Invierno demográfico

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Por: Ps. Graciela Gares

Parte 1:

Parte 2:

Actualmente en Uruguay mueren más personas de las que nacen. Los datos preliminares del Censo de Población realizado en el transcurso de este año 2023, señalan que el crecimiento poblacional del país está detenido desde hace décadas y de no ser por el aporte migratorio, estaríamos hablando de una disminución peligrosa en la cifra de habitantes de nuestro país.

En más de una década, – desde el anterior Censo realizado en 2011 -, la población uruguaya apenas se incrementó en 1 %, estimándose en la actualidad en 3:444.263 personas, lo que se interpreta como un crecimiento natural casi nulo o un estancamiento. Se considera que sin la población extranjera llegada al país (especialmente venezolanos, cubanos) habríamos tenido un crecimiento negativo (menor población que en 2011).

De cara al futuro el panorama no es alentador. “Uruguay es un país donde el crecimiento poblacional ya casi va a dejar de existir” afirmó el demógrafo e investigador del Programa de Población de la Universidad de la República, Ignacio Pardo, según nota de prensa. Estas no son buenas noticias y nos remiten al concepto de “Invierno demográfico” y lo que ello implica.

El teólogo y sacerdote belga Michel Schooyans denominó “invierno demográfico” a la situación poblacional que ocurre cuando la tasa de natalidad desciende por debajo de la tasa de mortalidad, generando un envejecimiento poblacional y descenso demográfico. El demógrafo boliviano Mario Rojas, quien visitó Uruguay en 2011, vaticinó en aquella ocasión que Uruguay iba por el camino que ya transitaba Japón, con un promedio alto de edad en sus habitantes, una población activa reducida, alto número de personas de la llamada “tercera edad” que generan alta demanda de gastos geriátricos, en lo que definió como un país debilitado, que puede llegar a vivir situaciones dramáticas.

El invierno demográfico impactará en la actividad económica del país al descender la fuerza laboral, demandará incremento de programas de seguridad social (al haber más beneficiarios demandantes que aportantes), aumentando por ende el gasto público. Ello encierra el potencial para una crisis de sostenibilidad económica intergeneracional, que en alguna medida ya la estamos viviendo. A menudo nos inquietan las noticias sobre la probable incapacidad del Banco de Previsión Social para afrontar a futuro el pago de jubilaciones y pensiones a uruguayos que trabajaron toda su vida para tener una vejez digna y sin penurias económicas. A ello se suman las crisis en Cajas de Jubilaciones de diversos gremios, como la Caja Bancaria o la Militar y demandas de reformas e inversión de dineros públicos para paliar tal situación.

Si analizamos las causales del “invierno demográfico” uruguayo, tendríamos que pensar en la baja tasa de natalidad, abortos y emigración de compatriotas.

NATALIDAD BAJA

La caída en los nacimientos está altamente vinculada a un cambio cultural, que ha llevado a privilegiar el bienestar económico y la realización personal (académica y de proyectos de vida) por sobre el desarrollo familiar. En las sociedades actuales, más urbanas, la descendencia no se ve favorecida ni valorada. A ello debemos sumar las maternidades postergadas o tardías y el bajo número de hijos por pareja, en caso que deseen tenerlos.

ABORTOS

A 10 años de la legalización del aborto en Uruguay algunos estiman que la pérdida poblacional por estos crímenes se acercaría a los 100.000 individuos. El aborto sigue produciendo estragos en la población uruguaya, pero los Censos eluden considerar del tema y evaluarlo.

Y al hablar de estragos no sólo nos referimos a las cifras que testimonian el descenso poblacional. No nos cansaremos de señalar el daño emocional que afecta a todos los involucrados en la masacre de bebés en el útero materno: las propias mamás, las parejas que indujeron o dieron su consentimiento, y todos los técnicos que participaron del procedimiento (médicos, enfermeros, anestesistas, etc.).

Y no tengamos en poco las consecuencias espirituales que para las sociedades acarrean estos crímenes. En su libro “Que nos está dejando la Ley de Aborto No. 18.987”, sus autoras Boyadji, De Luca y Aloise (2021) señalan que la violencia intrauterina desata violencia social. Por efecto boomerang, la violencia causada a los bebés no nacidos, se vuelve sobre los uruguayos bajo las formas de epidemia de depresión, alto número de intentos de auto-eliminación, infertilidad, culpas, alcoholismo, desvalorización de la vida propia, ruptura de la pareja y violencia social.

Las madres que deciden poner fin violentamente a la gestación, experimentan luego auto-reproches, pensamientos angustiantes (en cada aniversario de esa fecha), desasosiego, insomnio, temores, desórdenes en la alimentación, alcoholismo u otras drogas, riesgo de psicosis post aborto o fantasías persecutorias. Los varones no quedan excluidos de este banquete de consecuencias negativas disparado por el crimen de matar a un niño/a recién gestado: aunque no lo confiesen, a muchos les duele la paternidad frustrada, se culpan en silencio por su irresponsabilidad sexual y no saben cómo acompañar a sus parejas en este trance.

Se cumple el axioma bíblico que dice: “sabed que os alcanzará vuestro pecado” (Números 32: 23). “Todo lo que el ser humano sembrare, eso también segará” (Gálatas 6: 7).

Nada más contrario al plan de Dios que el descenso demográfico. Dios creó al ser humano –varón y mujer-, a imagen y semejanza suya y los bendijo con las siguientes palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella” (Génesis 1: 28). Luego del diluvio, “Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra” (Génesis 9: 7). “Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte… son como flechas en manos de un guerrero” (Salmos 127: 3 – 5).

En la nación israelita, -el pueblo terrenal elegido por Dios-, con un territorio con superficie similar a nuestro departamento de Tacuarembó, habitan más de 9 millones de habitantes, y tienen un crecimiento anual superior al 1 %, con un promedio de 3 hijos por mujer, una de las tasas de natalidad más altas del mundo. Y ello no les acarrea pobreza, sino que muy al contrario, son un país económicamente próspero y muy desarrollado. Con un promedio de edad muy bajo en su población, un muy alto potencial tecnológico, buen nivel educativo (88 % de adultos entre 25 y 64 años finalizaron educación media superior), gran fuerza laboral y para la guerra. La esperanza de vida al nacer allí supera los 80 años.

Esta comparación permite concluir que cuando un país es gobernado según los principios de Dios, el crecimiento poblacional irá acompañado de mayor riqueza y bienestar. Todo ejemplo de países pobres y densamente poblados nos lleva a pensar en un escaso desarrollo del potencial de sus habitantes y la acumulación de riquezas en manos quizá de unos pocos, habilitado por mucha corrupción estatal.

EMIGRACIÓN

En cuanto a la salida del país por parte de uruguayos, el Instituto Nacional de Estadísticas no divulga cifras pero quienes estudian el fenómeno opinan que los uruguayos se siguen yendo. La cantidad de personas que dejaron el país en los últimos 12 años fueron, al menos, 100.000. “El uruguayo tiene como un componente estructural de querer irse en algún momento. Eso también genera un flujo que no se compensa aunque vengan inmigrantes”, analizó la demógrafa Mariana Paredes, entrevistada en un programa periodístico radial.

Concluimos que nuestra nación uruguaya ha errado el camino para su desarrollo y prosperidad. Ni el aborto, ni la baja natalidad nos posicionarán como un país próspero, sino que al contrario, muchos jóvenes seguirán pensando en emigrar para desarrollarse y obtener provecho del potencial que Dios les ha dado, lejos de nuestras fronteras. Décadas de gobiernos con pensamiento ateo, agnóstico y prescindente de Dios nos han llevado a un estancamiento poblacional, con pobreza que no logra ser erradicada, con un coste de vida altísimo para sus habitantes y creciente violencia en los barrios.

De cara a un nuevo año, en el que deberemos elegir nuevos gobernantes, sería bueno pensar en aspirantes con temor a Dios y que se sometan al Creador cuando pretendan dictar leyes para la población y gobernar el país. Que como el rey Salomón, dejando atrás su soberbia y conocimiento humano, pidan a Dios la sabiduría divina para gobernar nuestra nación. “Yo te ruego que des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? (1 Reyes 3: 9)

 “Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición. Y Dios le dijo: —Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos, sino discernimiento para administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después.” (1 Reyes 3 10 – 12)

El crecimiento poblacional es una bendición del Creador. Luego que Dios probó la fe de Abraham, le prometió: “juro por mi nombre que  ciertamente te bendeciré. Multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable, como las estrellas del cielo y la arena a la orilla del mar” (Génesis 22: 16 – 17). Siglos más tarde, renovó Dios su propósito diciendo a través del profeta Jeremías: “los multiplicaré y no disminuirán, los honraré y no serán menospreciados” (Jeremías 30: 19).

¡Quiera Dios que algún día pueblo y gobierno uruguayo anhelen esta gracia de Dios!

Ps. Graciela Gares Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 h

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