Las “Déboras” de hoy

Las redes sociales y la pandemia
4 mayo 2021

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

En estas latitudes nos aprestamos a celebrar el “día de las madres”. Y vemos la ocasión propicia para reflexionar acerca de lo que significa su rol en esta post-modernidad, donde todo está cuestionado: la femineidad, el modelo de familia tradicional, las relaciones de pareja y los derechos de niños, niñas y adolescentes. ¿Es más difícil ser madre en la actualidad? En realidad nunca fue fácil. Y esta “profesión” maternal ha sido siempre sensible a los cambios sociales, políticos, económicos y aún a los avatares espirituales de la humanidad. Por algo Jesucristo decía refiriéndose a un período muy difícil anticipado por el profeta Daniel: “Ay de las que críen en aquellos días” (Mateo 24:19).

En nuestra generación, si bien las mujeres han accedido a mayores espacios de libertad para su realización personal, parecería que el proceso de transformación del modelo de familia colocó en una posición de mayor vulnerabilidad a quienes encaran la maternidad. La fragilización de los vínculos de pareja, sin un compromiso de largo aliento de caminar juntos al frente del hogar, con apenas un acuerdo “light” mientras dure el enamoramiento, ha dejado a muchas madres sin cobertura, ni contención, ni respaldo, debiendo apelar en ocasiones a la ayuda de los abuelos para la crianza de los hijos. La caída de la institución matrimonial determina que muchos niños concebidos en una pareja “de hecho”, a mitad de camino de su crianza se queden sin papá, porque sus progenitores disuelven el vínculo y allí comienza la dura lucha de la madre por sacar adelante la economía del hogar, la educación, el cuidado sanitario de los chicos, la formación en valores, etc.

Desde hace décadas se han incrementado las consultas de madres al psicólogo para que las oriente en cuanto a qué hacer en la formación de sus hijos. Muchas mamás dependen más de una opinión técnica antes que de su instinto maternal para moldear la vida de los seres que procrearon. Madres inseguras que temen ejercer la autoridad legítima que les confiere su condición de progenitoras y que además avala la “patria potestad”. Todo lo que antes era certeza ahora está cuestionado. ¿A partir de qué edad los deseos del niño/a deben ser respetados? ¿Estoy vulnerando sus derechos cuando decido por él? Si lo disciplino ¿él podría denunciarme? Si es adolescente y decide drogarse junto a sus amigos en mi casa, ¿debo permitírselo para evitar que ande en la calle?

Recordando al personaje bíblico de la antigüedad, podemos establecer cierto paralelismo y pensar que en la actualidad existen muchas “Déboras”, mujeres que han debido asumir roles y responsabilidades propias del varón. Y así como Débora salvó al pueblo de Israel en un período difícil de su historia, muchas mujeres hoy día están salvando a su familia y a sus hijos de la desintegración familiar. En el libro de Jueces capítulos 4 y 5 se cuenta la historia de esa mujer valerosa y de espíritu fuerte. Ella pertenecía al pueblo terrenal de Dios, el cual había abandonado los designios divinos y optado por el gobierno humano hasta llegar al punto en el que “cada uno hacía lo que bien le parecía”. Cualquier similitud con la realidad actual de relativismo moral digamos que es mera coincidencia. A raíz de su mal proceder, los israelitas estaban siendo afligidos por sus enemigos.

Débora era esposa, poeta, jueza, guerrera, consejera, es decir, polifacética como toda mujer. Y además, era temerosa de Dios. Ella no eligió suplantar al varón como líder de su pueblo. Según leemos en Jueces 4: 6-7, Débora mandó llamar a Barac hijo de Abinoam y le dijo:

El Señor Dios de Israel, ordena: Ve y reúne en el monte Tabor a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón. Yo atraeré a Sísara, jefe del ejército de Jabín, con sus carros y sus tropas, hasta el arroyo Quisón. Allí lo entregaré en tus manos”.

Débora era jueza en Israel, pero no se atrevió a darle órdenes a un varón sino que dijo a Barac: El Señor ordena que vayas. Era una mujer de carácter firme pero respetaba el diseño divino de autoridad. Para el diseñador de la raza humana, el liderazgo del varón significa asumir riesgos y sacrificarse, por tanto, era quien debería salir a la guerra contra los enemigos del pueblo de Dios. Pero Barac no quiso aceptar el desafío sino que la comprometió a ella a ir con él al combate:

Si tú vienes conmigo, entonces iré; más si no vienes conmigo, no iré. Entonces ella dijo: de seguro iré contigo, mas no será tuya la gloria de la jornada que vas a emprender porque el Eterno entregará a Sísara en manos de una mujer. Y se levantó Débora y fue con Barac.” (Jueces 4: 8 – 9)

Esta historia de un varón renuente a asumir sus responsabilidades cuando las circunstancias se lo requieren, nos parece paradigmática de la que vienen enfrentando muchas mujeres en nuestra sociedad en el día de hoy. La cultura del divorcio ha hecho que se vuelva habitual que muchos hombres se desprendan de sus responsabilidades y obligaciones a nivel familiar y han sido sus mujeres quienes están teniendo que asumir tal rol. Así como Débora se levantó como una madre para Israel (Jueces 5: 7), ellas debieron erigirse como madres y padres de sus hijos abandonados por el papá.

Algunas quizá sean viudas, pero muchas son sobrevivientes de separaciones de pareja, algunas ni siquiera llegaron a convivir con el progenitor de sus hijos, ya que éste huyó cuando se enteró del embarazo, negándole aún el apellido a la criatura. Otras mamás debieron echar sobre sus espaldas el peso del hogar, porque su cónyuge está ausente con frecuencia por motivos laborales (camioneros, tripulantes de barcos), o estando presente oficia de padre “ausente”, que comparte la casa pero no ayuda en la educación de sus hijos, evita acompañarles al médico o ir con ellos de paseo o al fútbol.

Esas mamás que, aún en circunstancias afectivas personales difíciles no abandonan a sus hijos, merecerían un reconocimiento especial cada Día de las madres. Como ayuda para ellas, mencionamos algunos puntos difíciles de su tarea y sugeriremos estrategias para sortearlos con éxito:

Lo que una mujer jefa de hogar no podrá dar a sus hijos:

  • Ayudar a los hijos varones a descubrir el privilegio de la masculinidad y disfrutarlo. Necesitarán que la madre los acerque a algún sustituto de la figura paterna, alguien de estricta confianza, por supuesto: un tío, un abuelo, un hermano mayor o un líder de jóvenes.
  • Afirmar completamente en su femineidad a las hijas. Si bien el modelo natural para una hija es su madre, toda hija necesita además que su padre la re-afirme como mujer, demostrándole aceptación y amor: “Hija eres bella, te quiero, me siento orgulloso de ti.”

Para conocer la paternidad verdadera, esa hija tendrá que conocer a Dios y descubrirla en Él. Y toda mamá está llamada a estimular en sus hijos el desarrollo de la espiritualidad correcta que supla tales carencias.

Los errores una madre NO debe cometer:

  • No atreverse a poner límites claros y firmes. A veces las madres jefas de hogar sienten culpa por no darle al niño un hogar completo, otras veces sienten lástima hacia el chico o chica que se está criando huérfano de padre, o la mamá está desbordada emocionalmente por las distintas demandas del hogar. Estas circunstancias las predisponen a conceder al niño todo lo que éste pida y no se atreven a ser firmes en la puesta de límites, a decirles “no” y frustrarles. Muchos de estos chicos terminarán desarrollando una conducta manipuladora y transgresora, que suele llevarles al consumo de drogas en edad temprana. El verdadero amor conlleva firmeza.
  • Involucrar a sus hijos en el conflicto de pareja. Ellos no deben ser rehenes de la situación de fracaso afectivo de ambos padres. Salvo que la conducta y trato del padre sea nociva para la formación del niño, por tratarse de un individuo violento o abusivo, será bueno respetar el derecho de los menores a disfrutar de la compañía y cariño de su papá.
  • Construir con el niño o niña una alianza inter-generacional. ¿Qué significa? Tratar al niño/a como si fuera un adulto, con el cual la madre comparte problemáticas diversas. Por ejemplo, contarle los pormenores de las discusiones que tiene con su ex pareja, hablarle sobre sus dificultades económicas o compartirle sus angustias personales, por ejemplo, la soledad. Ningún niño está maduro para sobrellevar con su madre los conflictos y cargas de la adultez y acabará dañado psico-emocionalmente.

Y lo que es peor, el niño se siente “empoderado” cuando ve que se lo habilita a opinar en temas de la esfera de los grandes. Con el tiempo, tal niño es probable que comience a discutir con su madre los temas del hogar o de la vida como si fuera un mayor y así la autoridad de su mamá sobre él se debilitará. Sin tener madurez, intentará acceder a otras facetas de la vida de los mayores, salir solo, manejar sus horarios de salida o de llegada o tomar sus propias decisiones en cuanto a amistades, continuidad del estudio, etc.

Como salida a su soledad, toda madre necesitará desarrollar un vínculo fuerte con Dios para poder poner todas sus cargas sobre Él, y además contar con un consejero cercano que puede ser una mujer madura espiritualmente que le guíe o una amiga dentro de una comunidad cristiana bíblica.

En este mes de las madres, ¡que Dios bendiga, respalde y fortalezca a todas las mujeres “Déboras” actuales que se multiplican a sí mismas para sacar adelante las vidas de sus hijos, ante la omisión de sus parejas masculinas! ¡Que encuentren en Dios el descanso y reposo que necesitan sus corazones, sabiendo que escudriñando las Sagradas Escrituras encontrarán la sabiduría para la difícil tarea de moldear vidas en esta post-modernidad!

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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