Un mundo sedado

¡Hombres de verdad!
19 mayo 2022
Ideologías
19 mayo 2022

Por: Ps. Graciela Gares

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Un tema desafiante y preocupante es el de nuestra salud mental. ¿Qué es estar mentalmente sano? ¿Cuándo necesitamos buscar ayuda? ¿Es cierto que las enfermedades mentales van en aumento? ¿Por qué? ¿Quienes profesan ser cristianos pueden enfermarse mentalmente? ¿Está bien consultar a un psiquiatra y aceptar medicación psicoactiva? ¿Se ocupa Dios de nuestra salud mental?

Les proponemos pensar acerca del auge del consumo de psicofármacos (antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos, anti-psicóticos), con sus repercusiones a nivel personal, social, económico y espiritual.

El disparador para la conversación es el libro recientemente editado en el Reino Unido con  el título de “Sedados”, donde se plantea que se estarían prescribiendo medicamentos “controlados” en exceso, con pobres resultados clínicos y un aumento en las enfermedades mentales. El autor de la obra, el Dr. en Antropología social y salud mental, James Davies, declara que en Gran Bretaña, casi una cuarta parte de la población adulta toma medicamentos psiquiátricos.

En Uruguay quizá el problema no está cuantificado, pero todos conocemos que las consultas en policlínicas de Salud Mental son numerosas y un sector significativo de la población consume psicofármacos prescriptos por médicos o adquiridos sin receta, incluso a veces en ferias barriales.

Depresión, ansiedad, trastornos de pánico, adicciones e ideas suicidas están a la orden del día y afectan a personas de todas las clases sociales. Un dato curioso es que algunos doctores, -abrumados por tensiones derivadas de la dinámica laboral y a veces familiar-, hacen uso de psicofármacos, ya que los reciben como muestras gratis de los laboratorios a través de los visitadores médicos.

Entre la población anciana, es significativo el uso de hipnóticos para combatir la dificultad para conciliar el sueño. Los niños no escapan a esta realidad, pues con frecuencia se les indican medicamentos para controlar un déficit de atención con hiperactividad. Por su parte, la población en conflicto con su sexualidad biológica (lesbianas, gays, trans, etc.) también presentan malestar emocional con riesgo de padecer trastornos mentales, drogodependencia, depresión, ansiedad y conductas suicidas.

El Dr. J. Davies en su libro denuncia esta condición de la sociedad occidental de estar altamente “medicalizada”, poniendo en duda la mirada que se hace desde la psiquiatría acerca de ciertos padecimientos humanos como la ansiedad, la angustia o la depresión.

¿Siempre es necesario actuar sobre el cuerpo físico -medicándolo- o a veces será más oportuna una intervención a nivel familiar, personal o espiritual?

¿Enfermedades o reacciones humanas?

La alta medicalización de la salud mental esconde, según el Dr. J. Davies, una mercantilización de lo sanitario, dado que convierte la intervención médica en algo altamente lucrativo que genera grandes ganancias para las empresas del sector farmacéutico. 

Según J. Davies en su libro “Sedados”, la psiquiatría ha renombrado y clasificado nuestras experiencias humanas naturales, normales y  dolorosas como si fueran enfermedades, las ha “medicalizado” y prescrito un fármaco para “tratarlas”.

Sabemos que la angustia, la ansiedad, la depresión, el temor existen en la raza humana desde que optamos por independizarnos del Creador. Pero su abordaje ha cambiado.

El patriarca Job (cuya historia encontramos en el texto bíblico) no recibió pastillas para enfrentar su sufrimiento. En su caso, los amigos cuando se enteraron de su desgracia se trasladaron a su lado y él comenzó a descargar verbalmente el dolor inmenso que había en su corazón. Le escucharon y si bien malinterpretaron lo que le pasaba, Job tuvo oídos, compañía y oportunidad de llorar su tragedia. ¡Hasta Dios le escuchó y le respondió!

En las sociedades actuales, donde llorar está mal visto, donde los amigos íntimos escasean y la gente no invierte tiempo en acompañar al que sufre, los que se deprimen carecen de la instancia de una escucha atenta y un diálogo sanador y acaban en manos de un psiquiatra quien apenas les escucha ya los despacha con un blíster de algún psicofármaco.

Quizá muchos de los estados anímicos adversos mejorarían con un cambio de actitudes del entorno, permitiendo al sufriente expresar su dolor, canalizarlo a través del llanto y acompañándolo sin juzgar, procurando comprenderle  para luego orientarle.

La contención familiar, verse rodeado de amigos y recibir orientación espiritual de un pastor o sacerdote podría hacer la diferencia en su condición.

Cuando el profeta Elías tuvo su crisis existencial y le pidió a Dios que le quitara la vida, la medicina del Creador fue integral y personalizada: dormir, alimentarse, prolongar el descanso y luego recibir una dosis de renovación de la visión espiritual para su vida. (1 Reyes 19: 4, 5 , 6, 15 – 18)

Ello nos plantea que muchos problemas de salud emocional demandan cambios drásticos del estilo de vida: reducción del estrés, ejercicio físico, alimentarse saludablemente, introspección y tiempo a solas con Dios.

Habrá otros casos – quizá los menos -, en que la química cerebral esté alterada y la medicina deberá restablecer ese delicado equilibrio con algún fármaco durante un período de tiempo limitado.

Por esto, no desaconsejamos la consulta psiquiátrica, pero sugerimos que el interesado evalúe con el profesional la causa de su malestar y acuerden la salida más constructiva.

Mirando la historia de Job, David, Ana, Elías y otros personajes bíblicos, vemos que Dios activó su accionar en estos hijos suyos cuando los vio en angustia y desesperación. Interactuó con ellos, les escuchó, les corrigió, les aconsejó y finalmente todos superaron sus crisis.

Aspectos espirituales

Sin pretensiones de adentrarnos en dimensiones teológicas y escatológicas relativas a los postreros días de la historia de la humanidad, creemos que la mayoría estaríamos de acuerdo en que los tiempos difíciles para la vida sobre la Tierra fueron anticipados por Cristo. 

No todo lo referido por Jesús en el capítulo 24 del evangelio de Mateo ya se ha configurado, como por ejemplo la irrupción del anticristo, pero sí creemos que el escenario se está preparando y la maldad del corazón humano viene en aumento, la fe de algunos se está enfriando, se está volviendo muy complicado criar hijos en la cultura actual, ha crecido la violencia, la persecución a cristianos, la negación de la verdad.

La población del planeta experimenta las dolorosas consecuencias de rupturas familiares, problemas en el trabajo, infelicidad en las relaciones, baja autoestima.

Desde el punto de vista del hombre natural, todo ello justifica los altos niveles de angustia, ansiedad y temor que atormentan el alma humana y para los cuales la psiquiatría echa mano a la oferta de fármacos.

Según el Dr. Davies, “al sedar a las personas sobre las causas y soluciones de su angustia socialmente arraigada… (se) las ha distraído acerca de los verdaderos orígenes de su desesperación.” Dios siempre convoca al ser humano a la reflexión pero una sociedad “sedada” no reflexiona ni logra encontrar salidas. 

La interpretación bio-psiquiátrica del sufrimiento emocional del ser humano no coincide con la mirada divina al respecto. Ante la respuesta dolorosa frente a las dificultades de la vida, la industria farmacéutica plantea recursos anestésicos que no aportan soluciones reales pero son rentables a sus bolsillos. Tener angustia emocional o un malestar psicológico, no equivale a estar en desorden o enfermo, opina Davies. Para tales casos,  el autor prescribiría psicoterapia individual o lectura de libros. ¿Por qué no una lectura guiada de la Biblia?

¿Estar angustiado, ansioso, estresado o sentir culpa, equivale a estar enfermo o se trata más bien de respuestas humanas ante acontecimientos vitales? Quien entienda la naturaleza del hombre y su mundo interior (alma, espíritu) se afiliará a la segunda opción, pero la primera es la creencia que se viene arraigando cada vez más en el tejido social.

La angustia, la ansiedad, la culpa, el miedo, la depresión, la dificultad para perdonar, son algunos de los muchos estados subjetivos que experimentamos por el sólo hecho de estar vivos. Aún el insomnio se explica por estados emocionales adversos que demandan una resolución. Sólo cuando constituyen una amenaza a la vida misma de quien los padece requieren ser abordados con medicación y/o internación.

Algunas capsulas medicinales de Dios para los espíritus atribulados en estos tiempos difíciles son las siguientes:

  • “La paz les dejo, mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.” (Juan 14:27)
  • “La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4: 7)
  • “En paz me acuesto y me duermo, porque solo Tú Señor me haces vivir confiado.” (Salmos 4: 8)
  • “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?” (Romanos 8: 31)

Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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