Un soplo la vida

Hablar la verdad en amor
8 junio 2020
¿Qué te importa?
9 junio 2020

Un soplo la vida

Por: Lic. Esteban D. Larrosa*

 

Escuche aquí la columna completa en la que se basó este artículo, accediendo también al contexto musical que enmarca la reflexión:

 

Señor, hazme saber qué fin tendré y cuánto tiempo voy a vivir, para que comprenda cuán breve es mi vida. Me has dado una vida muy corta; no es nada mi vida delante de ti. ¡Todo hombre dura lo que un suspiro!“. Salmos 39

En este Salmo 39, el escritor acumula una batería de calificativos que son dolorosos y muestran su sentir. El quiere saber cuál es “mi fin”, “la medida de mis días” (v.4), “sepa yo cuan frágil soy” (v.4), habla de sus jornadas como teniendo un “término corto”, “mi edad es como nada”, “somos una sombra”, y luego más adelante siente que está “consumido” y que Dios nos “deshace como polilla.” Todas imágenes tremendas de quien siente que su vida es fugaz. Pero la frase que es resaltada por el propio salmista se encuentra en el versículo 5. La RV60 dice: “Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive”. En otras 4 traducciones es planteada así: “Ciertamente es como un soplo todo hombre que vive”, y en otras dos aparece como que la vida es un “suspiro”. Aparece dos veces: una en el versículo 5 y la segunda vez en el 11 en el que afirma: “Ciertamente como un soplo es todo hombre”. Inmediatamente después de ambas declaraciones (casi idénticas) el autor coloca el término Selah.

Una pausa necesaria

Selah significa que hay que hacer una pausa en medio de la canción y pensar reverentemente en esto. Podría significar algo similar a nuestro silencio musical, un interludio. Lo cierto es que tal vez se detenía la música y se permanecía por algunos momentos en silencio para meditar en lo que se cantó anteriormente. El salmista pone adrede el silencio musical en ese lugar, porque le duele tanto lo que está describiendo que le es necesario parar toda la orquesta y reflexionar en lo que se dijo. No sé cuánto duraría ese silencio, pero me da la impresión que es mucho más que un silencio de unos pocos compases y que dejaba lugar a que se pensara en lo que se dijo. Y esta actitud del salmista me parece importante, porque señala algo que es necesario destacar y no seguir dejándose llevar por el ritmo y melodía de la música. Hoy, en medio de la locura con que nos manejamos, y al encontrarnos muchas veces sintiendo que nuestra vida es “vanidad”, “un suspiro”, o “un soplo,” ¡qué necesario es tener pausas, respiros para analizar lo que estamos haciendo y ver cuál es el estado de nuestra alma!

Pero como nuestro sistema de vida no está dispuesto a generar esos interludios necesarios de reflexión, sino que vivimos con el pie a fondo en el acelerador, Dios nos tuvo que poner en pausa. Él mismo creó este gran “Selah” en el que estamos viviendo durante estos meses de pandemia por COVID-19. Fue un “parate”, poner el freno de mano con todo y en forma brusca para que dejáramos de tocar la música al ritmo demencial con el que nos movíamos para pensar en nuestra vida y su fragilidad.

Volver a reflexionar y sentir

Entonces, luego de percibir esta importante pausa que se le da al Salmo en 2 oportunidades, no podemos menos que centrar nuestra atención en esta frase:

Ciertamente es como un soplo todo hombre que vive” (v.5 y v.11)

Y cuando me puse a reflexionar en ella, la imagen me vino casi como cuando algo nos hace un clic en la mente. Fíjese la similitud de la declaración de este otro poeta:

Sentir que es un soplo la vida

Estas palabras de Alfredo Lepera, inmortalizadas por Carlos Gardel más de 27 siglos después que el rey David escribiera su salmo, nos muestran que la experiencia del ser humano sigue siendo la misma ante situaciones que lo ponen en estados emocionales exigentes. En el caso del tango, el autor se encuentra con lo removedor que le implica “volver con la frente marchita” pues “las nieves del tiempo platearon su sien”. Y allí, siente “que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra”. Por eso, expresa que vive “con el alma aferrada a un dulce recuerdo que llora otra vez”.

Hay cosas que solo las podemos expresar mediante el uso de la poesía, y los sentimientos del alma son difíciles de exteriorizar en otra forma que no sea un poema, y sobre todo, hay cosas dentro de la poesía que solo un tango puede mostrar. En este sentido, creo que no hay Salmo más parecido a un tango que el Salmo 39, y si a mí me pidieran que musicalizara este salmo, seguramente le pondría un 2 por 4 como ritmo para cantarlo, pues el salmista se abre ante su creador y le expone lo angustiante que es la existencia de alguien que es tan efímero, que compara su existencia durando lo mismo que un “soplo”. Y este verso, “que veinte años no es nada” de Lepera, se ha vuelto tan popular que expresa el sentir no solo de los habitantes del Río de la Plata, sino que es algo universal que trasciende las fronteras geográficas. Debe ser por eso que “Volver” es uno de los tangos más valorados universalmente.

Así que, al igual que el salmista de la época antigua, hoy también experimentamos el paso implacable del tiempo en forma acelerada y sintiendo muchas veces que lo nuestro es pura vanidad, “que 20 años no es nada”, como dirían Lepera y Gardel. Es que la velocidad con que vivimos va dejándonos la sensación de que la vida se nos va como agua entre los dedos y que no podemos hacer nada para retenerla, volviéndose la existencia algo cada vez más angustioso. Es común escuchar resignadas declaraciones como: “esta vida de locos que llevamos,” y la sensación cada vez más patente que somos tan solo un “soplo”.

En el salmo 90 otro escritor afirmaba siguiendo la idea de David: “Porque todos nuestros días marchan a su ocaso a causa de tu ira; se acaban nuestros años como un suspiro” (v. 7).

Un salmo existencialista

En el siglo XX, este sentimiento de que “no somos nada” se agudizó con la llegada de los existencialistas, que con Sartre a la cabeza nos legaron una premisa desesperada: “El hombre es una pasión inútil”. Al igual que el Salmista, Sartre veía que el siglo XX estaba dominado por los “impíos”, siendo en su momento uno de los más notorios participantes y promotores del Mayo Francés del 1968, un movimiento que buscó responder a una sociedad signada por la violencia de dos guerras mundiales, Corea, Vietnam y la guerra fría entre muchas otras cosas que vivenciaban esos días. Y cuando los impíos están dominando la escena y haciendo su festín, el Salmista encontraba que lo que le quedaba era callarse la boca, remitirse al mundo interior, donde lo que logró fue que su corazón se agravara en dolor encendiéndose como fuego y “profiriéndole” al creador una oración de angustia. Es como quien larga todo lo que está reprimiendo en su corazón a causa de algo que lo está presionando.

Pero a pesar que la vivencia y la emoción son similares y angustiantes, existe una diferencia entre una época y la otra. El Salmista busca generar un diálogo con Dios para buscar en Él la respuesta, sabiendo que tiene en Él un interlocutor válido para sus sentimientos. La generación influenciada por el cantar de Lepera, Sartre y el Mayo del 68 y nuestra generación del siglo XXI no, pues decidieron sacar a Dios de sus vidas y así se rindieron a la desesperación de encontrar sentido sin Él.

Hoy nos damos cuenta de la situación pero al sentirnos tan angustiados por esta realidad nos lanzamos como cultura en otra dirección. Gilles Lipovestky lo resumió con el titulo de uno de sus libros que ilustra lo que estamos viviendo. El publica a principios de los 80s “La Era del Vacío” y en 1987 “El Imperio de lo efímero” donde dice que el hiperconsumo y la moda son el destino que hemos elegido para vivir todo como un “soplo” permanente. Todo esto sabiendo lo que somos y lo que nos dejó el existencialismo. Por eso, estamos lanzándonos a la búsqueda del placer y lo que nos pueda hacer felices HOY, para calmar el dolor que nos produce el sentido de fragilidad de nuestra vida, dejando de lado cualquier tipo de sentimiento religioso bíblico que nos ayude a pensar en estos temas y buscarle una solución trascendente. Llenamos nuestras horas de muchos ruidos y mensajes provenientes de miles de fuentes, que nos ayudan a tapar cualquier espacio; pero que cuando aparece, deja resurgir esos fantasmas de soledad y vacío.

Nadie quiere hacer una pausa para reflexionar seriamente sobre estas cosas. Nadie coloca un “Selah” en su vida, un silencio musical al ruido permanente que nos rodea y nos impide pensar como invitaba el salmista a la congregación. Corremos detrás de ocupadas agendas productivas en las labores de todos los días, y tapamos cualquier resquicio que pueda surgir para plantearnos estas preguntas con la moda y el consumo, porque de esa forma escondemos la angustia de enfrentarnos con lo que somos: un soplo, un suspiro, vanidad. Pero Dios, este año 2020 nos puso un Selah a toda la humanidad en su conjunto, de una vez, para que reflexionemos en estas cosas. ¿Hemos estado aprovechando esta oportunidad o vamos a sumergirnos en la “nueva normalidad” para seguir haciendo las mismas cosas, sin haber producido en nosotros ningún tipo de cambio en las prioridades y valores? Si no es así, quiere decir que no hemos aprendido nada en este interludio que se le ha otorgado a la especie humana.

¿Qué podemos esperar?

Ahora, como cristianos en medio de una sociedad efímera y en que todo es un “soplo” ¿qué dirección debemos tomar? El Salmista se lo pregunta y se lo responde en el versículo 7: “Y ahora Señor, ¿qué puedo yo esperar? Mi esperanza está en ti”. Esta es la clave del Salmo que da una sensación de alivio y una luz de esperanza para el que escuchaba el canto.

Como diría Antonio Machado, “lo nuestro es pasar”, pero no pasamos en forma intrascendente por la vida, angustiados por el sinsentido y sumergidos en el consumo y la moda, mirando con terror y resignación a la muerte, sino que tenemos un destino eterno. Confieso que esto es algo que constantemente debo recordarme para evitar caer en las mismas prácticas en las que está sumida la sociedad en la que vivimos, porque el peso de saber lo limitado que somos y la fragilidad de nuestra vida nos puede hacer perder fácilmente el norte, incluso a los cristianos.

Por ello el Apóstol Pablo le decía a los Corintios: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Corintios 4:17 – 5:10).

Esta es la respuesta que escribe Pablo. Ya no vivimos sumidos permanentemente en la angustia, porque la vida es un “soplo,” sino que encontramos una respuesta, aun en medio de nuestro desgaste y rapidez con que pasamos, el sentido eterno se hace presente, y en Dios podemos experimentar no solo el “peso” de lo frágiles que somos, sino en su lugar el “excelente y eterno peso de gloria” que nos da la esperanza en Jesucristo.

Por eso, espero que podamos orar al Señor como el escritor del Salmo 90 cuando dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que entre la sabiduría en nuestro corazón” (90:12).

 

*Lic. Esteban D. Larrosa – Director de RTM Uruguay.

4 Comments

  1. Liliana dice:

    Muchas gracias por esta reflexión.

  2. Aner González dice:

    Saludo desde Venezuela
    Excelente reflexión para meditar y accionar en tiempos de crisis

  3. Susana Tahmazian dice:

    Estimado hno. Esteban : Dios te bendiga por la brillante, profunda y actual reflexión enviada “”Un soplo la vida”, muy propicia para el tiempo que estamos viviendo. Me fue de mucha bendición y como es especial para intelectuales que les cuesta ir por el camino de la fe en Dios, se lo estoy enviando a algunos colegas y otros profesionales de mis contactos. Te deseo ricas bndnes

  4. Rebeca D'Aloia dice:

    Muy buena reflexión, me ha hecho pensar seriamente si estoy aprobechando seriamente este soplo de vida.
    Me ha hecho acercarme más a Dios. Hacer una pausa para reordenar mi vida .
    Y si ,mi esperanza está sólo en el Señor.
    Y poner en práctica el el versículo 12 del salmo 90
    “Enseñarme de tal modo a contar nuestros días….”
    Mucha gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *