Cara de resucitados

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Por: Lic. Esteban Larrosa*

Federico Nietzsche observaba el andar de los cristianos de su época y no le resultaba para nada atractivo ser uno de ellos. Los veía agrios, aburridos y con falta de alegría. Escribía: “¡Cristianos!: ¿Qué han hecho de la alegría que les anunciaron hace dos mil años?” Por ello, declaraba que los cristianos que conocía no tenían “cara de resucitados”.

Mucha gente ha rotulado a la fe cristiana como una fe aburrida, a la que le falta buen humor, que los cristianos no saben disfrutar la vida, que son unos aguafiestas y amargados, y que ven todo gris ¿Pero es esto así, o es más bien un estereotipo? Reconocemos que durante la Edad media se fomentó una fe lúgubre, oscura, del rostro adusto, de la penitencia y la mortificación. Y esto se trasladó a todo el estilo de vida de los religiosos y quienes pretendían ser cristianos de verdad. “El nombre de la Rosa” de Umberto Eco, la cual merecería un capítulo aparte, ilustra ese triste estilo de vida.

Pero… ¿es esta la clase de vida cristiana que presenta La Biblia? Si uno lee la historia de la iglesia cristiana, se encuentra con que los primeros cristianos vivían una fe totalmente jubilosa.  Hechos 2:46 dice que perseveraban estando juntos, compartían el pan en las casas, comiendo juntos con alegría y sencillez de corazón. Resaltemos estas dos palabras: “con alegría.” Una de las cosas por la cual la gente quería ser cristiano era por la alegría que demostraban en su estilo de vida.

¿Por qué estaban alegres? Porque había esperanza en su vida. Más allá de las circunstancias limitantes y de persecución, lograban desarrollar un estilo de vida donde predominaba la alegría. Entonces, ¿se aplicaría a nosotros la declaración de Federico Nietzsche?, o, por el contrario, ¿tenemos cara de resucitados?

El mensaje subliminal que muchas veces transmitimos los cristianos en la comunicación es, salvo raras excepciones, antievangélico. Solemos decir que el Evangelio es alegría, color, fuerza, renovación, luz, vitalidad… vida nueva. Sin embargo, el mensaje que transmitimos con muchas actitudes es triste, aburrido, con una estética antigua, sin que atraiga por su atractivo visual y sensorial. Lo contrario a lo que es el Evangelio. Si bien el verdadero gozo está en el corazón, este debería desbordar en nuestro rostro y manera de encarar las actividades diarias. Incluso, deberíamos traslucir en nuestro andar un impacto visual que atraiga a las personas a querer vivir a pleno con el Evangelio de Jesús.

Estamos en Semana Santa, ante una nueva celebración de la resurrección de Jesús en un mundo en crisis. En esa última cena juntos, Jesús les recordó a sus discípulos que la cruz y su sufrimiento eran inevitables, como el que nos toca vivir en esta tribulación actual, pero que tras el dolor el les daría una alegría y paz que nadie les podría quitar, porque Él había vencido el sistema corrupto que domina al mundo (Juan 16:22 y 33). 

Piense… Cuando los demás vean su cara: ¿pensarán que tiene cara de resucitado o de sábado de silencio y derrota? Jesús Prometió una alegría que nadie nos podrá quitar. ¡Que la noticia del Cristo resucitado nos impulse a demostrarlo en nuestro diario vivir!

*Lic. Esteban D. Larrosa, Director RTM Uruguay

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