¿Por qué? Cuando cuestionamos a Dios

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“¿Por qué permite Dios que esto me pase?” ¿Es eso lo que Ud. está preguntando hoy? Permítame decir esto, y, por favor, no vamos a divulgarlo. Yo no lo sé. Honestamente, yo no lo sé.

Me alojé en un motel en Siloam Springs, Arkansas, que queda casi en la frontera con Oklahoma. Ya que quedaba tan cerca, mi esposa y yo fuimos allí y manejamos por varias millas en Oklahoma a donde está enterrado mi padre.

Casi nunca voy allí sin estar un poco nostálgico. Pensando en este mensaje, recordé cuando yo tenía catorce años, parado al lado de la nueva sepultura de mi papá, quien fue matado en un accidente con una desmotadora de algodón. Mientras estaba parado allí, clamé y dije: ¿“Por qué, oh Dios, te lo llevaste? ¿Por qué esto me pasó a mí”?

El tiempo ha pasado, y hoy quizá tengo una respuesta para eso. Creo que fue el método de Dios de tratar con un muchacho que de otra manera jamás habría entrado en el ministerio. Más tarde en mi vida, me paré delante de un pequeño ataúd blanco con el cuerpo de mi primera hijita y le hice la misma pregunta a Dios: “¿Por qué dejaste que esto me pasara?” Hasta este día no tengo la respuesta.

Pero yo quiero decirle esto a Ud. – yo he ido a mi atalaya (como Habacuc), y esperaré. Estoy confiando en el que tiene la respuesta. Él ha asegurado mi corazón diciendo: “Solo mete tu mano en la Mía y anda conmigo por la oscuridad, y Yo te daré las respuestas cuando sea tiempo.”

No sé en cuanto a Ud. pero yo estoy confiando. La Palabra de Dios dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6) El justo por su fe vivirá, amado.

Habacuc recibió su respuesta. Dios le llevó a la atalaya, y Habacuc, pensando que Dios no hacía nada, encontró que Él hacía mucho. Y entonces Habacuc oró:

Oh, Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia. (Habacuc 3:2)

Habacuc se revierte y dice: “He oído Tu habla, y tengo miedo.” ¿De qué tiene miedo? Bueno, él había pensado que Dios no hacía nada. ¡Ahora tiene miedo de que el Señor esté haciendo demasiado!

Él dice: “Señor, yo pensaba que no hacías nada, pero veo ahora que estás moviendo en juicio. Y ya que es así, recuerda de ser misericordioso hasta a los caldeos, y sé misericordioso para con Tu pueblo.”

Antes, Habacuc había estado pidiendo fuego del cielo no solo sobre su propia nación que había dejado a Dios, sino también sobre los caldeos. Ahora él está diciendo: “Señor, no olvides de ser misericordioso.”

Hoy sí parece como que Dios no está haciendo nada, pero si Ud. y yo pudiéramos ascender a la atalaya de Habacuc, si pudiéramos aprender que el justo por su fe vivirá, si pudiéramos tener una fe viva en Dios y ver lo que está ocurriendo tras bastidores y ver las ruedas que están dando vueltas, creo que estaríamos tan sorprendidos como este hombre Habacuc.

Dios tiene la respuesta a su problema.¿Tú o alguien que conoces está pasando por la angustia de perder a un hijo, ya sea pequeño o mayor? El Dr. McGee tiene un hermoso mensaje de consuelo y esperanza llamado “La muerte de un niño”, que escribió después de la muerte de su propia hija. HAZ CLIC AQUÍ para descargarlo y compartirlo con otros.

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CONSIDÉRALO

En vez de preguntar ¿Por qué? Pregunta ¿Qué?  

Cuando sientas la tentación de preguntar a Dios: “¿Por qué? (¿Por qué yo? ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué permites esto?)”, pregunta en su lugar: “¿Qué?”

    ¿Qué quieres que yo aprenda en esta prueba?

    ¿Qué podrías estar haciendo entre bastidores?

    ¿Qué respuesta quieres de mí?

Como Jesús en el huerto de Getsemaní – la noche más difícil de su vida – dile al Señor: “Quiero lo que Tú quieres para mí”.

Este tipo de fe, este tipo de sumisión al camino de Dios, produce una humildad y abre la puerta para que Dios haga algo sobrenatural en nosotros.

Medita en estos versículos: Juan 11; Romanos 5:1-5; Filipenses 1:3-6

J. Vernon McGee

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