Agradecidos

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Por: Lic. Esteban Larrosa*

Los vemos todos los días y muchos lo experimentan en carne propia: La INGRATITUD.

  • El ama de casa que se esfuerza para tener la comida pronta, la ropa limpia y la casa aseada y nadie le da siquiera un gracias por sus sacrificadas labores por las cuales no recibe un peso y la mayoría de las veces solo críticas y exigencias; que la comida está fría, le falta sal, no me gusta, la camisa no está planchada, haceme esto o aquello pero sin una pizca de agradecimiento.
  • El hijo ingrato que luego de recibir cobijo durante sus primeros años de desarrollo hasta que es un ser autónomo, deposita y olvida a sus familiares más queridos en un asilo o casa de salud, sin siquiera visitarlo una vez al año y sin importarle nada más que los bienes materiales que podrán recibir como herencia o sucesión, cuando el viejo muera.
  • El maestro que da su vida, vocacionalmente para el desarrollo intelectual y la formación del individuo para la vida y el mundo del trabajo y sus estudiantes nunca más vuelven a buscarlo y reconocerlo en ese rol clave que ocuparon en su formación.
  • El Pastor que dio su vida durante años en el servicio a la causa del evangelio y una comunidad y que luego lo dejan de lado como un objeto inservible.

Cuántos ejemplos más podríamos poner y que vemos todos los días y que tal vez experimentó personalmente.

El Apóstol Pablo, cuando le escribe a Timoteo, le dice que una de las características de los hombres en los últimos tiempos, a los que él cataloga de peligrosos, es que las personas serán ingratas (2 Tim. 3:2) y a este tipo de personas dice Pablo hay que evitar. No es bueno rodearse de personas que no son agradecidas, porque son peligrosas. Miguel de Cervantes, señalaba que “la ingratitud es hija de la soberbia” y una buena manera de identificar a estos individuos es ver como expresan o no esta cualidad. Es por eso que en Romanos 1:21 el mismo escritor dice que el problema de los hombres que detienen con injusticia la verdad es que no le glorifican como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Por otro lado, cuando se describe la nueva vida en Cristo, Pablo dice que debemos ser agradecidos (Col. 3:15), y que “con corazón agradecido” cantemos a Dios “salmos, himnos y cantos espirituales y que todo lo que hagamos o digamos, hay que hacerlo en el nombre del Señor Jesús, dando GRACIAS a Dios el Padre por medio de él” (Col. 3:16-17). Y enseguida en el capítulo 4 dice que debemos perseverar en la oración dando gracias a Dios (Col.4:2).

El escritor a Hebreos señala que nuestra actitud al Señor por su obra y su reino es la gratitud y que nuestro servicio a Dios se ve motivado por la gratitud y no por otros impulsos. (Hebreos 14:28).

Casi al terminar su carta a los Tesalonicenses Pablo manda: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18).

Y en el libro de Apocalipsis cuando se describe en varios pasajes la adoración a Dios Juan presenta el cuadro siempre con una actitud de “acción de gracias” al que está sentado en el trono y merece la honra y el poder (Apoc. 4:9 y 7:12).

La conclusión es clara: si no hay Acción de Gracias, glorificando al creador nuestra relación con Cristo es totalmente cuestionable.

El 10%

Al analizar el texto de Lucas 10:17-19 nos plantea en un ejemplo de la vida de Jesucristo una visión realista de lo que es el hombre, y se utiliza el contraste como una manera didáctica de resaltar una característica propia de nuestra raza que es la ingratitud.

Las preguntas retóricas de Cristo en el texto son muy fuertes y llaman poderosamente la atención, pues son eso, preguntas ante las cuales Jesús deja implícita una crítica y una enseñanza sobre el corazón humano y su ingratitud. Realidad que golpea con fuerza la conclusión y la enseñanza que se nos quiere transmitir. La presencia del único que vuelve sirve para reforzar y aumentar aún más la actitud de los otros que es la que queda en evidencia y a los cuales van dirigidas los análisis del Maestro.

Las preguntas de Jesús revelan.

¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

El ser humano es desagradecido; no tiene la delicadeza de volver y dar las gracias cuando recibe un don, un favor especial y menos si se trata de Dios.

Rogamos al cielo cuando nos duele alguna situación, pero luego ni siquiera nos molestamos en decir una palabra de reconocimiento a quien nos salvó de alguna angustia.

Es que ni siquiera consideramos importante hacer una pausa antes de olvidar los beneficios del Señor a nuestra alma y darle la gloria por lo que nos da porque tendemos a olvidarlos rápidamente.

Lucas subraya que la gratitud escasea; solo el 10% de los que recibieron sanidad, uno solo, volvió y dio gracias glorificando a Dios y adorando a Cristo. El 90% recibió, pero no volvió, no agradeció, no glorificó a Dios, no adoró a Cristo y en consecuencia no consiguió lo que solo este único obtuvo como adicional: su salvación.

Es que todos, los 10 fueron sanados al obedecer en fe e ir a presentarse al sacerdote como mandó Jesús, aun cuando seguían enfermos. Allí, Jesús le planteó el desafío de creerle y actuar sin ver inmediatamente lo que sí se produce a consecuencia del ejercicio de esa fe. TODOS FUERON SANADOS, pero fíjese que solo uno fue SALVADO.

El texto nos enseña, entonces, que la salvación viene como consecuencia de un corazón agradecido.

¡Cuánta gente llama y pide oración por su situación de enfermedad! Cuántos llaman a las iglesias e instituciones cristianas pidiendo que se ora por personas que ni sabemos quienes son (amigos, vecinos, familiares no cristianos de muchas personas por las cuales se intercede). Muchos otros llaman, solicitando que se ore por ellos y su sanidad, la falta de trabajo u otras experiencias terribles. ¿Cuántos agradecen?

¿Servimos para el reconocimiento?

Por otro lado, en este y todos los otros ministerios y obras en las que participamos… ¿servimos para que nos agradezcan? He visto a muchos hermanos que se involucran en ministerios de servicio en la comunidad de la iglesia y que al tiempo dejan de hacerlo o se vuelven ácidos en sus comentarios y pierden el gozo del servicio porque dicen que la ingratitud de las personas a las que sirven es grande y eso los desalienta. Y es verdad que desalienta… ¡Y qué importante es ser agradecido con aquellos que sirven y dan desinteresadamente!

Pero, ¿vamos a dejar de servir a Cristo o nos vamos a volver seres amargados en la obra del Señor porque la gente sea desagradecida? Entonces, la pregunta es: ¿hacemos las cosas para el Señor o para que otros nos den reconocimiento? En el mismo evangelio de Lucas Jesús nos da la respuesta: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman a ustedes, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los pecadores se portan así.” Debemos amar a nuestros enemigos, y hacerles bien. Así será grande nuestra recompensa, y seremos hijos de Dios que es también bondadoso con los desagradecidos y malos.” (Lucas 6:35).

Jesús señaló esta realidad de Lucas 17 y formuló estas preguntas urticantes no porque el necesitara de nosotros para fortalecer su autoestima o sentirse valorado, como muchas veces nos pasa a todos los que emprendemos una obra de fe. Alguno tal vez piense: “Ah! Jesús muestra su ego herido, al sentirse usado por la ingratitud de estos hombres.” ¡Nada más lejos de la realidad! Jesús no precisa de nosotros para ser quien es o para saber cuál es su valor como Dios. Pero sabe que el agradecimiento al Creador es parte esencial para la salvación. Un corazón que no es agradecido no es redimido y no ejercerá un servicio que glorifique a Dios. Porque si no aprendemos a serle agradecidos al creador, difícilmente seremos agradecidos a nuestro prójimo.

Nuestra cultura no es una que promueva la GRATITUD. Constantemente copiamos fiestas y celebraciones extranjeras y de otras culturas que se convierten en éxitos de la mercadotecnia como Halloween, el día de San Valentín, San Patrick y cuanta cosa más que vamos agregando con tal de vender. Pero creo que bien nos haría pensar en introducir aunque sea una vez al año, como hacen los estadounidenses, los canadienses, los brasileños,  y otras culturas un día del agradecimiento a Dios y contar las bendiciones que él nos ha dado, glorificar su presencia en nuestra vida y servir en consecuencia con alegría.

Aunque esto debería ser algo de todos los días, ser agradecidos siempre.

Practicando el agradecimiento

Le invito a que piense en estas cosas: ¿Cuándo fue la última vez que expresó gratitud sincera a Dios? ¿Tiene una vida llena de quejas o de acción de gracias? ¿Puede servir en Gratitud a Dios por lo que él ha hecho en su vida?

Piense ahora, en sus relaciones cotidianas: ¿Soy agradecido con mi esposo/a por todo su esfuerzo en alguna área específica para el bienestar familiar? Los hijos: ¿son agradecidos con sus padres, maestros y profesores? ¿No sería buena ocasión tomarnos un tiempo en estos días e ir y dar gracias a los que nos han beneficiado con algún don espiritual o material?

Es una obligación del ser humanos dar gracias para glorificar el nombre de Dios, por lo que él es (2 Co. 4:15).

Fíjese el contexto en el que el salmista nos invita a realizar nuestro servicio a Dios y al prójimo:

Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios;
El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Peblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Pr sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.  Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.

Ahora… a practicarlo.

*Lic. Esteban D. Larrosa, Director RTM Uruguay

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