El trabajo: una perspectiva bíblica

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Por: Esteban Larrosa*

A lo largo del tiempo mi trabajo ha incluido tareas como: vender postales de navidad, repartir cartas, ser cadete de una empresa del rubro de la informática, trabajé en una cocina lavando platos, pelando vegetales, haciendo pizzas y ensaladas. Colaboré como peón para hacer una planchada, barrí infinidad de pisos y colaboro con mi esposa en las tareas domésticas. Enseñé en algunas instituciones de nivel terciario y técnico, escribí materiales para educación cristiana, grabé infinidad de horas de programas de radio y también realicé programas en vivo. Formé y dirigí un equipo de investigación de opinión pública, dirijo equipos de producción de contenidos para medios de comunicación como radio, revistas, internet y otros medios. Asistí a comités y comisiones de trabajo de diversas organizaciones eclesiásticas y seculares. Predico, enseño y colaboro en la dirección de los cultos de mi iglesia, hasta me tentaron una vez para tocar el teclado en un conjunto de música tropical…

Algunas de estas tareas han sido y son “santo trabajo” que espero su resultado perdure, llevando fruto que impacte en la eternidad, y otro será solo hojarasca que llevará el viento del olvido, pero no por eso menos enriquecedoras en mi formación de experiencias y adquisición de conocimientos para crecer en mis capacidades y habilidades.

A raíz de esto nos preguntamos: ¿qué es un buen trabajo? ¿A quién beneficia? ¿Tiene ese trabajo valor intrínseco y extrínseco? ¿Qué significa trabajar? ¿El trabajo de quién le importa a Dios? ¿Qué trabajos son éticos y cuáles deben ser considerados inmorales? Estas son algunas preguntas que una teología del trabajo debe contestar y que no sé si tengo todas las respuestas.

¿Qué entendemos por trabajo? R. Paul Stevens lo define así: “Trabajo es cualquier gasto o inversión de energía hecho con un propósito – ya sea manual, mental o ambos, pago o no. El trabajo tiene su contrapeso con el tiempo de ocio, descanso y el Sabbat, aunque la línea entre ellos no puede ser siempre trazada con exactitud. Esto es especialmente cierto para los niños, para quienes trabajar es jugar y jugar es trabajar, mostrándonos que el trabajo debería también ser una actividad placentera, aunque no siempre lo es”.1

Hacia una teología del trabajo

Como toda buena teología, la definición debe empezar y terminar en Dios, y lo que Él dice. Por ello, una de las frases más explícitas de Jesucristo sobre el trabajo es su respuesta ante la interpelación de los líderes judíos a no realizar ninguna actividad que implique una inversión de energía, ni siquiera para efectuar el bien sobre el prójimo, como fue la curación del paralítico del estanque de Betesda. A esta imprecación, Jesús responde: “Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). Aquí vemos que Dios trabaja (tiempo presente) y no se priva de hacer el bien cuando es debido, invirtiendo su energía y poder en producir el bien. DHH los dice de esta manera: “Mi Padre siempre ha trabajado, y yo también trabajo.”

El mal trabajo es consecuencia de un mundo contaminado por el pecado y por una visión equivocada Dios. Dime cuál es tu dios y te diré cuál es la concepción de la vida que tienes, en este caso del trabajo.

Pensemos, por ejemplo, en los dioses greco-romanos, que según su mitología habitaban totalmente absueltos de cualquier tipo de trabajo que no sea el goce ocioso de la vida, comiendo, bebiendo y en una especie de contemplación celestial sin poner sus manos en ninguna tarea terrenal. Por su lado, el Dios de la Biblia es completamente diferente. Dios moldea al hombre a su imagen y semejanza, se ensucia las manos con barro, establece un pacto con personas pecaminosas para restaurarlos, se baja de su pedestal de gloria, humillándose en su encarnación, haciéndose uno de nosotros, asumiendo todas las labores humanas, siendo el hijo del carpintero y sufriendo para redimir a su creación.2

El texto bíblico utiliza algunas metáforas ilustrativas de ese trabajo. Nuestros autores de referencia señalan entre otras:

  • Un jardinero: en Génesis 2:8 indica que Dios plantó un jardín, hizo crecer e instaló un sistema de riego
  • Un Pastor: qué más que decir Salmos 23
  • Un alfarero: Jeremías 18:6
  • Un médico (Mt. 8:16)
  • Un maestro (Salmos 143:10)
  • Un labrador de una viña (Juan 15)

Usted agregue cuántos más…

En este contexto, algunas expresiones de la teología han intentado elaborar un concepto doctrinario sobre el trabajo. Veamos algunas de ellas y el sustento bíblico. Lo haré aquí usando el esquema que plantea Stevens en la introducción de su libro “Work Matters” y agregándole a sus ideas, mis ideas y sustento bíblico.

Teología de la trinidad

El trabajo humano es determinado por el trabajo triuno de Dios al crearnos a su imagen. La Biblia nos presenta a un Dios invirtiendo energía creativa con un propósito, por el poder de su palabra. El capitulo 1 de Génesis muestra a Dios en acción, en forma coordinada, consensuada, planificada en etapas, y un orden de ejecución, con la belleza de un artista, la sofisticación de un ingeniero en la elaboración perfecta de los sistemas, un verdadero arquitecto del universo poniendo cada cosa en su lugar en el momento y lugar apropiado. Es la trinidad operando en perfecta armonía, como una orquesta filarmónica interpretando una sinfonía. Allí dice Dios: “Hagamos” (Gn. 1.26), en plural, es el Dios en tres personas, creando de la nada y concluyendo que toda su obra es “buena en gran manera”. Asignó tareas, definió roles y jerarquías, funciones específicas, proveyendo los medios de sustento y cuidado por su creación en un equilibrio perfecto que reflejara la gloria de su poder. Y señala, que en el caso del hombre, es creado “a imagen de Dios.” Por lo cual, el trabajo humano está marcado por esta gran diferencia con el resto de la creación que desarrolla sus labores. Constantemente, vemos que Dios existe y se expresa en el trabajo de sus tres personas, mostrando a un Dios relacional, que enseña lo que es el trabajo en equipo, con tareas complementarias pero siempre en unidad (Juan 13 y 14).

Teología de la creación

En ella se sostiene que el trabajo fue dado por Dios en el diseño original de la creación de manera que los seres humanos pudieran trabajar como colaboradores y co-creadores con Dios al ser puestos en el jardín del Edén para labrarlo y cuidarlo (Gn. 2:15). Recordemos que el trabajo llega antes de la caída del hombre y la entrada del pecado en el mundo, por lo cual el origen del trabajo humano está dentro del plan original de Dios, como una de las actividades positivas y productivas del ser humano, necesarias para su desarrollo y el ejercicio de una mayordomía responsable de la creación que Dios le dio al ser humano de ejercer autoridad sobre ella, con ciertos grados de autonomía para tomar decisiones en un proceso de aprendizaje. El trabajo no era solamente manual, sino también imaginativo, creativo y usando su capacidad mental. Dice Gn. 2.19-20 que Dios trajo ante él a todo ser vivo para que viera cómo los llamaría. También Dios le puso límites a sus capacidades de tomar decisiones sobre esa mayordomía, cuando se refiere al árbol “del conocimiento del bien y del mal” (2:17). Y a su vez se nos enseña, que el hombre es un ser social y que no es bueno desarrollar su vida en general, y en este caso el trabajo, en forma aislada, sino con una ayuda idónea. Lo cual nos enseña que la familia, primera institución creada por Dios, antes que la iglesia, tiene una función productiva fundamental en el desarrollo de la sociedad y que en ella se aprenden las habilidades básicas para el desempeño y desarrollo de la vida laboral en sociedad. Es parte del primer pacto de Dios con el hombre. Así que deberíamos ver el trabajo no como un “contrato” sino como un “pacto”.

Estas dos perspectivas teológicas miran al trabajo desde el lugar no contaminado por el pecado.

Teología de la maldición

Llegamos a Gn. 3, donde el pecado entra en escena. Y hay quienes han asignado a raíz de esto, un rasgo prevalente de maldición al trabajo. “Maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn. 3:17-19). Esta ha sido una teología popular muy difundida en América Latina. La rama del cristianismo que llegó a nuestras regiones nos enseñó este enfoque sobre el trabajo. A su vez vivimos en un mundo donde la posmodernidad hedonista, ve al trabajo como algo que nos impide el disfrute y goce de las posibilidades de la vida y el trabajo es concebido como una herramienta de sometimiento de la cual no podemos desprendernos. Por eso el dicho hispano, “ganarás el pan con el sudor de tu frente” y se le dice con aire de resignación y dolor. No se ve que “el trabajo es salud” sino una carga inevitable. Por supuesto, el trabajo es exigente y demandante, hay que dedicarle tiempo y ganas, pero eso no quiere decir que tiene que ser un castigo. Para Caín, el trabajo se convirtió en una maldición porque en su corazón había una actitud equivocada, no había fe, no había agradecimiento. Vio a su hermano como un competidor por el favor del patrón, había envidia y celos. Tristemente, lo mejor que encontró para hacer aplicado al mundo del trabajo es eliminar a quien lo molestaba. No vio a Abel su hermano como un compañero de trabajo y con quien se complementaban por el tipo de producción que hacían, y su actitud fue destructiva. Pero como vimos antes, el trabajo no es una creación pecaminosa, sino buena y necesaria dentro del plan amoroso de Dios para la humanidad. Esta teología tiene mucho de contaminación griega también, para quienes el trabajo era una maldición y nada más. Ya vimos que sus dioses, creados a imagen de ellos mismos como proyecciones de sus anhelos en muchos casos, no trabajaban y por ellos ciertos tipos de trabajo eran evitados por el ciudadano griego, que tenía sus privilegios, y todo lo que les molestaba era remitido a los esclavos. Esa misma futilidad del trabajo, no era excepción y no lo ha sido en la historia humana. Incluso en el libro de Eclesiastés, el predicador lidia con esa controversia cuando expresa: “¿Qué provecho saca el hombre de tanto trabajar en este mundo?” (1:3), califica las labores humanas como pesada carga y todo lo que se hace como querer atrapar al viento.

Teología de la Nueva Criatura

En esta visión teológica se nos trata de enseñar que el trabajo es una expresión de la vida dentro del nuevo pacto y por lo tanto el sufrimiento y dolor es parte de la santificación del humano que asume una nueva actitud ante la vida. En Efesios 4:17 el Apóstol Pablo exhorta a los cristianos a “ya no andar como andan también los gentiles en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento…” y señala con ejemplos prácticos cómo debe ser vivida esa nueva vida en Cristo, uno de ellos el trabajo. Dice en el 4:28 “El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad”. A Timoteo (2 Tim. 2:1-6), mostrándole cómo ese proceso de santificación se produce como buen obrero de Jesucristo le dice: “Tu, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” y después de usar la figura del militar y el deportista señala: “El labrado, para participar de los frutos, debe trabajar primero, ” y esto implica esfuerzo.

Teología de la vocación

El trabajo en nuestra situación presente es un llamado de Dios. La vocación desde el punto de vista bíblico es un “llamado”. Y como ya vimos, hay un llamado general para toda la humanidad en la primeras dos teologías que referíamos, pero también hay un llamado o vocación particular a la que Dios en forma específica selecciona, designa y capacita para realizar tareas concretas, puntuales o a lo largo de un período de tiempo. Esto quiere decir que el considerar el trabajo como vocación o llamado, es mucho más que tener una ocupación, es tener un camino por el cual recorrer y que como señalaba de mi propio andar, las ocupaciones pueden ir variando a lo largo de ese caminar, desarrollando una carrera de largo aliento. Ese llamado se expresa en el mundo laboral de hoy en un trabajo específico, pero cuando entiendo mi vida como un llamado para involucrar todo lo que soy, el trabajo es solo una parte y no mi todo. No me resumo a decir soy un mecánico, electricista, maestro, abogado o médico. El llamado de Jesús a sus discípulos fue a seguirlo: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres”. La tarea es consecuencia del acto de respuesta al llamado, no soy la tarea, la tarea está subordinada al acto de seguir a quien llama y ese es Jesucristo. Por lo cual, la tarea, la posición, el trabajo particular no define quien soy sino que está dentro del llamado vocacional de Dios al hombre. Por ello, el Apóstol Pablo es capaz de decir en Filipenses 3 que toda su construcción educacional, formación intelectual, su posición en la jerarquía y herencia familiar, lo considera como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, su Señor, por quien lo “he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo y ser hallado en Él…” (Fil. 3:8-9).3

Teología del Espíritu

En este caso, el trabajo es una expresión del Espíritu Santo y los dones que el da, no solamente para el ministerio eclesial sino también en el mundo. 2 Corintios 1:21-23 afirma que: “Es Dios quien nos capacita, junto con ustedes, para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió.” En 1 Corintios 12 encontramos la diversidad de dones, ministerios y operaciones, pero es el mismo Dios el que hace las cosas en todos. Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común. (1 Cor. 12:1-7). Y este es otro elemento muy importante en la función social del trabajo, es para el bien común y no solamente para beneficio personal. Recuerde la lectura del libro de Efesios, ¿cuál era el fin de tener un trabajo? Pablo dice: “…a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad”. El trabajo cumple una función social de contención y solidaridad con el que no tiene. Recuerde que en aquella época no existía el BPS o el MTSS.

Teología del Reino

Las teologías del “reino” se han hecho más populares en las últimas décadas por varios motivos. En ellas se señala que el trabajo es parte de la expresión de la vida que Dios da y trayendo a través de él el Shalom de Dios para que gobierne sobre toda persona, no solamente en la vida del reino futuro de Cristo sino trayendo el reino de Dios al presente en este mundo y una de esas maneras es a través del trabajo de cada seguidor de Jesús. Estas teologías, tiene muchas asperezas a las cuales sería necesario hilar más fino, pues han llevado a ciertas extrapolaciones que han complicado las áreas de influencia de la iglesia, los cristianos y la sociedad. A veces, empujando a un tipo de acción social que no obra por un convencimiento espiritual, pero por un obrar carnal para imponer una agenda a todo el cuerpo social.

Teología de los tiempos del fin y el cielo

Ellos dicen que el significado del trabajo está determinado por el fin, el fin último de la historia. Parte de nuestro trabajo en esta vida perdurará más allá de la tumba. La máxima experiencia del trabajo será en los nuevos cielos y la nueva tierra. En 1 de Corintios el Apóstol Pablo expresa esto al evaluar con qué materiales edifica cada uno, que serán probados por el fuego para probar la calidad de ese trabajo. ¿Lo hacemos con oro, plata, piedras preciosas? O ¿con madera, heno y hojarasca? Esa prueba determinará al final de los tiempos las recompensas que el Señor dará (1 Cor. 3:12-13).

Todas estas perspectivas teológicas sobre el trabajo tratan de echar luz sobre el origen, propósito y valor del trabajo humano. Lo cierto, en la revelación de Dios hacia el hombre es que vamos en una revelación progresiva y no de vuelta al Edén, nos movemos hacia un destino diferente al que se originó todo y no es en este mundo transitorio, cuando Dios completará la redención de la raza humana.

De lo que hemos visto someramente y dando titulares, podemos decir entonces que:

  1. El buen trabajo es un medio para el crecimiento espiritual, pues debe ser considerado como una disciplina espiritual.
  2. El trabajo es y debe crear y desarrollar comunidad y cooperación. Llegamos a ser porque vivimos en comunidad, juntos, no como llaneros solitarios, nos necesitamos. El bien común.
  3. A través del trabajo se despliega todo el potencial de la creación, mediante una buena administración y mayordomía. Cuidando y haciendo crecer los talentos que se nos han confiado por el creador y dueño del Universo.
  4. En última instancia, trabajamos para la gloria de Dios.

¿Y usted? ¿Cuál es el sustento bíblico-teológico con el que encara su vida y trabajo en la Tierra?

*Lic. Esteban D. Larrosa – Director RTM Uruguay

1 Stevens, R. Paul, Work Matters: Lessons from Scriptures, Eedermans 2012
2 Hardy, Lee, The Fabric of this world, Eedermans 1990
3 Guiness, Os, The Call, Word 1998

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