¿En qué creen los hijos huérfanos de padre?

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¿En qué creen los hijos huérfanos de padre?

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

El rol, cada vez más diluido, debilitado y esquivo del padre como jefe de familia en nuestra cultura actual, altamente secularizada, ¿puede estar contribuyendo a la decadencia de la fe de la raza humana? En Uruguay, así como en todo Occidente, existe un alto número de familias monoparentales con jefatura femenina, muchas madres solteras por elección, elevada cantidad de divorcios, a menudo superando los casamientos. Asistimos a un proceso acelerado de desintegración de la familia tradicional, alentado y ambientado en la actualidad por la llamada “ideología de género”. No son pocos los hijos que dicen desconocer quién es su padre biológico. Paralelamente, se viene formando un creciente número de parejas del mismo sexo, por ejemplo, dos mujeres lesbianas que adoptaron hijos.

Nos preguntamos: las circunstancias que alteraron la estructura y dinámica de la familia tradicional ¿pueden afectar la espiritualidad de la descendencia humana? Este es el tema que nos proponemos tratar, tomando como referencia las investigaciones del Dr. Paul Vitz, profesor emérito de psicología en la Universidad de Nueva York, autor del libro: “La fe de los huérfanos: la psicología del ateísmo”, editado en 1999, donde analiza el impacto del rol del padre en la fe de sus hijos.

Una pegunta inquietante que formuló Jesús a sus seguidores hace más de 2000 años fue la siguiente: ¿Cuándo venga el Hijo del Hombre encontrará fe en la Tierra? (Lucas 18:8). Y solemos buscarle respuesta asociándola con la multiplicación de la maldad en los últimos tiempos, por lo cual el amor y la fe de muchos se enfriaría, según lo anticipaban las Escrituras bíblicas en Mateo 24:12. Lo no imaginado es que el ateísmo también podría venir de la mano de la deconstrucción del modelo de familia ideado por Dios.

Un padre presente-ausente, que no se involucra en la vida de sus hijos, un progenitor masculino autoritario, violento, abusador o debilitado en su rol ¿puede distorsionar la imagen de Dios en la mente de sus descendientes? Esta es una de las interrogantes sobre la que aportan luz las investigaciones del Dr. Vitz. Del campo de la sociología ya teníamos datos de países como EE.UU., sobre las consecuencias dañinas para los hijos que crecen sin un padre en el hogar, secuela de la prevalencia de los divorcios y el creciente número de niños nacidos fuera de una relación matrimonial estable. Sociólogos estadounidenses concluyeron que tales hijos se hallan en situación desventajosa en diversas esferas de su personalidad. En lo académico suelen mostrar un menor desarrollo y rendimiento intelectual, en lo anímico un comportamiento ansioso y desadaptado, en lo conductual un mayor riesgo de consumo de drogas y violencia, una autoestima descendida y mayor exposición a abuso infantil. A todos estos males, el Dr. Paul Vitz añade en la esfera espiritual, las dudas acerca de la existencia de un Dios y tendencia a un ateísmo profundo. Esto no significa que todo aquel que no crezca a la sombra de una figura paterna estará irremisiblemente predispuesto a volverse ateo o escéptico. Creer o no creer es, en definitiva, una decisión libre y soberana de cada persona. Más allá del desempeño de los padres terrenales, Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio:

Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos” (Salmos 19:1).

Lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (Romanos 1:19).

Se trata entonces más bien de analizar cuando el ambiente familiar disfuncional ofrece obstáculos para el desarrollo de la fe de las nuevas generaciones. El rol de un padre en una familia es insustituible, y el de la madre también. Dios los diseñó complementarios, de modo que uno sin el otro no logran satisfacer a cabalidad las más profundas necesidades físicas, psicológicas y espirituales de sus descendientes. Dios puso en la mujer un reflejo de toda su capacidad de contención, ternura y cuidado y en el varón un reflejo de su liderazgo, disciplina, firmeza y protección. El varón debería acercar a sus hijos la imagen del Dios del cielo, siendo su representante en la intimidad del hogar, asumiendo el rol de sacerdote y líder espiritual. Todo hijo o hija que disfrutó de tener un buen padre, le será más fácil estar predispuesto a aceptar la paternidad de Dios. La relación que el Creador desea tener con sus criaturas, en una menor escala es la que cada hijo o hija debería vivir en el hogar con su papá.

Desde el inicio de la existencia humana en el planeta, el plan de Dios parece resumirse así:

Y yo seré su Padre, y ustedes serán mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:18).

Está claro que no existen padres terrenales que no fallen en alguna medida al intentar representar o reflejar la paternidad divina, pero ello no debe verse como un fracaso. En los casos de muerte de un padre, una figura parental que lo sustituya como un tío o un abuelo, si cumple medianamente bien el rol paternal, aportará al entorno familiar seguridad y estabilidad en diversos planos (imagen social, economía, emociones, modelo de masculinidad para los hijos varones, etc.).

Sigmund Freud había especulado con que la creencia en un Ser Superior era de algún modo, una proyección de deseos infantiles del ser humano que anhelaba sentirse protegido y cuidado por alguien más poderoso. Es decir, se trataría de una creación de la mente humana en su búsqueda de “seguridad”. Ante esa afirmación, Vits contrapone la idea que el ateísmo podría ser un mecanismo de defensa para proteger nuestro orgullo y evitar reconocernos como seres limitados. Vitz maneja la idea de que en un niño “la representación psicológica de su padre está íntimamente relacionada con su comprensión de Dios”, e intenta probar la hipótesis de que la “decepción de un ateo y el resentimiento hacia su propio padre, justificaría inconscientemente su rechazo a Dios”.

En su estudio, realiza un rastreo histórico de las biografías de ateos y creyentes prominentes. Investigó selectivamente la vida familiar de escépticos como Nietzsche, Jean Paul Sartre, Sigmund Freud, Karl Marx, Joseph Stalin, Bertrand Russell (y muchos más) y encontró en sus biografías, en todos los casos, padres “defectuosos”, es decir ausentes (a veces por abandono, otras por muerte prematura), pervertidos, débiles en su rol, abusivos, autoritarios u omisos en el cuidado de sus familias.

En la vida de Nietzche el vacío paternal se instaló temprano: “Y esa desgracia vino: mi padre murió. Yo aún no había cumplido cuatro años”, escribió en su autobiografía. Meses después murió repentinamente su único hermano. Ambas pérdidas difícilmente pudieron ser elaboradas y procesadas por una mente infantil. En el caso de Marx (ideólogo de un sistema filosófico, político y económico), algunos biógrafos dan cuenta de la relación polémica de Karl con su padre, donde éste asoma como un progenitor débil que observaba preocupado el desorden en lo académico, lo económico y lo sexual en la vida de su hijo, pero no lograba controlarlo y paradójicamente seguía sosteniéndolo de su pecunio. En una misiva su padre escribió: “su conducta ha consistido simplemente en desorden….y una elocuente insociabilidad y un rechazo de todas las convenciones e incluso de todo respeto por tu padre”. Freud por su parte, tuvo un padre judío, no practicante de su religión, casi un librepensador, que tomó por segunda esposa a una mujer 20 años menor que él, que tenía la misma edad que el hijo mayor de su primer matrimonio, según algunas biografías. Por lo que la madre de Sigmund Freud era de edad similar a un hermanastro de aquel, en una situación familiar que “el padre del psicoanálisis” calificó como “enredada”. No es difícil suponer la confusión que estructuras familiares de esa naturaleza causarían en la mente de un niño.

Las peripecias vitales de éstos y otros representantes del ateísmo, fueron contrastadas por Vitz con las vidas de creyentes reconocidos como Blaise Pascal, Chesterton, Martin Buber, Schweitzer y muchos más, quienes experimentaron el amparo directriz solícito y amoroso, ya sea de un padre biológico o de una figura paterna sustituta: tíos, abuelos, un clérigo, etc. Una relación cercana y saludable con la figura paternal en todos los casos aporta estabilidad emocional. De la evidencia histórica hallada se podría inferir que los hijos que crecieron sin padre tendieron a desarrollar un Yo autónomo, arrogante, que se habituó a operar sin restricciones y quizá para ello necesitó rechazar la existencia de un ser superior. Aceptar a Dios o rechazarlo es una elección. Pero la investigación de Vitz permitiría concluir que figuras parentales que decepcionaron a sus descendientes son a menudo un factor común presente en las vidas de muchos ateos o agnósticos, oficiando de escollo o barrera para la conversión a Dios. De allí la trascendencia de la figura y rol de cada padre.

¿En qué creen los huérfanos de padre? En la necesidad de la existencia de un orden o principio rector para la existencia humana. Sufrirían de un gran vacío que requiere ser llenado con algún principio de orden y esos huérfanos de padre abocarían su vida a buscarlo, como lo hizo Sartre en la filosofía existencial, Bertrand Russell en las matemáticas o Stalin en un orden político totalitario. Esto nos lleva a recordar el axioma de Blaise Pascal:

En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús”.

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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