangélica, también menciona la “actual resistencia a emplear la palabra religión”, no solo para el contenido de la fe, sino para su expresión en el culto, debido a que el cristianismo es diferente de todas las demás religiones, dado que su contenido fue revelado por Dios, y los cristianos expresan –o deberían expresar– su fe en ese contenido espiritual, no como medio para alcanzar la salvación, sino como agradecimiento por haber recibido la salvación (2).

Así que en la ecuación de la religión y la fe intervienen dos factores claves: contenido y forma. El contenido es eminentemente espiritual, y consiste en la doctrina revelada por Dios en su Palabra, predicada y enseñada en la iglesia, creída de todo corazón, que se vuelve lo más sagrado en la vida del individuo creyente. La forma es la expresión externa de la fe en ese contenido espiritual, que se manifiesta a través de prácticas devocionales, personales y privadas o colectivas, consistentes en ritos: actos de mayor o menor complejidad, generalmente prefijados por la comunidad religiosa –en el caso del cristianismo, la iglesia– que se repiten casi invariablemente. En general, cuando los evangélicos hablamos de religión y ritos, pensamos en los creyentes católicos romanos, pues el cristianismo evangélico, tradicionalmente, ve al catolicismo como religión, y se felicita por la libertad en el Espíritu de que goza. Sin embargo, un cristiano evangélico puede cumplir un rito muy simple, y repetirlo sin variación, al ir el domingo a la iglesia, al abrir su Biblia cada mañana para leer uno o varios capítulos, o al tener un tiempo de oración. Algunos ritos religiosos son personales; en otros, participa un ministro religioso, un pastor y otros líderes de la comunidad evangélica. Por ejemplo, en el culto evangélico: oración, canto, lectura bíblica, canto, predicación, oración; el domingo siguiente, oración, canto, lectura bíblica, canto, predicación, oración; el domingo siguiente, lo mismo.

¿Somos religiosos los evangélicos? Y si lo somos, ¿es malo?

En relación a la consideración del término religión, si miramos más en detalle la traducción más usada de la Biblia –entre cristianos evangélicos de habla hispana– la RV, nos encontramos con un término que merece atención: piedad. Piedad, en el habla coloquial actual, se interpreta como el sentimiento interno que despierta en personas sensibles las situaciones desgraciadas de sus semejantes, y se vincula con conceptos como misericordia, clemencia, altruismo, compasión, hasta dolor y pena. Una persona piadosa, entonces, es alguien misericordioso, compasivo, humano y sensible ante el sufrimiento de los demás. Menos habitualmente en la actualidad, piedad se interpreta de otra forma: como devoción y religiosidad. Y es curioso ver qué ocurre con algunos pasajes del Nuevo Testamento –en la RV– en los que aparece piedad, cuando se leen en otra traducción; el ejercicio lo vamos a hacer, concretamente, con la traducción DHH. Primero, 1 Timoteo 3:16: “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad” (RV); “No hay duda de que la verdad revelada de nuestra religión es algo muy grande” (DHH). Luego, 1 Timoteo 6:3: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe” (RV); “Si alguien enseña ideas extrañas y no está de acuerdo con la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo ni con lo que enseña nuestra religión, es un orgulloso que no sabe nada” (DHH). En tercer lugar, 1 Timoteo 6:5, 6 habla de “disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (RV); “peleas sin fin entre gente que tiene la mente pervertida y no conoce la verdad, y que toma la religión por una fuente de riqueza. Y claro está que la religión es una fuente de gran riqueza, pero solo para el que se contenta con lo que tiene” (DHH). Por otro lado, 2 Timoteo 3:5 habla de aquellos que “tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (RV); “Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión” (DHH). Finalmente, Tito 1:1 comienza diciendo: “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (RV); “Carta de Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, enviado por él para que los elegidos de Dios lleguen a la fe y al conocimiento de la verdad que se encuentra en nuestra religión” (DHH). Del contexto de todos estos pasajes surge que, en la RV, piedad no puede interpretarse como misericordia, clemencia o compasión; el sentido es, claramente, el de la doctrina y práctica de la fe y la relación con la Divinidad. Lo que para el común de la gente –aunque no para los evangélicos– es religión. En este contexto, entonces, una persona piadosa, es una persona creyente, devota, que practica con fervor la doctrina de su fe y cultiva su espiritualidad; en suma, una persona religiosa. También merece destacarse que todos estos pasajes pertenecen a las llamadas “epístolas pastorales”, dirigidas a líderes de comunidades cristianas primitivas con un propósito definido; como le expresa el apóstol Pablo: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:14, 15). Es decir, que estos dirigentes cristianos del primer siglo, Timoteo y Tito, recibieron a través de estas epístolas instrucciones para conducir la enseñanza de la doctrina y la práctica de la espiritualidad y el culto en la iglesia. Eso se corresponde con lo que genéricamente se llama religión.

Ahora, ¿cuál es el problema con la religión? Básicamente, cuando se trata de forma, sin contenido; práctica y rito, ceremonia religiosa y observancia de rituales y normas, sin una verdadera experiencia de renovación espiritual, de regeneración, de nuevo nacimiento por la fe en Cristo, que hace al o la creyente, cada día, una nueva persona en Cristo. Jesús le dijo a Nicodemo, un maestro de la religión judía, que le era necesario nacer de nuevo (Juan 3:7). ¿Hemos nacido de nuevo? El apóstol Pablo escribió que quien está en Cristo es una nueva criatura (2 Corintios 5:17). ¿Somos nuevas criaturas, desde el día en que, por la fe, entregamos nuestra vida a Jesucristo? Pablo también escribió acerca de regeneración y renovación en el Espíritu Santo (Tito 3:5). ¿Fuimos regenerados y renovados por el Espíritu Santo? Si esos eventos magníficos fueron operados en nuestro interior, ¿qué nos puede importar que nos apliquen los motes de religiosos y religión? Para los de afuera somos religiosos; pero, mirándonos a nosotros mismos, ¿lo somos? ¿Somos forma sin contenido? ¿O somos llenos del contenido espiritual de la fe, llenos del Espíritu de Jesucristo, y por lo tanto verdaderos cristianos espirituales, y no simples practicantes de la forma?

Busquemos, procuremos y aprendamos a ser cristianos verdaderamente espirituales.

Que así sea.

 

1) https://definicion.de/religion/
2) Job JB, Religión, en Nuevo Diccionario Bíblico; Ediciones Certeza, Illinois, USA. Nashville, TN, 1982; Pág. 1161.
3) Vila S, Santamaría D, Vulgata, en Enciclopedia de Historia de la Iglesia; Editorial Clie, Barcelona, España, 1979. Pág. 566.

 

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista, profesor universitario y ejerce el pastorado en el Centro Evangelístico de la calle Juan Jacobo Rosseau 4171 entre Villagrán y Enrique Clay, barrio de la Unión en Montevideo.

1 Comment

  1. Pablo vazquez dice:

    Felicitaciones muy buen material y sobre todo a tener en cuenta.DIOS continúe bendiciendo a cada uno de los que hacen posibles que este material llegue a oídos de nosotros de corazón les deseo lo mejor y sigan para adelante que CRISTO esta con ustedes gracias a DIOS por la bendición que manda al usarlos para su pueblo

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