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Lectura: 2 Reyes 5:1 – 27

“Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.” v.8

Muchas veces me he sentido el personaje central de la película, sin darme cuenta que Dios estaba detrás de mí, esperando poder entrar en escena y recibir los aplausos. Mi vanagloria obstaculizaba la obra de Dios. El profeta Eliseo nos da un ejemplo de lo contrario.

Naamán, general del ejército de Siria, llegó al rey de Israel, porque una niña judía prisionera había hablado de un profeta que lo podría curar de su lepra. El profeta Eliseo, por su parte, le mandó un mensaje al rey pidiendo por Naamán para que este hombre se dé cuenta de que “hay profeta en Israel” (v.8).

Grande fue la indignación de Naamán cuando el profeta se limitó a enviar a su siervo a decirle que se sumerja 7 veces en el río Jordán. Eliseo quiso enseñarle que la obra salvadora de Dios no depende de méritos del que la recibe (Naamán) ni de la persona que la transmite (Eliseo).

El poder de Dios no sería más grande con una ceremonia impresionante de Eliseo. No se trataba de Eliseo; se trataba de Dios. Se requería fe para cumplir la orden de Dios. Si el profeta le hubiera dicho que se fuera al hospital más renombrado, él no hubiera necesitado fe, porque esta acción cabría en su lógica humana. Pero Dios muchas veces no se guía por la lógica, sino por su plan soberano. Sus órdenes sólo se obedecen. El orgullo casi le costó la sanidad a Naamán, pero cuando finalmente obedeció las instrucciones del profeta, el milagro ocurrió.

Marvin Dück, Paraguay

Puedo ser el canal o el obstáculo para la obra de Dios en otros

Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 20, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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