Un adicto en casa

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Un adicto en casa

Por: Ps. Graciela Gares*

 

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

 

El encierro, el miedo a contraer el coronavirus, el tedio o aburrimiento, el insomnio debido a la escasa actividad son enemigos de la salud mental y generan un sufrimiento emocional severo para muchas personas. En el documento “Consideraciones psicosociales y de salud mental durante la pandemia de Covid 19”, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) definieron el actual proceso que atravesamos ya por casi 4 meses diciendo: “Esta no es una carrera de velocidad, es una maratón a largo plazo”, y reconocieron que ha generado estrés, ansiedad, angustia, depresión, enojo, irritabilidad y otras perturbaciones emocionales, con la consecuencia del incremento del abuso de sustancias en sectores vulnerables de la población mundial.

El texto citado aconseja: “Trate de no adoptar estrategias de respuesta inadecuadas como el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas. A largo plazo, esto podría empeorar su bienestar mental y físico”. Sin embargo, muchas personas no hallaron estrategias de respuesta constructivas y protectoras ante el malestar generado por el brote pandémico y apelaron al consumo de estupefacientes, que lamentablemente se encuentran al alcance de la mano en nuestras sociedades posmodernas. En Uruguay, el incremento en el uso de alcohol, tabaco, marihuana y psicofármacos por el malestar psicológico generado por el confinamiento, fue particularmente notorio en la población menor de 30 años, según resultados preliminares de un estudio de la Universidad de la República (Informe del pdo. 12/05/2020).

Muchas personas están teniendo serias dificultades para gestionar sus emociones.

Los pensamientos obsesivos y las conductas compulsivas se exacerban en los drogodependientes durante la situación de encierro forzado. La incomunicación en la que habitualmente vive el adicto se potencia al no poder reunirse con sus pares a consumir. Ni lerdas ni perezosas, las tabacaleras de distintos países procuraron incrementar sus ventas, por lo que la OPS en el “Día mundial sin tabaco” – 31 de mayo de 2020 – hizo un llamado a los jóvenes de las Américas “para que reconozcan, denuncien y resistan las tácticas engañosas utilizadas por la industria del tabaco y sus aliados para reclutar nuevos y más jóvenes usuarios, a costa de millones de vidas perdidas”.

El confinamiento y el aislamiento social vienen representando un factor crítico también para quienes se hallan en proceso de rehabilitación de drogodependencias diversas (adicción a sustancias psicotrópicas, al juego de azar, a internet), ya que incrementan el riesgo de recaídas, en momentos en que no pueden asistir a los grupos de ayuda. A ello se suman las dificultades de convivencia, generadas por conflictos familiares propios del entorno en que habitan los adictos. En algunos países, Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos apelaron a las plataformas virtuales para continuar ayudando a quienes deseaban recuperarse.

¿Cómo comienza la carrera adictiva?

Mayoritariamente se inicia en la adolescencia, la que representa una etapa crítica en la peripecia vital de los individuos en nuestra cultura, donde muchos se sienten poco preparados para enfrentar el desafío de crecer y las demandas del mundo adulto. Por ello, muchos jóvenes comienzan a experimentar apoyarse en “muletas químicas” como el tabaco, el alcohol, marihuana, o cualquiera de las drogas ilegales (cocaína, pasta base, etc.).

Expertos en el tema aconsejan prestar atención y no subestimar los cambios que puedan observarse en los jóvenes en distintas áreas: en lo físico (deterioro del aspecto personal, ojos rojos, sangrado nasal), en el estado anímico (ansiedad, depresión, irritabilidad, violencia), en el rendimiento académico (baja su rendimiento, repite años o abandona el estudio) o en lo laboral (pierde el trabajo por faltar), en los vínculos (además de aislarse, abandona sus viejos amigos y entabla nuevas relaciones con consumidores), en lo conductual (horarios de sueño y alimentación alterados, comienza a vender sus pertenencias o a sustraer objetos de la casa).

Si bien todos estos cambios suelen ser evidentes, muchos padres o parejas de adictos se niegan a asociarlos con un posible consumo de sustancias. De allí que muchos consumen drogas por años antes de que su familia admita la situación. Pero negar el problema no lo hace desaparecer, sino que lo agrava y lo vuelve crónico.

¿Cómo afecta la vida familiar la presencia de un adicto?

Muchos padres o parejas de drogodependientes definen la vida de hogar con ellos como un verdadero infierno. Las relaciones intra-familiares se van transformando y deteriorando. Todo comienza a girar en torno al drogodependiente. Algún miembro del hogar pasará la noche en vela o comenzará a faltar a su trabajo para evitar que el adicto comercialice pertenencias de la casa. La conducta del adicto se vuelve impredecible y su humor irritable. En ocasiones es violento, se aísla o cambia sus hábitos de alimentación, higiene, vestimenta.

¿Cómo abordar a un drogodependiente?

Si bien hemos de reconocer al adicto como un ser manipulador, que miente y cuya vida se centra en torno a sus intereses sin tener muy en cuenta a los demás, no debemos desconocer que es un ser que ha sufrido. Al pedirles que nos relaten su historia de vida, alguna de las siguientes vicisitudes sin dudas, estará presente:

  • Modelos adictivos familiares (padre, madre o hermanos mayores fumadores o consumidores habituales de alcohol)
  • Haber crecido en hogares donde ocurrió divorcio, separación, el padre abandonó la casa tempranamente y no acompañó el crecimiento de su hijo/a
  • Padre o madre ausentes por trabajar muchas horas diarias para sustentar el hogar. Para mitigar el sentimiento de soledad el futuro adicto recurre a los “amigos” del barrio
  • Padre, madre (o padrastro) violentos, o que no expresan en palabras y físicamente el afecto
  • Suele haber sido víctima de algún tipo de violación
  • O quizá sus progenitores le sobreprotegieron en exceso y no le pusieron límites firmes durante la crianza

Tales experiencias vitales desgraciadas generaron en el adicto carencias afectivas profundas, rebeldía y rencor contra sus mayores, contra la sociedad y contra Dios, además de baja autoestima y deseo inconsciente de autodestruirse, por su incapacidad de lidiar con las frustraciones. En ese terreno surge el anhelo de anestesiar los dolores de su alma con sustancias psicotrópicas.

¿Cómo ayudarles?

·Invoque la ayuda divina. Se estima que no existe fuerza natural capaz de romper definitivamente la dependencia (biológica y psicológica) que se establece con las sustancias psicoactivas.

·Considere el problema como familiar y no haga de su hijo/a el único depositario del asunto. Tampoco responsabilice a las “malas juntas” por la opción de vida de él, o a los narcos del barrio. Si bien quien prueba drogas es responsable por la decisión que toma, el entorno familiar donde surge una adicción no es un ámbito saludable.

·Sea coherente: ¿drogas sí o no? Si su respuesta es no, deje usted o su pareja de fumar o beber alcohol en exceso, no le compre cigarros, otras drogas, ni le facilite dinero a su hijo adicto.

·Reconozca sus errores, pida perdón y si es posible, corríjalos. ¿Ruptura familiar? ¿Sobreprotección y educación sin frustración a su hijo/a? ¿Modelos adictivos familiares? ¿Transferencia de poder al hijo/a? ¿Hijos que se crían casi solos en el hogar en la infancia o adolescencia? ¿Escasa formación en valores y espiritualidad? ¿Disciplina autoritaria? ¿Violencia en el hogar?

·Restablezca el diálogo familiar. Pregúntese: ¿de qué asuntos o temas no se habla en mi hogar? ¿Hablamos de lo que sentimos o reprimimos las emociones y sentimientos?

·Establezca cercanía emocional con el adicto para comprender qué sufrimientos de su corazón está intentando anestesiar con las drogas: ¿No se siente querido? ¿Guarda rencor contra alguno de los padres? ¿Le falta de propósito de vida? ¿Tiene fracasos que no pudo superar? ¿De qué estará intentando evadirse al consumir sustancias adictivas?

·Establezca límites claros: “en esta familia ya no se consumen sustancias psicoactivas”. Si es posible, permita que su hijo/a se enfrente a las consecuencias del consumo (procure no mentir para encubrirlo).

·Negocie con su hijo/a: usted volverá a apoyarle solo si él se interna en un lugar terapéutico donde pueda sanar su corazón y dejar de consumir.

·No acepte la violencia o el robo por parte del adicto. Denúncielo.

·Procure ayuda profesional acorde a sus valores: algunos lugares son solo centros de desintoxicación. Otros se conforman con reducir el daño. En otros, procuran sembrar en la mente de ellos valores humanos como la responsabilidad, quererse a sí mismos, cuidar al otro. Las comunidades terapéuticas cristianas procurarán ayudarle de modo integral: física, emocional y espiritualmente. Solo el amor incondicional y eterno de Dios puede llenar las carencias afectivas profundas de un drogodependiente, ayudarle a perdonar a quienes le dañaron y perdonarse a sí mismo por sus errores, descubrir el sentido y propósito de su vida y desarrollar dominio propio y nuevos hábitos de vida.

Año tras año, miles de personas en el mundo son liberadas de la esclavitud de cualquier conducta adictiva cuando entregan el control de sus vidas a Dios, el Creador. La Biblia asegura que “si Cristo les da libertad, serán verdaderamente libres” (Juan 8:36) y muchos lo han experimentado. Las advertencias contra cualquier tipo de conducta esclavizante abundan en el texto bíblico. El sabio Salomón aconsejaba y advertía: “No te fijes en lo rojo que es el vino, ni en cómo brilla en la copa, ni en la suavidad con que se desliza; porque acaba mordiendo como serpiente y envenenando como víbora” (Proverbios 23:31 -32). El Apóstol Pablo precisaba: “Todo me está permitido, pero no todo es para mi bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine” (1 Corintios 6:12). Su recomendación para los habitantes de Galacia fue la siguiente: “Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1).

Quiera Dios que la actual crisis sanitaria sea la ocasión para que a su hogar llegue la libertad que sólo Él puede dar.

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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