Habitación de la ira

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Por: Ps. Graciela Gares

Parte 1:

Parte 2:

La ira es una emoción humana poderosa y puede constituirse un impulso quizá de los más destructivos si está fuera de control. Siempre ha sido un dilema para el ser humano cómo manejarla, contenerla, darle rienda suelta o expresarla de modo constructivo.

No poseemos un conocimiento innato sobre como “gerenciarla”. Debemos aprender y este aprendizaje está entre otros desafíos del crecimiento humano. Forma parte del portafolio de herramientas que todo núcleo familiar debe aportar a sus descendientes. En la infancia se aprende a manejar esta emoción, reconociéndola, llamándola por su nombre y decidiendo qué hacer con ella.

En esta post modernidad, en sociedades donde el mercado ofrece cualquier tipo de servicios, ha surgido una propuesta sin precedentes, que es en algunos aspectos al menos cuestionable: la oferta de canalizar esa emoción a través de las “habitaciones de la ira”, “salas del enojo” o Break club, promocionadas como “el mejor lugar para llorar, gritar y romperlo todo”.

Curiosamente, en diversas ciudades del mundo, esta propuesta surgió luego de la pandemia, apuntando a canalizar la frustración resultante del confinamiento obligatorio y del estrés provocado por el momento dramático vivido por la humanidad. La oferta de servicios está orientada a todo público, pero naturalmente ha captado mayormente la atención juvenil, aparentemente por ser un público más propenso a dejarse llevar por la rabia y descargarla destrozando objetos. Existen “Salas de Ira” en Estados Unidos, España, Perú, Colombia, Argentina, Chile, México y muchos otros países.

En el libro de Agustín Laje, “Generación idiota”, este escritor hace mención a que la forma de pensar o mentalidad adolescente domina cultural e ideológicamente nuestro siglo XXI. El “adolescentrismo gobierna el mundo,” afirma Laje. Y una de las características de la adolescencia es el precario control de impulsos, la impulsividad. Quizá por ello el enojo cobra más fuerza e intensidad en las personas más jóvenes.

En las “Habitaciones de la ira”, las “Anger rooms”, acondicionadas para descargar esta emoción, se ofrece, a cambio de un pago y un horario a acordar, la posibilidad de desagotar la crispación nerviosa destruyendo botellas, computadoras, televisores, impresoras, platos, muebles u otros objetos que la persona elija. Quien brinda el servicio, provee también equipos de protección para que el cliente no se lastime: casco, gafas, guantes, calzado de seguridad, etc. La habitación suele ambientarse con música.

Los motivos invocados para concretar esa actividad por parte de los demandantes del servicio son variados: haber tenido un mal día con un mal jefe, una mala relación con sus padres, desengaños amorosos, estar viviendo un período de estrés prolongado o cualquier otra frustración personal.

Las “habitaciones de la ira” se han multiplicado en distintos países como un desahogo catártico para una población estresada y/o frustrada. El público mayoritario es femenino, aunque los varones también se hacen presentes. La experiencia se vive individual o en compañía de amigos o parejas.

En suma, el mercado ha transformado en un negocio el alivio temporal del estrés.

¿Qué tan efectiva es la experiencia?

El psicólogo clínico estadounidense George M. Slavich, director del Laboratorio para la Investigación del Estrés, lo expresa así: “aunque es atractivo pensar que expresar el enojo puede reducir el estrés, no hay mucha evidencia de eso. Por el contrario, los tipos de respuestas psicológica e inmunológica que ocurren durante el enojo realmente pueden ser perjudiciales para la salud.”

De hecho, quienes concurren a las salas de enojo para hacer su catarsis destruyendo cosas, necesitan antes de retirarse del lugar un tiempo de auto-recuperación donde se sientan, beben algún refresco y estabilizan su organismo ya que la sesión de descarga es vivida por muchos como demoledora y agotadora, aunque la consideren gratificante por la adrenalina que libera. Sabemos que airarnos aumenta la presión arterial, el ritmo cardíaco y respiratorio, a la vez que anula la parte más lógica y congruente del cerebro.

Si bien la propuesta parece lúdica y novedosa, no podemos sustraernos al análisis filosófico de la misma, donde las frustraciones de la vida cotidiana se enfrentan a golpes con barras de hierro o bates de béisbol. Lamentamos decir que la propuesta de “habitaciones de la ira” que se disemina por el mundo, representa el peligro de naturalizar estas expresiones de inmadurez emocional, que constituyen respuestas muy primitivas frente a lo que no nos gusta o nos molesta. Hay coincidencia en que no tienen un carácter terapéutico, ya que no resuelven el problema de origen.

Definiendo la ira, digamos que es la emoción y sentir de indignación que emerge cuando una persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración o que le resultan adversas.

¿Cuál es la función de la ira?

La ira es una respuesta funcional y adaptativa del ser humano frente a casos que uno percibe como injustos o de vulneración de derechos. Es muy útil cuando nos mueve a poner límites y/o corregir lo que está mal. Pero debe ser una emoción auto-limitada, es decir que no dure más de lo necesario para reparar la situación anómala. Si se extiende por horas se vuelve patológica y nociva para el cerebro y el sistema cardiovascular, afirman expertos. Inflama órganos internos y aumenta la vulnerabilidad a enfermar ya que debilita el sistema inmune.

La ira puede ser legítima

La Biblia relata la historia del profeta Jonás, enviado por Dios para advertir a sus enemigos que de no cambiar su conducta pecadora serían destruidos. Los pecadores se arrepintieron y Dios les perdonó, lo cual generó gran enojo y frustración en el profeta. La pregunta de Dios a Jonás no parece cuestionar el enojo en sí mismo, sino la intensidad y el motivo del mismo. ¿Le molestaba a Jonás que su Dios fuera misericordioso con sus enemigos? “¿Tienes razón de enfurecerte tanto? ¿Te parece bien enojarte por esto? ¿Así que estás muy enojado? ¿Te parece bien enojarte así?”, dicen las distintas traducciones de Jonás 4: 4.

Nuestra ira puede ser injusta si contraviene principios divinos. El consejo sabio en tal caso es: “deja la ira y depón el enojo” (Salmo 37: 8).

El enojo y la frustración, cuando son legítimos y justificados, enseñan y constituyen energía útil para el cambio, por tanto no deben derrocharse. A veces nos están avisando que debemos poner fin a una relación que no nos bendice, que debemos alejarnos de un ámbito laboral de explotación, o que existe violencia en un vínculo y debemos protegernos y denunciar. El enojo no confesado podría conducir a una depresión.

La ira no debe ser apresurada. “No te enojes con facilidad, porque enojarse es una tontería,” acota el sabio en Eclesiastés 7: 9.

Dios se presenta a sí mismo como un Ser lento para enojarse: “El Señor es misericordioso y clemente; es lento para la ira, y grande en misericordia. No nos reprende todo el tiempo, ni tampoco para siempre nos guarda rencor.” (Salmos 103: 8 – 9). Se nos recomienda imitar esa cualidad divina: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.” (Proverbios 14: 29)

El enojo debe ser auto-limitado; controlado. Entre sus normas para la vida, el texto bíblico nunca recomienda dar rienda suelta al enojo. Nos insta, en cambio, a retrasarlo y dominarlo. Tampoco se nos prohíbe enojarnos: “enójense pero no pequen”, decía el apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso. (Efesios 4:26)

Con sabiduría la Biblia aconseja no dejarnos llevar por la ira: “El sabio domina su enojo; el tonto no controla su violencia.” Proverbios 14: 29. “…El que es prudente controla sus impulsos” Proverbios 17: 27. “No permitan que la ira los haga cometer pecados; que la noche no los sorprenda enojados” (Efesios 4: 26).

Ira y dominio propio deben ir juntos. Proverbios 16:32 afirma que “más vale tener control propio que conquistar una ciudad.” ¡Vaya si necesitamos control propio para dominar la fuerza de la ira!

Cuando permitimos que el Espíritu de Dios gobierne en nuestras vidas, el dominio propio llega como uno de sus frutos (Gálatas 5:22).

Ps. Graciela Gares Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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