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Una buena salud espiritual

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

 

Tomado de «El versículo del día.com«

 

«Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación»  1 Pedro 2:1-2

Los médicos especializados en dietética están ahí para recordarnos la importancia de tener una alimentación equilibrada a fin de asegurar el crecimiento normal de los niños y mantener la buena salud de los adultos. Una carencia, por ejemplo, de vitaminas puede tener serias consecuencias. En el ámbito espiritual sucede lo mismo.

En el versículo de 1ª Pedro un cristiano al principio de su nueva vida, es comparado a un niño recién nacido. Necesita leche (imagen de la Palabra de Dios) para crecer normalmente. Si deja de leerla o escucharla, su crecimiento sufrirá las consecuencias. Pero si la desea ardientemente, como lo sugiere el texto, crecerá.

El adulto necesita alimento sólido. Este alimento es la misma Palabra, pero conseguirá captar mejor su alcance, comprenderá mejor su riqueza y la profundidad de la verdad. Puede suceder que un creyente permanezca demasiado tiempo como un niño. A veces se nos puede hacer este reproche:

«Por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal». Hebreos 5:11-14

La causa de ese fastidioso retraso es, como en el caso de los hebreos, que nos hemos vuelto perezosos para escuchar. 

El rey Salomón, a principios de su reinado, hizo esta notable oración: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido” (1 Reyes 3:9). Quizás usted se excuse arguyendo que su vida está llena de muchas cosas, y cosas útiles. Pero no descuidemos lo fundamental: sentarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra, como lo hacía María de Betania (Lucas 10:38-42).

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