Navidad con una esencia sencilla

¿Cuál es el mejor regalo de la Navidad?
19 diciembre 2019
El sentido de la Navidad
19 diciembre 2019

Navidad con una esencia sencilla

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Extractado de Misioneros Digitales

Para los cristianos la Navidad es un tiempo muy especial. No es simplemente un recuerdo, ni un mero símbolo, ni menos aún una especie de cuento o de juego para gente menuda. Ni simplemente un modo de que los adultos puedan sentirse niños de nuevo, al menos por unos días. La Navidad es un tiempo de reflexión y celebración en el que renovamos la conciencia de un acontecimiento que sigue teniendo plena vigencia: la segunda Persona de la Trinidad, la Palabra de Dios, que ha nacido en un pesebre de Belén. Dios se ha hecho hombre, se ha hecho Niño, entrando así en la historia humana y su lógica, por tanto, según unas coordenadas concretas: en un momento dado, en un lugar determinado, a través de una cultura que Él quiso asumir con todas las consecuencias. Su palabra nos dice los siguiente..

Isaías 9:6-7
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de {su} soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.

Miqueas 5:2
Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

A partir de entonces, no se ha retirado ni se ha retractado de ese acontecimiento definitivo, que ha cambiado la vida del mundo y sigue expandiendo su Amor salvador en el tiempo y en el espacio de cada uno y de todos, a la vez que quiere nuestra colaboración para que su amor llegue hasta los confines del universo.

Lucas 19:10
Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

La Navidad solo sucedió históricamente “de una vez por todas”. Pero, al ser Dios su protagonista principal, no es algo que simplemente pasó, sino que sigue siendo plenamente actual. No solo en el “Hoy” eterno de Dios, sino también en nuestras vidas, que se abren mediante la fe a la vida de Dios, permitiéndonos vivir y comprender los valores eternos, mientras tratamos de reproducirlos en nuestra existencia ordinaria. Lo hacemos, ciertamente, en la medida de nuestras modestas posibilidades; pero a la vez, y esto es lo fascinante, estamos llamados a realizarlo con la vida misma de Dios (el cristiano pertenece al Cuerpo de Cristo); con su fuerza redentora y salvadora, siempre amable; con su luz reveladora y maravillosa. Como vemos en los siguientes versículos:

Hebreos 9:28
Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Marcos 16:15
Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.

La Navidad celebra este nacimiento y esta vida de Dios entre los hombres. Un nacimiento y una vida que, según la fe cristiana, tienen una referencia al pasado, y, a la vez, son plenamente actuales y la condición para la vida plena en el futuro de los hombres.

Pero… ¿Cómo vivir una Navidad sencilla?

Siempre que se acerca Navidad, la fiebre consumista se asume como algo de lo que no se puede escapar. Los regalos se han vuelto –no solo en Navidad- un mandato social que obliga a consumir. Paradójicamente el regalo (don), que es un signo de la gratuidad, se ha convertido en un intercambio, en un deber. Así, el consumismo nos consume a nosotros y creyéndonos libres, llevados por la corriente, no revisamos nuestras decisiones ni reparamos en qué es lo que realmente nos hace felices. En Navidad los cristianos celebramos que Dios se ha hecho regalo, que Dios se ha hecho uno de nosotros, se ha donado a sí mismo, lo ha dado todo, sin pedir ni exigir nada a cambio. El amor es así, pura donación. ¿Qué significa entonces vivir el “espíritu navideño”? Sin lugar a dudas tiene mucho más que ver con el amor que con el consumo. Para vivir la Navidad en serio, hay que volver a contemplar el misterio más hondo que se revela en esta celebración.

Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Efesios 5:2
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Jesús es el centro de la Navidad, ¡Jesús es la verdadera Navidad!

Navidad es la prueba, repetida todos los años, de dos realidades formidables: que Dios está cerca de nosotros, y que nos ama. Nuestro mundo moderno no es precisamente el más capacitado para entender esta cercanía de Dios. Decimos tantas veces que Dios está lejos, que nos ha abandonado, que nos sentimos solos… Por eso quisiéramos invitarles, amigos, a abrir sus ventanas y sus ojos, a descubrir la maravilla de que Dios nos ama tanto que se vuelve uno de nosotros. Y que vivan ustedes estos días de asombro en asombro. Que se hagan ustedes las grandes preguntas que hay que hacerse estos días y que descubran que cada respuesta es más asombrosa que la anterior:

  • ¿Qué pasa realmente estos días? Y la respuesta es que Alguien muy importante vino a visitarnos.
  • ¿Quién es el que vino? Nada menos que el Creador del mundo, el autor de las estrellas y de toda carne.
  • ¿Y cómo vino? Vino hecho carne, hecho pobreza, convertido en un bebé como los nuestros.
  • ¿A qué vino? Vino a salvarnos, a devolvernos la alegría, a darnos nuevas razones para vivir y para esperar.
  • ¿Para quién vino? Vino para todos, vino para el pueblo, para los más humildes, para cuantos quieran abrirle el corazón.
  • ¿En qué lugar vino? En el más humilde y sencillo de la tierra, en aquel donde menos se le podía esperar.
  • ¿Y por qué vino? Solo por una razón: porque nos ama, porque quiere estar con nosotros.
  • Y la última pregunta, tal vez la más dolorosa: ¿Cuáles serán los resultados de su venida? Los que nosotros queramos. Pasará a nuestro lado si no sabemos verle. Crecerá dentro de nosotros si le recibimos como Salvador.

Cuando oremos en nuestras casas, meditemos en la sencillez del Niño Jesús, nacido pobre y frágil en medio de nosotros, para darnos su amor. Esta es la verdadera Navidad. Si quitamos a Jesús, ¿qué queda de la Navidad? Una fiesta vacía. ¡Jesús es Navidad! En una fecha de regalos sin un motivo cristianamente claro muchas veces, es bueno recordar que Dios nos regaló lo más preciado que él tenía para salvarnos a nosotros.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Romanos 8:32

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *