Hijos como botín de guerra

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Hijos como botín de guerra

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

En este mes que en Uruguay se celebra el Día del padre, les proponemos ocuparnos de una realidad que afecta a muchos hijos: la imposibilidad de seguir viendo a su padre biológico luego de la separación parental.

El primer y más flagrante ataque al “interés superior del niño” es el divorcio, ya que le ocasiona importante daño a su salud psicoemocional. Le trasmite una imagen distorsionada del amor, asimilándolo a un mero sentimiento pasajero y arbitrario.

El segundo ataque es la guerra que se instaura luego entre ambos padres, discutiendo acerca de la tenencia del hijo, pensando en cómo perjudicar al otro progenitor para cobrarse los sinsabores que dejan el desamor y/o la traición. Cuando se rompe el pacto matrimonial, padre y madre suelen incurrir en conductas de saboteo por parte de un progenitor de la disciplina que impone el otro, retaceo del sostén económico (en general por parte del padre) u obstaculizar que el hijo o hija mantenga contacto con quien abandonó el hogar. Ello no solo afecta al niño y al progenitor que recibe este castigo, sino también produce sufrimiento en abuelos, tíos y demás componentes del núcleo familiar inicial.

La Convención Internacional sobre derechos del niño, a la cual Uruguay adhirió, establece en su Art. 9 numeral 3 establece: “Los Estados partes respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño”. Pero no todos los excónyuges acuerdan en términos amigables para seguir cuidando ambos de los hijos que tienen en común. Muchas exparejas no se ponen de acuerdo y un juez debe laudar acerca de un régimen de visitas, o mejor aún, de la tenencia compartida.

Los padres que por el enojo de sus parejas se ven privados de continuar el contacto natural con los seres en cuya gestación participaron, están haciendo sentir sus protestas a nivel público tanto en Montevideo, como en ciudades del interior de nuestro país. Han llevado sus reclamos a los medios de información y crearon además asociaciones en distintos países y grupos de Facebook donde comparten sus angustias, logros y fracasos. Así lograron situar el tema en la agenda pública.

Felizmente nuestra legislación aun reconoce a la familia como el ámbito ideal para el crecimiento y desarrollo del niño. El Código de la Niñez y la Adolescencia, en su Art. 12 sostiene que : “La vida familiar es el ámbito adecuado para el mejor logro de la protección integral” del niño. En el mismo sentido, la Convención de Derechos del Niño, en su preámbulo reconoce que: “El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”.

Pero en estos tiempos de “familias líquidas” los divorcios proliferan y lo que es peor, los menores de edad son tomados como “botín de guerra” en las disputas entre los excónyuges. No desconocemos que existe una minoría de padres cuya presencia junto al hijo o hija es claramente perjudicial. Nos referimos a varones perversos, con tendencias a abusar física o sexualmente de sus hijos y la Justicia debe actuar con la máxima severidad para preservar al hijo del daño potencial y castigar al malvado de modo ejemplarizante. Igualmente, corresponde que la Justicia intervenga en el caso de madres a cargo de la custodia de sus hijos que se drogan ellas mismas u obligan a sus hijas a prostituirse. Pero en la mayoría de los casos de separaciones de parejas no existen estos delitos, sino que simplemente el despecho y la inmadurez afectiva de los adultos les lleva al desacuerdo, en lugar de buscar el bien de sus hijos y no añadirle un mal mayor a la disolución familiar.

Con sabiduría, años atrás un Tribunal de nuestro país laudó lo siguiente: “El conflicto entre los adultos no puede ni debe dilucidarse cercenando el derecho de un hijo a estar con ambos padres” (Tribunal de Apelaciones de Familia de 2° turno, Sentencia N° 171/2009).

Empoderamiento femenino

Actualmente, la mujer parece estar en una posición privilegiada para ello, ya que en general es la que queda con la custodia de los hijos, luego de la separación parental. Las sentencias judiciales parecieran dejar un margen de acción discrecional a las mamás, y algunas de ellas estarían ingeniándose para sabotear tales veredictos con variadas estratagemas: desde aducir que justo el día de la visita al padre el niño se encuentra indispuesto o enfermo, hasta denunciar al padre de presunto abuso o maltrato al niño, sin aportar pruebas de ello. Otras madres dedican su esfuerzo a desacreditar la figura del padre, tratando de disminuir el aprecio que el hijo sienta por él.

En pleno apogeo de la ideología de género, algunas mujeres se han empoderado, tanto para matar a sus bebés mediante el aborto, como para privar a sus hijos del contacto paterno. ¡Cuánto nos gustaría que los defensores de derechos humanos se hicieran portavoces del sufrimiento de estos chicos, ya que ellos no pueden hacerlo! A lo sumo, algunos hijos se han atrevido a decirle a sus madres: “La que te divorciaste fuiste tú, mamá. Yo no me divorcié de papá”.

¡Creemos que no era este el empoderamiento femenino que necesitaba nuestra sociedad occidental! En la antigüedad, el sabio Salomón dijo: “La mujer sabia edifica su casa, ¡pero la necia con sus manos la derriba!” (Proverbios 14:1).

Consecuencias de la ausencia paterna

La madre que deliberadamente aleja a sus hijos del padre para hacerlo sufrir por haberla abandonado, no tiene en cuenta el daño emocional que impone a sus hijos. Algunas de las consecuencias que ello puede aparejar en el carácter y futuro estilo de vida del hijo pueden ser las siguientes:

  • rebeldía (que oculte sentimientos de desprotección e inseguridad)
  • depresión y ansiedad
  • impulsividad y conductas violentas
  • deserción educativa y a futuro, empleo precario y pobreza
  • riesgo de involucrarse con drogas
  • fracaso y divorcio cuando constituya su propia familia
  • conducta transgresora y cárcel
  • aumento de riesgo de suicidio

Pensando en la repercusión social de tales conductas, hoy, en vez de pedir más policías en nuestras calles, deberíamos preocuparnos por fomentar la presencia activa y comprometida de los papás en cada hogar, cumpliendo a cabalidad sus cometidos.

La presencia del padre no solo es necesaria para la concepción de un hijo, sino durante todo su proceso de crecimiento y formación del carácter, la personalidad y el estilo de vida de la criatura. Un padre es el modelo natural para la conformación de la identidad masculina del hijo varón. Aporta al niño una visión del mundo complementaria a la de la madre. Promueve la ruptura del vínculo edípico entre la madre y el hijo pequeño, impulsándolo a socializar. Respecto a las hijas mujeres, el padre es un ser distinto que las reafirma. Contar con la aceptación y aprobación del padre prepara a la hija para encarar con confianza la vida de pareja en el futuro. Corresponde también al padre la función normativa en la vida del hijo o hija. Por ello, a menudo los hijos criados sin padre entran fácilmente en conflicto con la ley en la adolescencia y juventud.

El rol paterno en la Biblia

El modelo de familia diseñado por Dios presenta un atinado equilibrio en los roles de madre y padre para la formación de los hijos. Las mujeres que intentan borrar al progenitor varón de la vida de sus hijos, deberían prestar atención al énfasis que Dios da al rol paterno. Los padres humanos operan como un prototipo de la paternidad de Dios dentro de la familia. De hecho, Dios les dio a los padres funciones similares a algunas de las que Él desempeña para con su pueblo.

Es función de todo padre proteger, amparar, enseñar y aportar seguridad a su familia. Además:

  • Amonestar, fijar límites. Efesios 6:4 – “Criarlos en la disciplina y amonestación (o consejo) del Señor«.
  • Disciplinar: Hebreos 12: 7 – “…¿Qué hijo es aquel a quien su padre no disciplina?”.
  • Enseñar a sus hijos a respetar a Dios. El sacerdote Elí no lo hizo y Dios se lo recriminó: “Y le mostraré que Yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad (pecado) que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios y él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13).
  • Exhortar y consolar: 1 Tesalonicenses 2: 11 – 12 – “…Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros…y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios”.
  • Ser misericordioso: Salmo 103:13 – “Como un padre se compadece de sus hijos así Jehová se compadece de los que le temen”.
  • Mantener a sus hijos bajo su autoridad: 1 Timoteo 3:4 – “Que gobierne bien su casa”.
  • Ser cabeza en su hogar, liderando, asumiendo riesgos: 1 Corintios 11:3 – “Cristo es la cabeza de todo varón y el varón es la cabeza de la mujer”.

Una sociedad que menosprecie el rol paterno, menosprecia de hecho la autoridad de Dios.

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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