¿Qué dice la Biblia del llanto?

La Gioconda
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De la sección “Renovando el espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Tomado del sitio Vida, esperanza y verdad.com

Con frecuencia, se les dice a los niños que los hombres no lloran. Pero, ¿es eso lo que dice la Biblia? ¿Cuál es la perspectiva de Dios acerca del llanto y las lágrimas? La Biblia no dice que los hombres no lloran. Cuando uno estudia lo que dice la Biblia acerca del llanto, se da cuenta de que no hay reglas diferentes para hombres y mujeres, y no dice que los jóvenes o los hombres de verdad no lloran. De hecho, muchos de los héroes de la Biblia, hombres y mujeres, tienen registradas sus lágrimas.

La Biblia dice que Ruth (Rut 1:9), Ana (1 Samuel 1:7, 10), Ester (Ester 8:3), María Magdalena (Juan 20:11) y las viudas de Jope (Hechos 9:39) lloraron, entre otras mujeres fieles. Pero también hay una larga lista de hombres fieles que lloraron. Entre estos están: Job (Job 16:20), José (Génesis 43:30), David y Jonatán (1 Samuel 20:41), Eliseo (2 Reyes 8:10-12), Ezequías (2 Reyes 20:5), Jeremías (Jeremías 9):1; 13:17), Nehemías (Nehemías 1:4), Pablo (Hechos 20:19), Timoteo (2 Timoteo 1:4), Juan (Apocalipsis 5:4) y el mismo Jesucristo (Juan 11:35).

Los verdaderos hombres de Dios no temían llorar. De hecho, muchas veces Dios se agradó de las actitudes y emociones que había detrás de las lágrimas de la gente fiel —tanto de hombres como de mujeres.

Ciencia y estadística

Tenga en cuenta que las encuestas y la biología no apoyan la idea de que los hombres no lloran o no deberían llorar, pero sí muestran algunas diferencias y posibles razones. Lorna Collier escribió en el artículo de la revista de la Asociación Americana de Psicología “Porque lloramos”: “En la década de 1980, el bioquímico William H. Frey, PhD, descubrió que las mujeres lloran en promedio 5,3 veces al mes, mientras que los hombres lloran un promedio de 1,3 veces al mes, considerando como llanto todo lo que va desde los ojos húmedos hasta sollozar. Esos promedios parecen mantenerse más o menos iguales, sugiere una investigación más reciente, incluyendo el trabajo de Lauren Bylsma, PhD, de la Universidad de Pittsburgh (Journal of Research in Personality) [Revista de investigación de la personalidad].

“Biológicamente, puede haber una razón por la que las mujeres lloran más que los hombres: la testosterona puede inhibir el llanto, mientras que la hormona prolactina (que se observa en niveles más altos en las mujeres) puede promoverlo. Pero el deseo de llorar no es algo del todo natural. Un estudio de personas en 35 países encontró que la diferencia entre la frecuencia con que los hombres y las mujeres lloran puede ser más pronunciada en países que permiten una mayor libertad de expresión y recursos sociales, como Chile, Suecia y los Estados Unidos. Ghana, Nigeria y Nepal, por otro lado, reportaron tasas de llanto ligeramente más altas para las mujeres” (Cross-Cultural Research) [Investigación intercultural].

Llorar puede ser malo o bueno

Hay algunos tipos de llanto que son mal referenciados en la Biblia. Las lágrimas manipuladoras de la esposa de Sansón no hicieron nada bueno (Jueces 14:16-17). Las lágrimas autocompasivas de Esaú no mostraron un verdadero arrepentimiento (Hebreos 12:17). Y en muchos pasajes la peor suerte de todas para los malvados que no aceptan corrección y no se arrepienten es ser echados fuera con “llanto y crujir de dientes” (Mateo 8:12; 22:13; 24:51; 25:30).

Pero la Biblia muchas veces muestra el llanto bajo una perspectiva positiva, con un resultado positivo. Un hombre cuyo hijo estaba sufriendo “clamó llorando y dijo: Creo; ¡ayuda mi incredulidad!‘“ (Marcos 9:24). Y Jesús sanó al niño. La mujer pecadora que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas estaba verdaderamente arrepentida y recibió el perdón (Lucas 7:38, 47-50). Pedro “lloró amargamente” después de negar a Jesús tres veces, pero esto condujo a un cambio y verdadero arrepentimiento (Mateo 26:75; Juan 21:15-19). Incluso Jesús oró ofreciendo “ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas” y fue escuchado por Dios y “por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:7-8).

Y Jesús prometió a sus discípulos que, aunque “vosotros lloraréis y lamentaréis” por su muerte, “vuestra tristeza se convertirá en gozo” (Juan 16:20). Ezequiel escribió una profecía que muestra la expectativa que Dios tenía de su pueblo cuando estuvieran pasando por momentos difíciles, e incluye el llanto. “Y le dijo el Eterno: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella” (Ezequiel 9:4). Llorar también puede traducirse como “gemido” o “lamentar”. Dios aborrece los pecados y abominaciones que están llevando a la destrucción de nuestro mundo, y Él quiere que su pueblo esté gimiendo y clamando. Cuando lo miramos desde su perspectiva y reconocemos el dolor y sufrimiento que causa el pecado, emocionalmente nos veremos afectados por ello.

El apóstol Pablo fomentaba la unidad cristiana, y eso incluía estar dispuestos a “gozarse con los que se gozan; y llorar con los que lloran”(Romanos 12:15). Para hacer esto necesitamos crecer en amor al prójimo y en compasión aspectos del carácter de un cristiano:1 Pedro 3:8 “Y finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;”. Los científicos han estudiado los efectos de la empatía y la falta de ella en aquellos que lloran.

Las Asociación Americana de Psicología dice: “El por qué lloras y quién te ve hacerlo parece marcar una diferencia en si el llanto ayuda o daña tu estado emocional (Journal of Research in Personality) [Revista de investigación de la personalidad]. En el estudio, se estableció que era más probable que las personas que lloran se sintieran mejor cuando tenían apoyo emocional (como un amigo cercano junto a ellos) o si su llanto llevaba a una solución o a una nueva comprensión de la situación que los llevó a llorar. Las personas que lloran mucho se sentían peor si se sentían apenados o avergonzados de llorar, si estaban con gente que no los apoyaba o si lloraban porque veían el sufrimiento”. Nadie quiere sufrir, pero cuando sufrimos juntos se construyen lazos de unidad cristiana que tienen beneficios inmediatos y eternos (1 Corintios 12:26).

Afortunadamente, el llanto es sólo temporal. Algún día será un recuerdo lejano. Jesús les enseñó: “Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis” (Lucas 6:21). Los que lloran “recibirán consolación” (Mateo 5:4). Como dijo David: “Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5). Dios promete una época futura en la cual todas las lecciones humanas habrán sido aprendidas, los pecados vencidos y los males removidos. Entonces:“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4). ¡Que venga pronto ese día!

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