El hipócrita y el renegado

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LECTURA: LUCAS 18:9 – 14

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola.” v.9

Cada época tiene sus males; delincuencia, inseguridad, vandalismo, consumo de drogas, corrupción. Cada nación tiene sus leyes; y tiene a quienes se esfuerzan por cumplirlas, y a quienes avasallan leyes y personas, por perseguir sus propios y mezquinos intereses. Cada grupo humano tiene sus tipos de personas; unos interesados en el bienestar común y en mejorar la vida de los demás, y otros dedicados a satisfacer sus apetitos, y lograr sus objetivos personales.

En los tiempos de Jesús había muchos males. Dos de ellos están retratados en el relato conocido como la parábola del fariseo y el publicano. Esta parábola vio la luz, cuando el Señor percibió entre su público personas que “confiaban en sí mismos como justos”. Es decir, eran buenas personas, a sus propios ojos; se creían mejores que los demás, más religiosos, más honrados, más decentes. Estos están representados por el fariseo; los fariseos eran religiosos, estrictos cumplidores de los preceptos de su fe. El otro personaje es el publicano; un renegado, traidor a su patria por cobrar impuestos para Roma, despreciado y odiado. El fariseo agradecía por no ser malo como los otros, pues cumplía con su religión. El publicano se sabía indigno, aceptaba su indignidad, se humillaba y pedía perdón. Jesús, categóricamente, indicó que el publicano se fue a su casa justificado; es decir, en paz con Dios.

Demos prioridad a un corazón arrepentido y humillado ante Dios, antes que al cumplimiento de los mandamientos y preceptos de la religión; luego, esos preceptos se cumplirán solos en nuestra vida.

Álvaro Pandiani, Uruguay

¿Hipocresía religiosa o fe humilde y sincera?



Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 21. Para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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