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La transición de la Navidad

Por: Lic. Esteban D. Larrosa*

Transición es la palabra de moda en el Uruguay. Mientras ella sucede a nivel político, hoy volvemos a enfrentarnos ante la celebración de un nacimiento que inició un tiempo de transición para la humanidad. Esta comenzó muy lejos de los centros de poder de la época que estaban abocados a cómo engrosar sus arcas y afirmar su gobierno sin importarles la condición material y espiritual del pueblo. Ningún medio de comunicación realizó la crónica de esta transición iniciada en un pobre establo de una aldea marginal del imperio romano. Dios irrumpió en la oscura vida humana con un niño, trayéndole luz, verdad y libertad para darle sentido y esperanza.

Esta transición de Jesús es bellamente descripta por el Apóstol Pablo a los Filipenses cuando escribe:

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Fil. 2:5-11)

Jesús nos enseña que, para producir un cambio estructural y no solamente un ajuste cosmético, debemos realizar una transición en la que rompamos con lo que nos da un statu quo. Jesús tenía un estilo de vida totalmente ideal, sin embargo, decidió despojarse de esos privilegios para tomar “forma de siervo”, mostrándonos cuál es el camino que debemos seguir en medio de una generación arrogante, que premia a los soberbios y poderosos en sus propias fuerzas.

La transición de Jesús lo llevó a seguir el camino de la obediencia en la que entregó su vida, muriendo en la cruz, porque si queremos tener una verdadera transición a una vida transformada necesitamos aprender el camino de confiar y obedecer a Dios, de morir a nosotros mismos, para vivir en Él y en el poder de su resurrección.

Esta transición nos tomará toda la vida terrenal. Es un proceso continuo de desechar todo lo que nos impide crecer en el modelo establecido por Cristo, no basándome en mi justicia, sino en la justicia que procede de Dios, sobre la base de la fe que produce Jesús.

En esta navidad, recordemos a Jesús, quien inició la mayor transición de la historia, que todavía está en operación para completar el plan de Dios para la humanidad y toda su creación. Por lo cual, olvidemos lo que queda atrás, extendámonos a los que está delante, prosigamos hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

¡Feliz Navidad en transición!

 

*Esteban D. Larrosa – Director RTM Uruguay.

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