Una sabia petición

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Una sabia petición

Lectura: Lucas 11:1-5

«…Señor, enséñanos a orar…» v. 1

Todo niño que ha crecido en un hogar que manifiesta la fe cristiana, ha aprendido a temprana edad a recitar el Padre Nuestro. Repite esta oración cada mañana al levantarse y cada noche antes de ir a la cama. Es probable que al crecer, esta oración se convierta en una mera fórmula sin sentido, pero no por ello deja de recitarla diariamente.

En algún momento de nuestra vida hemos elevado una oración a Dios pidiendo un milagro. Pero ¿cuántas veces nos hemos preguntado si Él nos ha escuchado? Especialmente cuando no recibimos lo que hemos pedido cuestionamos el tipo de oración que hemos utilizado. No se preocupe, todos hemos pasado por una situación similar. Incluso los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, así como Juan el Bautista enseñaba a sus discípulos.

¿Por qué pidieron eso? ¿Acaso no sabían orar? Claro que oraban al igual que cualquier judío de la época, pero sus oraciones eran plegarias ya aprendidas. Por ejemplo, repetían el Shemá varias veces al día (“Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, Deuteronomio 6:4) y otras plegarias que ya estaban establecidas según el momento y la situación. Además, sus líderes religiosos, a quienes ellos estaban acostumbrados a imitar, daban más importancia a las manifestaciones externas que a la oración en sí.

Esta petición de los discípulos cambiará radicalmente su vida. Ahora ellos han aprendido que Dios es su Padre, y que como tal velará por su bienestar proveyéndoles pan, enseñándoles la importancia del perdón y librándolos de todo mal. Y lo más importante: tienen la certeza que Él escucha sus oraciones.

Miriam Bermúdez, Honduras

Hemos aprendido a orar. ¡Aprovechemos esta bendición!
Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 16, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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