Ideología de género: una teoría fallida

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Ideología de género: una teoría fallida

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Parte 4:

Mucho se habla en la actualidad acerca de la llamada «ideología de género», pero poco se nos dice sobre cómo fue concebida. Fue una teoría del psicólogo y sexólogo neozelandés John Money (1921 – 2006), quien preconizaba que el sexo biológico, así como la forma de vivir la sexualidad, no estaba predefinida para el ser humano al momento de nacer. Para Money, la anatomía no implicaba un determinismo biológico, sino que era la educación familiar-cultural la que impulsaría al niño o a la niña a comportarse como tales. Su teoría era que nacíamos sexualmente neutros y que luego el condicionamiento ambiental nos inclinaría a definir cómo viviríamos nuestra sexualidad. Pasando por alto que la identidad sexual está también determinada por nuestro material genético (cromosomas), Money postulaba que a lo largo de la vida la persona podría cambiar su sexo.

Un evento desgraciado ocurrido en la vida de un bebé, le brindó la ocasión de poner a prueba su teoría. Los gemelos Bruce y Brian Reimer debieron someterse a una intervención quirúrgica a los 8 meses de edad, la que consistía en una circuncisión. Aparentemente a raíz de mala praxis, Bruce resultó con su pene dañado (quemado). Ante la preocupación de sus padres, buscando solucionar el problema, Money les explicó que según su teoría podrían reasignarle sexo femenino a Bruce mediante nueva cirugía, hormonización y reeducación en género. Lo que en principio parecía una salida exitosa, pronto se volvió un calvario para el chico y su familia. Bruce, a quien se le implantó una vagina, siguió creciendo y le cambiaron su nombre a Brenda. Pero pronto se volvió agresiva, muy masculina y rechazaba los juegos de niña. Decía sentirse desgraciada e infeliz y se aislaba. Luego aparecieron tendencias suicidas. Ya mayor, pidió que se le revirtiese la cirugía y se le implantara un pene. Llegó a contraer matrimonio pero en función de su historia de vida, este fracasó. El experimento terminó en una rotunda frustración y tragedia, pues Bruce acabó suicidándose. Pero de este desenlace casi no se habla, ¿verdad? ¿Por qué se ocultó tal resultado que acabó con una vida joven, destrozando una familia?

La ciencia humana ha sido siempre un camino de aciertos y errores. Por cada nuevo avance, hubo miles de intentos fallidos que se descartaron. Y la teoría de la ideología de género y reasignación de sexo fue uno de estos. La razón de su fracaso es simple: era opuesta al diseño creador de Dios, y por tanto de antemano se podría predecir que estaba condenada a fallar. En el texto bíblico Dios sostiene: «Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!» (Isaías 8 – 9).

¿Y por qué se echa mano nuevamente a esa enseñanza fallida en la actualidad? Tal vez, porque no han hallado nada científicamente válido que sustente lo que se intenta hoy defender. La tesis de que el ser humano nace asexuado es un manotón de ahogado al que se apela para encubrir o paliar las consecuencias de otro grave error: el desmantelamiento del modelo de familia judeo – cristiano, que fue base de la construcción de nuestra nación. Nunca más oportuno de aplicar el refrán : “Aquellos lodos trajeron estos barros”. En buen romance, los males actuales derivan de errores previos.

Dado que principio tienen las cosas, analicemos el proceso. En 1996, un documento de la CEPAL (Comisión Económica Para la América Latina) titulado “Sobre revoluciones ocultas”, hablaba sobre el abandono del modelo de familia tradicional, su fragilización y la transferencia de alguna de sus funciones básicas (afectivas y emocionales) a otras instituciones, con consecuencias disruptivas de diversa naturaleza, que afectarían fundamentalmente a los niños. En aquel entonces era difícil de predecir la catarata de consecuencias que ello acarrearía. Se nos mintió cuando se nos lo presentó como la solución contra la hipocresía de los matrimonios que se mantenían juntos para toda la vida guardando las apariencias, aunque no se amaran o fueran infieles. Obvio que eso no era bueno, pero cabrían otras soluciones. Cuando un vínculo se enferma hay que sanarlo; no matarlo.

Pocas décadas después la catarata de consecuencias ha estallado ante nuestra vista:

  • Hijos rebeldes criados sin límites por ausencia de la figura paterna.
  • Varoncitos que crecieron sin un modelo cercano de identificación sexual masculina y llegan a la adolescencia confundidos sexualmente.
  • Hijas que detestan a su padre que las abandonó o temen a los varones y prefieren vincularse afectivamente solo con mujeres.
  • Padres que se desligan fácilmente de sus responsabilidades respecto a sus hijos y son fustigados por sus exparejas ante sus hijos, dejándolos sin modelo para hacerse hombres.
  • Madres jefas de hogar sobrecargadas y desbordadas emocionalmente.

Estos son unos pocos ejemplos de ese banquete nefasto de secuelas que dejó el desmantelar la familia tradicional, pero son muy sugerentes para explicar por qué hoy tenemos delante una generación de jóvenes, varones y mujeres con una identidad sexual muy floja, que no pueden asumir cabalmente el sexo que les asignó su naturaleza. La familia es de aquellas instituciones cuyo rol fundamental se reconoce y valora recién cuando ella comienza a funcionar mal y deja de ser fuente de seguridad y de gratificación. Y probablemente, este es el caso actual.

Las iniciativas que se implementan a nivel global para atender las demandas que plantean las diversas víctimas del desastre de desmantelar la familia tradicional son conocidas. Ya que los modelos debilitados de familia actual (monoparentales de jefatura femenina, homoparental liderada por adultos del mismo sexo, ensambladas donde falta el padre biológico, etc.) no proveen modelos de identificación sexual sólidos, se apela a filosofías paliativas, como las siguientes:

  • Naturalizar la disforia o disconformidad sexual.
  • Vender la falacia que el sexo biológico se puede modificar a voluntad (ya sabemos que lo que está en los genes es inmodificable).
  • Regalarles cirugías, implantes y hormonas que solo les cambiarán la apariencia externa.

Todas estas ofertas son medidas “ortopédicas” que se asimilan a otorgarle un bastón a quien renguea. Seguirá rengueando, por supuesto. La ortopedia es la especialidad médica dedicada a corregir o evitar traumas del sistema músculo – esquelético del cuerpo humano, mediante aparatos y o dispositivos. En la situación que estamos analizando, el trauma consistió en la fractura familiar que han sufrido en su infancia o adolescencia la mayoría de las personas que luego llegaron a sentirse confundidos sexualmente. Y lo que se intenta hoy ofrecerles bajo el concepto de “derechos” (otorgarles casa, partidas de dinero, cupos laborales, etc.), no son más que soluciones ortopédicas que no les ayudarán a superar su crisis de identidad sexual. Quienes sufren disforia (disconformidad) sexual han sido y siguen siendo víctimas de hogares disfuncionales, a veces violentos, separaciones familiares, rechazo parental de su sexo (madres o padres que deseaban una nena y llegó un varón), abusos sexuales tempranos, etc. Los verdaderos derechos de quienes se sienten desconformes con su sexualidad biológica son:

  • Que se les restituya un contexto familiar estable, seguro y de amor incondicional, el cual les fue negado y al que tenían legítimo derecho de disfrutar, según el plan divino.
  • Que se les oriente para aceptarse integralmente (tienen baja autoestima) como personas creadas a semejanza de Dios y con un sexo biológicamente determinado.
  • Que no se les creen falsas expectativas: un cambio de apariencia sexual no resolverá el tormento interior que sus propios conflictos de identidad, pertenencia, aceptación, etc. les ocasionan.
  • Ser tratados sin burlas y con respeto.
  • Disfrutar de las mismas oportunidades para el desarrollo social que el resto de la población a la que pertenecen, en cuanto a trabajo, estudio, salario, etc.
  • No ser juzgadas. Así lo hizo Jesús con varias personas de vida sexual cuestionable ( por ej. no quiso juzgar a la mujer sorprendida en adulterio, ni a la pecadora en casa de Simón ni a la samaritana que había tenido cinco maridos). Cristo fue muy duro con los fariseos y doctores de la Ley pero misericordioso y perdonador con estas mujeres arrepentidas.

La buena noticia es que, como en los casos bíblicos mencionados, el Dios que diseñó la raza humana tiene la solución (y no un paliativo) para la sanidad total de todos los que resultaron mal heridos por las fallas de la estructura familiar disfuncional.

  • Les restituye su identidad de ser individuos diseñados a imagen y semejanza del Creador del universo.
  • Les ofrece disfrutar del “amor” y aceptación incondicional de Dios.
  • Les extiende un perdón amplio –en virtud del sacrificio vicario de Cristo- por los errores que hayan cometido en el camino en que han vivido.
  • Les adopta como hijos, es decir pasan a disfrutar de la “paternidad” perfecta de Dios, un padre que no abandona, no falla, que consuela y ofrece descanso a sus almas.
  • Les señala un propósito elevado de vida libre de las diversas esclavitudes a las que estén atadas.
  • Les liberta de los engaños de Satanás (entre ellos, la ideología de género) que hicieron sus vidas desgraciadas hasta hoy.
  • Les prepara lugar en el cielo, en Su presencia.

Ante cualquier otra salida o paliativo diseñado por esta generación para las víctimas de la deconstrucción familiar, nos viene a la memoria aquella reflexión de Dios: “Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se hicieron sus propias cisternas, pozos rotos que no conservan el agua” (Jeremías 2:13).

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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