El impacto emocional del coronavirus

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El impacto emocional del coronavirus

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

 

Cuando el 1º de enero dimos la bienvenida a este año 2020 nada nos hacía pensar lo que éste traería entre los pliegues de su ropaje. Hoy, finalizando el primer trimestre, tenemos que admitir que el mundo ha cambiado y ya no será el mismo luego de instalarse la pandemia del coronavirus.

La globalización ha convertido al mundo en una pequeña aldea y nos ha acercado productos, servicios, descubrimientos y recursos que las generaciones anteriores a la nuestra no dispusieron. Pero la facilidad de viajar de un extremo al otro del planeta en contadas horas nos trajo lo no deseado, el contagio de un virus desconocido que se ha cobrado más de 15.000 muertos en el planeta, colapsando sistemas de salud y paralizando economías. Ante las primeras noticias del brote viral y su expansión nuestras primeras reacciones fueron la ansiedad, la duda, el descrédito y el temor. Nuestra vida personal, familiar y social continuaba pero con la mirada atenta al foco del problema. ¿Cuál será el impacto final? ¿Qué sufrimientos me acarreará a mí y a mi familia? ¿Morirá alguno de nosotros? ¿Conservaremos el trabajo? ¿Cómo evito ser contagiado? En el fondo, quizá queríamos creer que no fuera cierto.

Nuestro sistema emocional acusó el golpe y comenzamos a transitar por estadios de shock y estupor, miedo, pánico, negación y hasta rebeldía. Ni que hablar del temor de ser contagiados o la paranoia de quedarnos sin lo básico para vivir cada día. Los seres humanos solemos enfrentar las catástrofes, tanto sean personales, familiares o colectivas en etapas. Es el recurso de que dispone nuestra psiquis para no colapsar o enloquecer. No podemos pretender comprender, abarcar, adaptar el cuerpo y solucionar los hechos dramáticos de una sola vez.

En la fase inicial de shock y estupor la noticia nos paralizó.
Nuestra psiquis no hallaba estrategias para enfrentar tal amenaza; no sabíamos cómo responder. Mirábamos a la ciencia en espera de respuestas. El mundo quedó bajo el gobierno del miedo. Nuestra mente se pobló de preguntas sobre el futuro mientras el virus se propagaba sobre el planeta. El shock inicial fue seguido por el pánico y la estampida en algunos casos. Por instinto de supervivencia o desesperación, muchos comenzaron a dirigirse a los centros de venta para acaparar víveres. Fue una forma de intentar recuperar en parte el control de la situación. No pudiendo controlar lo que ocurre en el mundo exterior, por lo menos intento tener bajo control lo que suceda en mi mundo personal, en mi hogar. Son reacciones muy primarias donde el individuo al percibir el caos a su alrededor y anticipar males mayores que pondrían en riesgo su subsistencia digna, se olvida de sus semejantes y de lo colectivo y corre a abastecerse de aquellas cosas que entiende no deben faltarle: agua mineral, papel higiénico, productos de higiene personal y limpieza, alimentos no perecederos. El énfasis parece estar en todo lo que pueda mantener a raya los virus. Pero cuando las autoridades de cada país nos pidieron no salir a la calle (salvo lo imprescindible) como forma elemental de frenar los contactos sociales que causaran nuevos contagios, quedó al desnudo otra fase de la respuesta humana ante los desastres: la negación.

En Uruguay, muchos concurrieron a espacios públicos como ramblas, playas o ferias, generando una concentración de gente en esos lugares que incumplía el distanciamiento social solicitado. El caso italiano, donde la población desobedeció las normas sanitarias y continuó haciendo su vida social, saliendo a comer en restoranes y reuniéndose con amigos, quizá sería la muestra más cruda de la negación. La realidad es tan dura que prefiero creer que no es verdad. Invento para mí una realidad paralela e ilusoria y paso a vivir en ella. El costo ha sido impresionante en expansión del contagio y pérdida de vidas humanas.

Cuando ya no podemos sostener más la negación pues la realidad nos golpea duro el rostro, podemos entrar en fase de rebeldía. Comenzamos a buscar culpables: la primera persona infectada que introdujo el virus en el país, fallas en controles en los aeropuertos, demoras en decretar la cuarentena obligatoria, nuestros vecinos que no respetan la cuarentena, etc. Nos surgen preguntas: ¿habrá sido casual o intencional el origen de la pandemia? ¿Se trata de un arma química de destrucción masiva que escapó de algún laboratorio? Quizá nunca sepamos cuánto hay de paranoia y cuánto de realidad, pero transitar la rebeldía nos permite canalizar de algún modo nuestra frustración y miedo. Hemos perdido la paz, el control, se nos paralizaron proyectos y todo ello nos enoja mucho. ¿Cuál será la próxima etapa?

Lo esperable es que entremos en fases de resignación, tristeza, aceptación y duelo. Que aceptemos que esto no tiene marcha atrás. Nuestro mundo cambió y debemos analizar cómo reformular nuestra existencia sobre el planeta a partir de ahora. Quizá esto sea lo más sano. Lo trascendente es lograr sobrevivir. No solo individualmente sino colectivamente. Luego, ver cómo ayudarnos entre todos a reinventar nuestro proyecto vital. Y deberemos hacerlo sobre fundamentos que tengan trascendencia: cuidándonos mutuamente, reconociendo nuestras vulnerabilidades, satisfaciéndonos con lo que realmente vale la pena, la vida, la salud, la familia y dejando en segundo plano lo demás.

¿Cómo mantener el equilibrio emocional durante una situación de catástrofe?

El miedo es una emoción fuerte que perturba nuestro pensar, nuestra conducta. Pero además, pone en jaque al sistema inmune del organismo. Las defensas inmunitarias descienden y el cuerpo se vuelve vulnerable ante el ataque de cualquier patógeno. Cuando el miedo comienza a pasarnos factura nos sentimos intranquilos, angustiados, podemos sufrir insomnio o comer de más por ansiedad. El bombardeo de noticias, el reporte 1 a 1 de la cifra de muertes en distintos países, nos quitan la paz y no dan descanso a nuestro sistema nervioso. Podemos sentir agotamiento. Es bueno estar informados, pero evitemos la sobre-información.

Frente al miedo es mejor ocuparnos que preocuparnos. Aplicando todas las medidas de higiene, cuidando la nutrición y el descanso que también mejoran la inmunidad. Usando constructivamente el tiempo en nuestro hogar. No piense en hacer cosas para «matar» el tiempo; inviértalo, haga cosas que le dejen un resultado a corto o largo plazo. Primero, si tiene fe dedique tiempo a interceder por la humanidad. Luego descanse y aliméntese conscientemente para reforzar su sistema inmunitario. Consuma frutas y vegetales crudos, legumbres, frutos secos, pescado, aceite de oliva. Elimine los productos refinados. Haga ejercicio físico en su casa. Tome suficiente agua. Repare lo que tiene pendiente de arreglar en el hogar. Confecciónese una prenda de ropa, si sabe hacerlo. Lea un buen libro. Aprenda un idioma online. En suma, haga de este periodo de su vida algo productivo, que le deje un resultado positivo.

No podemos escapar de este escenario. Esta tierra es la morada temporal que Dios nos asignó. No pudiendo huir del campo de batalla, lo que resta es enfrentar al enemigo. Cuando los recursos materiales no solucionan el problema y queremos sobrevivir sin colapsar emocionalmente debemos apelar a recursos internos, recursos espirituales. Que cada uno clame a su Dios como se plantearon antaño los marineros, compañeros de Jonás en el viaje a Tarsis (Jonás 1: 5 y 6).

Y nos preguntamos: ¿cuál es tu dios? ¿Tu dinero? ¿Tu profesión? ¿Tú mismo? ¿Alguna estatua de material sin vida? ¿La madre tierra o pacha-mama? En las calamidades los seres humanos necesitamos un Dios que esté vivo, cercano, con las características de una persona que pueda compadecerse del dolor y pánico nuestro. Ese es el Dios y padre de Jesucristo, del cual nos habla la Biblia. Ese Dios se ha mostrado a lo largo de la historia de la humanidad como un ser sensible al sufrimiento de sus criaturas.

¿Por qué entonces permitió que nos llegara esta tragedia? Para atraernos hacia Él. Para doblegar nuestra suficiencia humana y recordarnos que lo necesitamos por sobre todas las cosas. Sabemos que tenemos un Dios que se deleita en tener misericordia (Miqueas 7:18). «Por tanto, Él esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia» (Isaías 30:18).

¿Qué está esperando para ayudarnos?
«…Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2ª Crónicas 7:14).

¿Puede dejar algo bueno una pandemia? ¿Podemos aprender algo de ella? ¡Sí!

  1. Esta catástrofe nos recordado nuestra vulnerabilidad. Disponemos de muchos avances y recursos tecnológicos. En países como el nuestro, que mejoraron su nivel de ingresos económicos, podemos contratar seguros para cubrir casi cualquier riesgo, pero una partícula de tamaño infinitesimal como un virus puede arrasar con miles de vidas en pleno siglo XXI.
  2. Nos ha recordado la importancia de lo colectivo ya que nadie puede salvarse solo. Debemos cuidarnos para no contagiarnos nosotros y eventualmente morir, pero también para no contagiar a nuestros seres queridos y a nuestros vecinos. Muchos en estos momentos están arriesgando sus vidas para atender a los enfermos o mantener servicios necesarios en hospitales y sanatorios, transporte público, suministro de alimentos, etc. Nos necesitamos mutuamente. El individualismo puede ser fatal en estas circunstancias.
  3. La tragedia está despertando gestos altruistas silenciosos. Por ejemplo, ante la escasez de tapabocas hay gente en sus casas confeccionándolos para regalar a los que no pueden comprar. Otros han salido a repartir alimentos.
  4. Por sobre todo, el terror que estamos enfrentando remueve espiritualidades dormidas, ya que el hombre postmoderno, autosuficiente, ha visto la necesidad de buscar a Dios para que detenga la mano del ángel destructor.

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

2 Comments

  1. Gracias por incluirme en vuestras redes oren por mí salud.
    Felicitaciones equipo.bendicioned

  2. Ana dice:

    Muy real, Amen¡💚

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