La luz del mundo

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La luz del mundo

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

 

Escuche aquí el programa:


Por: Luis José Valdera

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:14-15

Estos versículos forman parte del sermón del monte, en el cual el Señor Jesús enseñó a los discípulos sobre la manera como debían relacionarse con este mundo en todas las áreas de la vida práctica. Aquí el Señor estableció dos responsabilidades que los discípulos debían desarrollar para ser de influencia positiva en la tierra, estas responsabilidades aplican para nosotros los creyentes de cada época del cristianismo. Ya hemos la responsabilidad del creyente como sal de la tierra, hoy veremos la responsabilidad del creyente como la luz del mundo.

En el texto bíblico el Señor dice que los creyentes somos “la luz del mundo”, y antes que nada debemos ver el privilegio y el compromiso que esto implica.

Dios es luz. 1 Jn. 1:5: «Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él«.

Jesucristo es Luz. Juan 8:12: «Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida«.

En Mateo 5:13 leemos: “vosotros sois la luz del mundo”. Esto implica que con relación a la luz, el creyente es lo que es Dios y el creyente es lo que es Cristo, y ser identificado con Dios y con Cristo como luz, es un gran privilegio pero a la vez un gran compromiso para cada uno de nosotros. Por eso veremos de qué manera los creyentes podemos ser lo que la luz es, y hacer lo que la luz hace.

 

EL CARÁCTER DEL CREYENTE COMO LUZ DEL MUNDO

  • LA LUZ ES DISTINTIVA
    Si queremos destacar las bondades de la luz, necesitamos primero señalar algunas características de la oscuridad o tinieblas. La tiniebla es sinónimo de confusión, caos, desorden, peligro e incertidumbre. La Luz es lo contrario a la oscuridad, la luz propicia el orden y la seguridad, en el principio la tierra estaba desordenada y vacía porque estaba en tinieblas. Dios creó la luz para ordenar la tierra (Génesis 1:2-5.). En sentido espiritual, Dios es luz y Satanás tinieblas. En la Biblia Dios se ilustra con el día, Satanás se ilustra con la noche. Los creyentes son hijos de luz, fuimos sacados por Dios de las tinieblas y llevados a la luz para que seamos luz, no podemos volver a las tinieblas. Efesios 5:8: «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz«. El poder de la luz está en su diferencia, así como el poder de nuestra vida y de nuestro testimonio como cristianos está en el hecho de ser diferentes al mundo y a las tinieblas.
  • LA LUZ COMBATE LA OSCURIDAD Y REVELA EL ERROR
    Aunque la luz tiene otras características, el texto enfatiza su poder de iluminar y su función de revelar la verdad. «Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo» (Efesios 5:13). En el texto el Señor nos pide desempeñar esa función. Cada día esta sociedad cae más profundamente en la descomposición moral y espiritual por falta de conocer la verdad. Los creyentes fuimos llamados para iluminar donde hay oscuridad espiritual dando a conocer a Dios, como dice 1 Pedro 2:9: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable«. Los creyentes tenemos y conocemos la verdad, entonces necesitamos compartir la verdad con los que están en tinieblas.
  • LA LUZ PENETRA
    Por naturaleza la luz se introduce en la oscuridad. La luz tiene la virtud de penetrar en la oscuridad y crear una nueva condición en el lugar donde es encendida. Los creyentes debemos penetrar en el mundo e insertarle nueva condición, nueva calidad. Debemos preocuparnos por los que están en tinieblas y trabajar para transmitirles la luz de Cristo Jesús. Cada creyente debe procurar tener una influencia penetrante en el lugar donde Dios lo ha colocado, así como hace la luz.
  • LA LUZ PROTEGE Y PERMITE VER EL CAMINO CORRECTO
    La luz advierte contra los peligros que esperan a una persona en su camino y le protege de los peligros de tropezar, caer, y sufrir daño. La luz aumenta la visión y el conocimiento que el hombre tiene de un concepto o de un lugar. Juan 12:35 dice: «Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va«. La luz guía y muestra el mejor camino a seguir, discrimina entre el buen camino y el camino equivocado. Los creyentes como luz debemos guiar a la gente hacia los caminos de Dios.
  • LA LUZ SE ESPARCE EN SILENCIO
    La luz se enciende y se esparce silenciosamente sin hacer ningún tipo de ruido, se esparce en todas direcciones y comienza a revelar lo que existe dentro de su perímetro de iluminación. Los creyentes como luz debemos iluminar quieta y calladamente a todos los que están a nuestro alrededor, ejerciendo influencia positiva donde Dios nos ha colocado.
  • LA LUZ NO SE PUEDE DETENER
    Una vez que se enciende una luz en un lugar oscuro y sus rayos comienzan a correr en todas direcciones, es imposible detenerlos. Cuando un creyente comienza a influenciar a su entorno con su testimonio de vida y el poder de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo comienza a actuar en esas personas para llevarlas a Cristo, Satanás no puede frenar su obra. Isaías 55:10-11: «Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié«.

 

LOS REQUISITOS PARA QUE EL CREYENTE SEA LUZ DEL MUNDO

  • RECONOCER QUE NUESTRO LUGAR PARA ILUMINAR ES EL MUNDO
    Mt. 5:14: «Vosotros sois la luz del mundo». Jesús corporalmente ya no está en el mundo, pero dejó a los creyentes para que seamos la luz del mundo. Juan 9:5: «Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo«. Los creyentes estamos en el mundo y debemos iluminar el mundo, porque el mundo está ciego, andando en tinieblas, tropezando, en confusión, inconsciente del peligro, cayendo en caos, sin capacidad de discernir la verdad. El mundo fue el lugar donde Jesucristo nos mandó a predicar. Marcos 16:15: «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura«.
  • RECONOCER QUE LA LUZ DEBE LLEGAR HASTA LA OSCURIDAD
    Muchos creyentes estamos iluminándonos unos a otros, y dedicando poco tiempo para llevar la luz a los que no la tienen. Como resultado, en el mundo tenemos demasiadas personas en tinieblas espirituales. Dios advierte al creyente contra la indiferencia frente al mundo: «Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo» Juan 9:4-5. Tenemos que salir al mundo en busca de aquellos que tienen necesidad de ser iluminados, todas las personas sin importar su condición tienen oportunidad de venir a salvación. 2 Pedro 3.9: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento«.
  • RECONOCER QUE DEBEMOS ESTAR CONECTADOS A CRISTO
    No olvidemos que un creyente es luz del mundo solo en la medida en que Cristo mora y reina en su vida. La luz de un creyente es una luz reflejada de Cristo. Nunca los cristianos son luz en sí mismos y por sí mismos. Son luz “en el Señor”. Cristo es la verdadera fuente de luz para el mundo, Efe. 5:8: » Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz». Si nos desconectamos de Cristo dejamos de recibir la luz que reflejamos al mundo, Juan 15:5-6: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.»

 

PELIGROS DE LOS QUE SE DEBEN CUIDAR LOS CREYENTES

  • NO CUMPLIR LA FUNCIÓN DE SER LUZ
    «…Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud» (Mt. 5:14b-15). Para cumplir su función la luz debe colocarse en un lugar alto y visible, “como una ciudad asentada sobre un monte”. Así los creyentes deben vivir delante del mundo y en el mundo, sus vidas deben ser visibles a todos, de modo que vean el poder y beneficios del evangelio: Lo que una lámpara es a una casa debe ser el creyente para el mundo. La lámpara encendida debe tener la oportunidad de irradiar la luz. Los creyentes deben ser visibles y radiantes porque así nos ha mandado el Señor. Hechos 13:47: «Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra«.
  • PERDER LA INTENSIDAD DE LA LUZ
    «…Y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres…» (Mat. 5:15b-16a). Debemos entender que nuestra luz es necesaria y útil en el mundo, no hay en el mundo otra luz espiritual que la del creyente, no hay ninguna otra cosa que pueda iluminar el mundo, la tarea pertenece al creyente. Pero una luz puede tener diferente intensidad, puede ser fuerte o débil, resplandeciente o pobre, puede ser insuficiente para evitar que una persona tropiece y caiga. Entonces debemos preguntarnos: ¿qué tan fuerte y brillante está nuestra luz?¿Qué tan débil o apagada está? Si este último es el caso, debemos volver a la comunión vital con Cristo, para que nuestra lámpara vuelva a brillar como Dios nos pide, Filipenses. 2:15 «… para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo«. Como creyentes asegurémonos de mejorar cada día la potencia de nuestra luz, preparándonos para proyectar en el mundo nuestra luz con más intensidad.
  • PERDER EL PROPÓSITO DE SU LUZ
    «…Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos«(Mt. 5:16b). El creyente tiene la luz de Cristo pero puede en un momento dado hacer mal uso de su luz, puede rehusarse a alumbrar con su luz, puede apagarla, puede dirigirla en dirección inapropiada, etc. El creyente debe alumbrar con su luz para motivar a la gente a glorificar a Dios. Esta es la razón por la que nuestra luz debe alumbrar delante de los hombres. La gloria de Dios es la principal meta de los creyentes. Dios es glorificado cuando uno de sus hijos sale a iluminar las tinieblas. 1 Pedro 2:12: «Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras«. Ocultamos nuestra luz al callar cuando debiéramos hablar, al hacer lo que todos hacen, al dejar que el pecado empañe nuestra luz, no dando a conocer nuestra luz a otros, no fijarnos en las necesidades de los demás.

 

¡No escondamos la luz del resto del mundo!

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